Abro los ojos, y el cielo aún está obscuro.
Una sombra se levanta de mi cama. Pero no puede ser, porque he dormido solo.
Se gira y veo su rostro, y soy yo. Pero no puede ser, porque aún sigo acostado.
Se sienta en el alféizar de la ventana, me mira y se disuelve en la noche.
Ya nunca veré amanecer.
Roberto Sánchez