
Sócrates murió por ser fiel a sus ideas. Sus últimos momentos sobre cómo afrontó la muerte, están recogidos en el Fedón. Aquí Platón nos ofrece una serie de reflexiones en boca de su maestro, que llegan a tener una gran profundidad, como el momento en que se refiere al alma inmortal que precisa de cuidados para no exponerse a "un grave peligro. Porque si la muerte fuera la liberación absoluta, representaría para los malos una enorme suerte verse libres tanto del cuerpo y de su maldad, como de su propia alma. Ahora bien, si se prueba que el alma es inmortal, (...) no hay para ella otra salida que lograr la máxima perfección posible en lo que respecta a su conducta moral y su deber".
Platón escribe que solo con una mirada filosófica desde un nivel de conocimiento en el que se haya entendido qué es lo que significa trascender, se puede enfrentar y aceptar la muerte; y lo escribe con la intensidad que corresponde a la impresión que le produjo en su discípulo la actitud del maestro ante la injusticia que le sobrevino en su final.
Este diálogo fue escrito en la etapa de su madurez expresando la enorme trascendencia del momento supremo del final de la vida además de ser una alabanza al buen morir cuando se es capaz de mirar cara a cara a la muerte con dignidad.
Aristóteles optó por exiliarse en una circunstancia parecida. Si Sócrates hubiese hecho lo mismo, nos hubiesemos quedado sin una de las lecciones de coherencia más famosas de la historia universal. Lo cierto es que estamos demasiado alejados de las enseñanzas socráticas y del ejemplo coherente de un Sócrates que ahora yace enterrado en una jaula de oro como alguien que fue pero que ya nada nos puede decir a las personas del siglo XXI, tan empeñados como estamos en no respetar los límites éticos. Aunque esta falta de respeto sea una causa directa de la deshumanización y las consecuencias que padecemos.
Europa no siempre fue posmoderna de Gabriel Mª Otalora