
Franco Battiato: «Quienes no aman no deben oír mi música»
El cantante italiano, que acaba de presentar su nuevo disco 'Il vuoto', ha enamorado a las vanguardias musicales y al gran público con su estilo ecléctico
«No, no tengo una personalidad contradictoria». El cantante italiano Franco Battiato se sorprende de que alguien pueda albergar esta sospecha. Abre mucho los ojos y se muestra perplejo, como si la idea fuese una ocurrencia peregrina. Da igual que se le recuerde que ha saltado de la horterada más pura -cantando en verbenas, entonando con entrega 'Cucurrucú paloma' y compitiendo en Eurovisión- a la vanguardia más excéntrica, en incursiones que le han valido ardorosas alabanzas de visionarios de la música contemporánea como Stockhausen. Tampoco le parece exótico haber militado en el Partido Radical para después entregarse al misticismo sufí. Ni considera chocante compaginar su vida de ermitaño en una idílica villa siciliana con conciertos multitudinarios. La semana pasada, hizo un alto en su monacal existencia -con sus gafas de pasta y sus camisas abrochadas hasta el último botón, parece un figurín de moda vaticana- para presentar en España su último disco 'Il vuoto' ('El vacío').
Cuando otros artistas sacan disco, está claro que buscan el éxito. Pero, ¿qué le mueve a usted, que tanto ha despotricado contra el triunfo?
La música que hago mira a la organización del ser. Quienes no aman no deben escuchar mi música.
¿Qué lugar ocupa la fama en su vida?
He vendido muchos discos con un tipo de música que no era comercial. En mi repertorio hay canciones como 'Yo quiero verte danzar', 'Centro de gravedad' o 'La era del jabalí blanco' que tienen un ritmo y una melodía muy fácil, pero también he hecho discos difíciles que han vendido mucho, mucho.
¿Y por qué da esos bandazos?
Me gusta cambiar.
¿Y descolocar?
Me parece increíble que la gente quiera siempre lo mismo, que busque autoconfirmarse. No es que pretenda descolocar a nadie, pero detesto los lugares comunes.
¿Le gusta que le desconcierten?
A mí no me desconcierta nada. Soy abierto, las cosas pueden gustarme o no, pero no tengo prejuicios.
Si hubiese querido, ¿habría podido mantener aquel 'boom' de los 80? ¿Dejó de triunfar adrede?
No lo sé... El éxito no es una cosa importante para mí. Sí lo fue cuando yo era joven: entonces trabajaba para conseguirlo, pero ahora sólo quiero hacer lo que me gusta, porque ese 'boom' también estuvo a punto de destrozarme. Ahora me siguen los que me aman.
¿Cómo se puede llegar a superventas con letras filosóficas e ir a un festival tan hortera como Eurovisión? ¿No se sintió fuera de lugar?
Completamente. Para mí era como una broma, como una vacación.
¿Volvería para repetir la broma?
Con una vez basta, once in a lifetime, ja, ja, ja.
¿Se siente contradictorio?
¿Noooooo! Siempre he seguido la misma vía...
Usted se ha definido alguna vez como «proletario de espíritu». ¿El dinero no le vuelve a uno amnésico sobre sus orígenes?
Puede ocurrir, pero no es mi caso.
¿Qué opinaba su familia, a la que supongo siciliana y tradicional, cuando empezó en la música?
Mi padre estaba en contra, quería que estudiase. Mi madre, en cambio, estaba de mi parte, creía en mis posibilidades. Eso sí, todo cambia cuando uno triunfa
¿La élite cultural sigue siendo terreno de gente con dinero?
No se puede generalizar. En la escuela no se aprende nada, mi cultura la he adquirido fuera, comprando libros que me gustaban, como una necesidad interior. Hace unos 20 años me encontré con mi maestra de Primaria y me dijo que, en una redacción de Lengua, me limité a escribir: «¿Quién soy yo?».
¿Ya lo ha descubierto?
Ja, ja, ja, ¿Lo sigo intentando!
¿Qué música se escuchaba en su casa?
Mi familia, como le digo, era obrera y oía música popular italiana, sobre todo napolitana. A mí me gustaba todo aquello, la vida sencilla, las canciones muy básicas.
¿La sociedad ha perdido esa inocencia?
Yo creo que las cosas son más difíciles hoy. Todo el mundo se ha vuelto infantil, superficial, con sus teléfonos móviles...
Incursión en política
Usted participó en política...
¿Cuándo? ¿No me acuerdo, je, je...!
Sí, sí, lo hizo: ¿qué recuerdo le ha dejado aquella experiencia?
Marco Panella (líder histórico del Partido Radical) era una persona que conocía y me animó, pero aún me pregunto por qué lo hice. Fue una experiencia totalmente inútil.
Italia parece sumida estos días en un periodo de reflexión sobre la moralidad de la clase política con el Vaffanculo Day (Día de vete a tomar por culo), una iniciativa que dedica esa lindeza a los políticos. Y también está el libro 'La casta', que revela sus desmanes. ¿Cómo está viviendo usted esta 'rebelión'?
Es un momento difícil. Los italianos son individualistas y ya es hora de que se pongan a hacer política pensando en la colectividad.
¿A quién diría usted 'vaffanculo'?
A toda la derecha italiana, sin ninguna excepción.
En 'La casta' los políticos aparecen como una nueva Mafia. ¿Le parece a usted así?
Sí. Nosotros pagamos los impuestos, los políticos toman el dinero de ahí y se comportan como reyes. Es increíble, se creen los patrones del pueblo.
Unamuno dijo una vez que le dolía España y usted ha cantado 'Povera patria' ('Pobre patria'). ¿A usted le duele su país?
Sí, me duele la adhesión de muchos italianos a las mentiras de los políticos.
¿Por eso se ha creado su refugio junto al Etna?
No exactamente. Aunque la sociedad fuese maravillosa, yo preferiría el silencio y la paz de mi casa.
SOLANGE VÁZQUEZ