V Viaje de La Tertulia de la Granja

Enviado por maestresala el Vie, 02/09/2011 - 14:19

 

Nos vamos de excursión...

y al volver....

Una tarde parda y fría (*)
Una punta de lluvia entró en el alma rala
Floreciendo el barro reseco de tu alma
En estatuas de sal
Acaso sin pecado
Quizá de una inocencia con el brillo del metal
Quizá, quién lo sabe, del amor
Floreciendo el barro reseco de tu alma
En una trepadora cerrada al vacío
Viviendo en una clorofila descarnada
Muriendo por el aguijón de la vida

(*) Verso de Antonio Machado

LTLG
Zaratan, 04/09/2011
 


 

CADAVERES EXQUISITOS DEL IV VIAJE DE LTLG

 

— Me llamo Brodeck y no tuve nada que ver…
No vio llegar el puño que le golpeó el pómulo. Pensó que alguien trataba de arrancarle la cabeza haciéndole girar el cuello con demasiada rapidez, y después escuchó un chasquido en la nuca. El dolor vino más tarde, cuando consiguió abrir uno de sus ojos y enfocar su mirada vacilante en el soldado que flexionaba los dedos de su mano derecha con un gesto de fastidio en los labios. El rostro crispado del militar se aproximó al suyo hasta que no pudo ver de él nada más que unas gruesas venas latiéndole en la frente y el sudor goteando desde las cejas. Los labios le escupieron una pregunta que tardó en llegar a su cerebro; de pronto la cara se difuminó en la oscuridad de la celda, un nuevo puñetazo cayó sobre su mentón y entonces sí, entonces la pregunta resonó dentro de su cráneo.
— Ya sé cómo te llamas, hijo de puta…, y tuviste mucho que ver. ¿Quiénes han asesinado al Presidente?
***
El presidente de la nación americana iba a visitar la zona cero en compañía de su mujer. Después de un tres años y medio de mandato, mucha gente realmente patriota seguía confiando en su mensaje. Y es por ello que cuando apareció en un coche descubierto por la avenida más grande de Manhattan, el fervor popular fue incontenible. Sí, también es verdad que cuando el propio presidente le pidió a su responsable de seguridad, Arnold Davis, el permiso para descubrir el vehículo, vino a su mente la palabra Dallas y, pegada a ella, como un guardaespaldas el apellido Kennedy. Pensó para sí mismo que ningún hijo de puta en este jodido país podría repetir la hazaña de año 1964. Luego también pensó que nadie creía en que Vietnam pudiese repetirse y vimos como el desierto iraquí se tragaba miles de hombres a cambio de unos barriles de petróleo. ¿El primer presidente de color acabando como Martin Luther King....? Sin razones de peso dio su consentimiento...
***
“Siempre le gustó ayudar. Resultaban ingenuas sus ganas de ser útil a su país, a la humanidad… Me llamó desde allí. A las pocas horas del atentado ya estaba sacando cadáveres, limpiando heridas. Había hecho un curso de enfermería y todo. Un camarero también tiene que saber curar, decía. Cuando le diagnosticaron el cáncer le echaron de la hamburguesería. No tenía ni seguros, ni dinero. Me gasté todo lo que tenia, vendí mi casa, mi coche y seguía sin alcanzar. Pedí prestado. Y nada era suficiente. Pedí ayudas a la ciudad, al estado, al gobierno. Es un héroe, no podéis dejar morir a un héroe como a un perro. Grité. Imploré. Lloré. Me arrodillé. Pero dijeron que no se habían habilitado fondos para los colaboradores de la evacuación de la zona cero. Así le llamaron, “colaborador”. Y él, mi único hijo, murió retorciéndose de dolor y solo, sin agradecimientos. El salvó a cientos y se envenenó con aquella mierda, sin una mísera mascarilla. Se murió mi hijo, abandonado y luego ese negro que viene a lucirse aquí, a la zona cero. A reírse de mi hijo. Y te juro que de mi hijo no se ríe nadie y menos un negro…Lo de Brodeck son daños colaterales, creo que así les llaman.”
***
— Le digo que no tuve nada que ver...
            El puño golpea en su pómulo, y luego en su nariz, y luego en su sien. La cabeza de Brodeck va de un lado para otro como sujeta apenas por un hilo. Finalmente cae hacia delante, y el mentón queda clavado en el pecho. Un hilo de sangre le sale del oído y le baja por la mandíbula hasta teñir el cuello de su camisa. El soldado le aferra por el pelo y le mira a los ojos entreabiertos. No tiene duda de que ha muerto. Compone en su cara una expresión de fastidio y se acerca al teléfono que cuelga en la pared, junto a la puerta metálica.
— Teniente, se nos ha ido. Y no le hemos sacado una palabra.
— ... solo, abandonado por todos, y el médico diciendo que si no lo cubría su seguro necesitaban un depósito o un aval para continuar el tratamiento...
— ¿Cómo que se os ha ido?
— ... y a mi familia no le quedaba nada por vender, mi marido rogando por todos los despachos de esta podrida Administración...
— Teniente, no le hemos dado fuerte, tal vez tuviese algún problema de corazón.
— ... y este negro antiamericano saludando y sonriendo desde el coche descubierto...
***
Un camión ligero UPS está aparcado en la esquina de Queens Boulevard con la 51, el chofer está viendo en su ipad el desfile de la comitiva presidencial; de pronto, muy agitado, se vuelve hacia el ventanuco que comunica la cabina con la el interior de la caja .
— ¡Hey carnal! ¿Viste que el chingón se acerca con el convertible a la zona 0? ¿Por qué no le agachas ya? ¡Carajo!
— No la canches brava, Emiliano. Dejale que se estacione.
—¡Hágame el refabrón cavor de disparar su pinche cohete! Si nos encuentran no nos llevan al bote, no. Nos van a balear aquí mismo.
— Emiliano, eres un hocicón. El Grande se ha gastado chingomil pesos en este AGM-114 Hellfire con su “actif radar jomin”. En dos minutos mandamos el paquete y esta noche tomaremos tequilitas en Tijuana. Igual hasta hacen un narcocorrido con tu historia.
—¡Ploméalo ya, Dieguito!
***
El responsable del Servicio Secreto se encaró con el militar de alta graduación. Era mucho más bajo que el otro y seguramente pesaría la mitad que el uniformado. A pesar de todo, el general parecía hacerse más pequeño a cada grito del agente.
—¿Quiénes se creen ustedes que son? La seguridad del Presidente es un asunto exclusivo del Servicio Secreto. ¿Quién cojones les dio permiso para interrogar al sospechoso?
El militar tuvo la tentación de encogerse de hombros, de decir que él se había limitado a cumplir las órdenes del Secretario de Defensa, pero optó por no abrir la boca.
El del Servicio Secreto le clavó el dedo índice entre las condecoraciones. Sin apenas mover los labios, siseó:
— Quiero que envíe al inútil que se lo ha cargado al lugar más peligroso de Afganistán, y quiero que se asegure de que no vive mucho allí, ¿me entiende, general? ¿Se entera de algo de lo que le digo?
Sin aguardar la respuesta del militar, el agente se dio media vuelta y abandonó la estancia. El general se sentó en su sillón de cuero, se reclinó y puso los pies encima de la mesa. Era una lástima que hubiera dejado de fumar, porque en aquel momento era lo que más le apetecía. Una victoria, el asesinato del Presidente era una victoria y se merecía un buen puro. Los ojos se le entrecerraron y el entrecejo surgió en su frente, amenazador…Aquel mamón del Servicio Secreto tenía las horas contadas… Respiró y agitó la cabeza, desechando al funcionario ya casi cadáver como una colilla apurada hasta la última hebra. Aún había que pulir algunos detalles, pero el asunto estaba bajo control. En Fort Brannag habían diseñado un fabuloso expediente militar para el tal Brodeck. Un fenómeno en explosivos, balística y otras artes de combate. Una máquina de matar, se sonrió, nada que ver con el infeliz aporreador de negros de LaGrange, Georgia. Una lástima su crisis en combate y su expulsión del ejército… Ahora sólo hacía falta detener a aquel matrimonio de desequilibrados y demostrar que ellos le habían suministrado el cohete al infeliz de la sala de interrogatorios. No sería fácil porque eran poco menos que un par de indigentes, pero sus socios en Wall Street ya se estaban encargando de ello; unas transferencias ficticias a una cuenta numerada no menos ficticia en las Islas del Canal bastarían. El grupo de supremacistas blancos al que se habían asociado estaba siendo masacrado en aquellos mismos momentos. El general dibujó una leve sonrisa en sus labios; quizá debiera empezar a fumar después de todo. Al fin y al cabo, el tabaco también era una droga, y a la droga le debía haber eliminado de la faz de la tierra a aquel negro traidor… La droga…, sería un buen objetivo para la siguiente guerra. Se puso las manos detrás de la nuca y empezó a canturrear “I wish I was in Dixie…”.
 
 
 
 
Hoy tengo el vino dulce y en la sangre, (*)
En la sangre se despliegan melodías
Como un estribillo lejano
Que resuena tras los ecos del pasado
Para hacer presentes las palabras ahogadas
Y así detener la vida en el momento esencial
Antes de la fuga desesperada.
Sangre, sí, globulada de futuro
Manando de tu herida, abierta, profunda
Cayendo, espesa, por tu brazo exangüe
Rojo sangre, tu nombre teñido de amor
En la tarde de entonces tu cuerpo refulge.
Tu piel es mi único sol.
 
(*) Verso inicial del poema “Las sirenas” de León Felipe
 
 
 
No basta abrir la ventana
Para ver los campos y el río.
(*)
Son tus ojos los que miran

En unas cuencas vacías
Que alojaron miradas de deseo

Y vaciaron las lágrimas de soledad
Insensatos de ser y no poder amar.
Desaparecer y no haber sido
Es una suerte de latencia
Escasa y lejana
Como la más pequeña estrella del firmamento
Angustia por brillar
En ese día postrero que nos ha de llegar
Morir solo después del final.
 (*) Versos de Alberto Caeiro - Fernando Pessoa