
Hoy le he colgado el teléfono por una discusión política. Le he vuelto a llamar. No me consiento que una discrepancia política, por fuerte que sea, expresada en los mismos términos en los que se estarán produciendo otras muchas idénticas en este exacto momento, sea capaz de romper una relación personal de largos años. Al menos, por ahora.
¿Qué has hecho hoy? Fumar. "La verdad sobre la abulia" (Sánchez Ferlosio). El gran abúlico pidió a los dioses la merced de desdoblar de sí mismo un álter ego activo, un gemelo ejecutivo y diligente, inmune a la pereza, a la duda y a la deseperanza, pero completamente sometido a su mandato como el siervo de la lámpara de Aladino. Los dioses se lo dieron, convencidos de que así se enmendaría, pero en cuanto él vio comparecer delante de sus ojos, se apresuró a decirle, con un súbito estremecimiento de recelo y de inquietud: "Tú quieto en esa silla y no te muevas".
El tío depende de su jefe, del jefe de su jefe, el banco, su madre, su mujer, sus hijos y amigos, el inspector de Hacienda, el alcalde, el PNV, el Lehendakari, Arzalluz, la Comunidad europea, el gran capital financiero, el cristianismo, su poca inteligencia, su falta del sentido del humor, sus genes...¿por qué le parece que lo más terrible es su dependencia de los españoles?¿Por qué sólo está dispuesto a armarla para liberarse de la opresión a que le tiene sometido los españoles?
Sospecho que los pensadores se detienen en un momento determinado y dicen: "Aquí me planto. De ahora en adelante defenderé esta idea, aunque estoy seguro de que podría pensar alguna otra cosa diferente, e incluso la contraria". Me resultan incomprensibles el aplomo y la seguridad de cualquiera que escriba un libro de ensayo.
Me gusta el tiempo lento, no presionado por ninguna urgencia, casi diría que al borde del aburrimiento.
Me dijo algo que me asustó y que a la vez me halagó: que, de mí, "había aprendido a tomarse con naturalidad la desesperación". ¿Me habrá visto tantas veces deseperado? Me alarmé. Según él, lo que había aprendido de mí es que la desesperación es una cosa doméstica, algo que te viene hoy y que se va mañana, "como una gripe". No sé de qué estaba hablando. Nunca sabes para qué te consideran útiles los demás.