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| Conan Doyle y las Olimpiadas.pdf | 415.59 KB |
Esta es la foto que mitifica la ayuda de Sir Arthur al pastelero Dorando Pietri
Arthur Conan Doyle y el pastelero Pietri
El creador de Sherlock Holmes, periodista en los juegos de Londres de 1908, propuso doblegar a los yanquis con un equipo británico que incluyera a malayos e hindúes
El espíritu olímpico reina por tercera vez en el Reino Unido, el país que inventó el ‘sport’ en los colegios, el amateurismo aristocrático y el ‘fair play’. No es de extrañar que los juegos de Londres de 1908, los primeros que se celebraron en la ciudad, estuvieran marcados por el recelo británico ante el tufillo a profesionalismo y dóping que despedían los estadounidenses. La rivalidad entre las dos potencias, una en decadencia y la otra emergente, se puso de manifiesto desde la ceremonia de inauguración, en la que por primera vez las delegaciones desfilaban detrás de sus banderas. Los organizadores olvidaron desplegar las barras y estrellas junto a las demás enseñas. Y el abanderado yanqui se negó a rendir pleitesía a Eduardo VII, alegando que «la bandera no se inclina ni ante un rey».
La pugna angloestadounidense -recogida en el libro ‘Citius, altius, fortius’, de Federico Corriente y Jorge Montero- no cesó con la competición deportiva. Los atletas norteamericanos regresaron a Nueva York con un león encadenado que simbolizaba el Imperio Británico domesticado. De tal guisa fueron recibidos en el Ayuntamiento, hiriendo el orgullo al otro lado del Atlántico, y en particular el del escritor Arthur Conan Doyle. El creador de Sherlock Holmes pidió que el Reino Unido compitiera en el futuro con lo más selecto de sus colonias para doblegar «a los pieles rojas, negros y salvajes de todas las categorías» que habían acudido a Londres bajo el pabellón de Estados Unidos.
«No tuvo reparos -recuerdan Corriente y Montero- en proponer la incorporación al equipo imperial británico de luchadores de las antípodas, corredores hindúes y nadadores cingaleses o malayos». La sugerencia tenía miga, porque el Comité Olímpico Internacional había prohibido a los dominios británicos competir en 1908 como entidades independientes, mientras que sí lo hicieron Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda. Pero en aquellos tiempos lo que molestaba en Londres era la ex colonia yanqui, hasta el punto de que Conan Doyle presidió una entidad fundada en 1910 para contrarrestar la hegemonía de Estados Unidos y de los países nórdicos en algunas especialidades atléticas (English Amateur Field Events Association). También le encargaron organizar el equipo olímpico de su país para los juegos de 1916, pero no se celebraron a causa de la Primera Guerra Mundial.
De todos modos, el escritor no ha pasado a la historia olímpica por su afán revanchista tras los primeros juegos londinenses. La leyenda del deporte lo incluye entre las personas que ayudaron al pastelero italiano Dorando Pietri a llegar el primero en la prueba de maratón de 1908, motivo por el que el atleta fue descalificado. El propio Conan Doyle, que había sido contratado por el ‘Daily Mail’ para escribir sobre la carrera, la primera que se corría sobre la distancia actual, ofreció su versión de lo sucedido: «... entonces (Pietri) volvió a colapsar y algunas manos impidieron que la caída fuera peor. Eso fue a un par de metros de mi asiento. Alcanzo a ver el rosto amarillo, demacrado, sus ojos vidriosos y el pelo lacio cruzándole la frente». ¿Serían los efectos de una sustancia dopante? Interesante cuestión para Sherlock Holmes.
La reina Alexandra entregó a Pietri una réplica de la copa del vencedor. Y Doyle encabezó una colecta para compensar al pastelero por su «espléndido esfuerzo en el estadio corriendo a pulgadas de su vida». Con las 3.000 libras recaudadas, Pietri abrió una panadería en su pueblo, Correggio.
JAVIER MUÑOZ
