Flores para el poeta (a 33 años de su partida)

Enviado por maestresala el Sáb, 30/06/2012 - 21:39

Queridos amigos,

 

 

Ayer se cumplieron treinta y tres años de la muerte de Blas de Otero y algunos sentimentales nos congregamos alrededor del busto del poeta a dedicarle un homenaje justo y sentido y hasta un poco floral. Eran blancas, alguien me dijo que siempre hay que regalar flores rojas porque simbolizan la pasión y por tanto se alejan de la indiferencia que puebla nuestro mundo. Allí, en la calle Egaña las flores eran blancas , acaso por la pureza de su poesía también pasional.

Muchas damas bañadas de experiencia, pocos hombres tocados en blanco o en brillo. Se recitaron poemas del poeta, algunos dramatizados, otros interiorizados, los menos ajenos. Vi lagrimas furtivas y todo terminó en loor de brevedad con una fotografía de grupo en la que me atreví a asomar la cabeza y hasta una media sonrisa casi sincera. No vi autoridades ni nada parecido, acaso Marino compañero y guasón.

Escuché algunos poemas que no conocía (la mayor parte pasaron por nuestra tertulia dedicada a Blas) y me agradaron, en especial uno sobre una lamina de amor pintada un día olvidado. Agradecí en especial uno, memorizado, muy conocido y representativo del poeta que no deja de sorprenderme cada vez. Lo recitó un hombre embigotado, rojo de iris y de emoción desbordante, doliente como el verso casi precisaba. Lo conocéis bien:

 

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser -y no ser- eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

 

Todos suplicamos en la vida y casi no hacemos otra cosa, no queremos hacer otra cosa. Horror a manos llenas.

Quiero adjuntaros la foto del busto del poeta florado en blanco del que una de las damas expertas, las mas alta y más pizpireta, se atrevió a elogiar su belleza física y a lamentarse de no haberle conocido bíblicamente.

Vuestro

J.