
Rainer Maria Rilke
¿Quién si yo gritase, me oiría desde los órdenes
angélicos? Y suponiendo que un Angel me cogiese
de repente contra su corazón: me desharía por su
más fuerte existencia. Porque lo bello no es más
que el comienzo de lo terrible, ese grado que todavía soportamos;
y lo admiramos tanto porque, como al desgaire, desdeña
aniquilarnos. Todo Angel es terrible.
Y, así, me contengo y trago el reclamo
de un oscuro sollozo. ¡Ay! ¿ A quiénes
somos capaces de usar? Ni a los hombres ni a los ángeles;
y las bestias, más perspicaces, ya advierten
que no estamos muy seguros en este
mundo interpretado. Nos queda, quizá
un árbol en la vera de la pendiente, que pudiésemos ver de nuevo,
cada día...