
Hace una década me publicaron una novelita histórica y de aventuras a la que tengo mucho cariño y que se titula 'El oro de los carlistas' -inevitablemente rebautizada por la transmisión oral como 'el loro de los carlistas', que tampoco es mal título, en línea Julian Barnes-. En las entrevistas dije que tenía estructura y elementos de western, que era un 'pil-pil western' en el que los carlistas eran los indios que asediaban el fuerte: Bilbao. Pero casi nadie entendió la asociación de ideas que intentaba establecer con los viejos 'espagueti western' y 'paella western' que italianos y aborígenes rodaron en el desierto de Almería en los sesenta. Cosas generacionales.
He recordado esto a cuenta de la ejecución de Bin Laden en tierras de Pakistán por parte de comandos norteamericanos. Todo un 'curry western' titulado además 'Operación Gerónimo', el nombre del jefe apache que fue un hábil estratega al frente de la que se ha considerado una de las mejores caballerías ligeras del mundo.
Más allá o dejando aparte si se han cargado a Bin Laden o si lo tienen en un portaaviones en alta mar torturándolo para que confiese incluso que él crucificó a Cristo -y después sí, le meterán bala o lo tendrán en la mazmorra del conde de Montecristo y tirarán la llave o sencillamente no lo han pillado y todo es una pamema-, lo que confiere ese carácter de una del Oeste es la repercusión en la sociedad norteamericana.
Una sociedad, parte de ella, que reivindica su derecho constitucional a portar armas de fuego, en la que la reaccionaria Asociación del Rifle es muy poderosa y el sentido de la venganza adquiere categoría de justicia popular. Nada podía elevar más el índice de popularidad del presidente Obama que haber sido el 'sheriff' que ha cumplido el 'Wanted Death or Alive' del más famoso bandido. Dos plomazos en la cabeza del malo, el mejor lacre para sellar el prestigio. El espíritu del western redivivo en una nueva versión de 'El hombre que mató a Liberty Valance' con el siniestro Leon Panetta, el director de la CIA, en el papel de John Wayne en la sombra encarando el eficaz Winchester.
Pat Garrett pasó a la Historia por apiolar a Billy The Kid, sin importar el que no le diera la menor oportunidad para defenderse o entregarse. A esa buena parte de la sociedad norteamericana, y de la mundial, ninguna de esas mismas minucias va a empañarle el logro de la venganza. Ese fin justifica los medios, aunque esos medios incluyan la tortura para saber dónde se escondía el bandido. Quizá lo de 'Operación Gerónimo', más que por analogía entre el jefe apache y Bin Laden -por sus atezamientos de piel- se refiera a la pericia torturadora, pues ya se sabe que los indios eran muy buenos con el poste de los tormentos. Claro que lo de la tortura más que al western pertenece al género de horror y cae en la misma esencial vileza que el terrorismo que combate.
He recordado esto a cuenta de la ejecución de Bin Laden en tierras de Pakistán por parte de comandos norteamericanos. Todo un 'curry western' titulado además 'Operación Gerónimo', el nombre del jefe apache que fue un hábil estratega al frente de la que se ha considerado una de las mejores caballerías ligeras del mundo.
Más allá o dejando aparte si se han cargado a Bin Laden o si lo tienen en un portaaviones en alta mar torturándolo para que confiese incluso que él crucificó a Cristo -y después sí, le meterán bala o lo tendrán en la mazmorra del conde de Montecristo y tirarán la llave o sencillamente no lo han pillado y todo es una pamema-, lo que confiere ese carácter de una del Oeste es la repercusión en la sociedad norteamericana.
Una sociedad, parte de ella, que reivindica su derecho constitucional a portar armas de fuego, en la que la reaccionaria Asociación del Rifle es muy poderosa y el sentido de la venganza adquiere categoría de justicia popular. Nada podía elevar más el índice de popularidad del presidente Obama que haber sido el 'sheriff' que ha cumplido el 'Wanted Death or Alive' del más famoso bandido. Dos plomazos en la cabeza del malo, el mejor lacre para sellar el prestigio. El espíritu del western redivivo en una nueva versión de 'El hombre que mató a Liberty Valance' con el siniestro Leon Panetta, el director de la CIA, en el papel de John Wayne en la sombra encarando el eficaz Winchester.
Pat Garrett pasó a la Historia por apiolar a Billy The Kid, sin importar el que no le diera la menor oportunidad para defenderse o entregarse. A esa buena parte de la sociedad norteamericana, y de la mundial, ninguna de esas mismas minucias va a empañarle el logro de la venganza. Ese fin justifica los medios, aunque esos medios incluyan la tortura para saber dónde se escondía el bandido. Quizá lo de 'Operación Gerónimo', más que por analogía entre el jefe apache y Bin Laden -por sus atezamientos de piel- se refiera a la pericia torturadora, pues ya se sabe que los indios eran muy buenos con el poste de los tormentos. Claro que lo de la tortura más que al western pertenece al género de horror y cae en la misma esencial vileza que el terrorismo que combate.
11.05.2011 - JUAN BAS