
Somos testigos de lo que no vemos.
Al paciente le queda cada vez más tiempo.
El alma es un laboratorio.
Mirar es una antología.
Permanecer indiferente es comprometedor.
La maldad no se elige: la llevamos dentro. Por eso oponerse a ella constituye un refinado acto de libertad.
Entender que no entendemos.
Todo es mestizo. El absoluto también.
Me contradigo porque soy incrédulo.
Qué increíble progreso supondría reemplazar lo políticamente correcto por lo moralmente profundo.
Las ideas actúan. Por eso no todas las opiniones son respetables.
Si no aceptamos nuestros demonios, sólo podremos aspirar a ser pésimas buenas personas.
Andrés Neuman