Encuentros X : radiaciones

Enviado por maestresala el Sáb, 28/05/2011 - 00:16

 

Por la tarde en la iglesia, donde estaba celebrándose un funeral. El cura era un hombre de edad avanzada, de compostura muy digna, tenía un rostro bien tallado : una mezcla de figura campesina, aristocrática y clerical. Vestimenta : una capa pluvial negra bordada con cardos de plata, y un birrete negro con la borla roja encima. Ha dado dos veces la vuelta al ataúd, primero incensándolo y luego rociándolo con agua bendita. Los monaguillos llevaban un roquete blanco con un fajín negro; entre canto y canto se cruzaban a veces entre ellos sonrisa pícaras. Fiel a mi costumbre de acompañar en cualquier país del mundo a muertos desconocidos, me he sumado al cortejo fúnebre.

 

Luego visitamos todavía el elevado castillo feudal de Bourlemont, que se encuentra en medio de un parque magnífico; álzanse en él grupos de fornidos árboles cuyo ramaje llega hasta el suelo, parecen arrecifes o islas en un mar verde. Desde la balaustrada estuve contemplando el paisaje, con sus colinas y sus oscuros bosquecillos; me pareció un paisaje cerrado, lleno de misterio frío, sin duda el suelo apto para que en él pueda alcanzar la virginidad sus niveles supremos, inexpugnables.

Por la tarde me adelanté con el coche hasta Gondreville. Por el camino estuvieron ocupándome pensamientos, o, por mejor decir, formas previas de pensamientos, de los que el espíritu no puede rendirse cuenta. Es como si la substancia del pensamiento fuera precedida de una substancia diferente, más fina; ésta, por así decirlo, reblandece por erosión la materia y hace que pueda ser dividida de maneras nuevas. El espíritu juega así, medio en sueños, con las cosas, las palpa con las antenas, ya que no puede verlas todavía. La luz va precedida de la oscuridad.

Así es como están ya prefiguradas en la Naturaleza, en el modo como crecen las cosas, todas las medidas que puede ser inventadas por el arte del hombre. Nuestra libertad consiste en descubrir lo pre-formado - cuando creamos, lo que hacemos es adentrarnos en la Creación. Lo más alto que de este modo podemos alcanzar es un presentimiento de la medida inmutable de la belleza - a la manera como en el mar Egeo la mirada adivina en el fondo, bajo el juego de las olas, las urnas y las estatuas antiguas. Esto mismo es válido para nuestra vida - una vida está lograda cuando la menos presentimos, y hacemos presentir, lo que mora en ella desde la eternidad.

 

Ernst Jünger