
Leo que en 1962 hubo una epidemia de risa en Tanganica. Empezó en una escuela con dos chicas que comenzaron a reírse como histéricas. Se extendió a los demás alumnos, luego al pueblo, al distrito, al país entero. Sólo remitió totalmente seis meses más tarde. ¿ Cómo no se conoce más este bendito episodio de la historia?
Un tipo brillante, de no mucha inteligencia, con muy mala leche, rápido y plástico en su manera de expresarse, pasa por ser alguien gracioso, entretenido, que anima las conversaciones, pero nunca alcanza el éxito social que obtiene, con las mismas artes, un escritor. La gente, como no tiene práctica de escribir, otorga más mérito a lo dicho por escrito que a lo hablado.
Para actuar en politíca te tiene que interesar la política, no las ideas. La política no es más que una lucha personal por el poder entre ciertos hombres, a hostia limpia. "El mejor libro de política que conozco es la Vida de los doce Césares, de Suetonio", dice Robert Harris. Don DeLillo define la política como "un asunto de hombres reunidos en cuartos". Es posible que en la política haya un componente homosexual. Por lo menos, seguro que hay cuartos oscuros.
Hay escritores que son como esos chicos que patinan en los parques. No van a ningún lado, pero da gusto ver lo ágiles que se mueven.
Hoy leemos muchas veces las novelas más para juzgar la destreza de su autor al ejecutarlas que para participar en la ilusión de las vidas de los personajes que nos proponen. Hoy ya es difícil que nos creamos a los protagonistas de las ficciones literarias, al menos de la manera completa en que pasaba antes, o pasa todavía con las novelas de antes. La novela del siglo XIX nos parece más real que la actual, sus personajes, más terminados y vivos. Aquella ilusión se esfumó un poco.
De los malos se dice que son divertidos. Las maldades divierten porque son como chistes. Rompen lo esperado, el código, lo mecánico de la moral. La mayoría de los chistes tienden más a atentar contra la moral que contra la lógica.
Montaigne estaba una vez con el rey cuando a éste le presentaron un autorretrato de alguien. Los autorretratos no eran por entonces muy comunes."¿Por qué no podría uno pintarse uno mismo con la pluma, como se hace con un lápiz?", se le ocurrió a Montaigne. Tal vez aquellos ocurrencia fue el origen de los "Ensayos" : "El bobo proyecto de pintarse uno mismo", como diría luego Pascal en una famosa bobada.