
El ángel de la historia tiene su rostro vuelto hacia el pasado. Donde nosotros vemos una cadena de acontecimientos, él ve una única catástrofe que incansablemente apila sobre ruinas y las arroja a sus pies. Bien quisiera él permanecer en este lugar para despertar a los muertos y componer los fragmentos. Pero desde el Paraíso sopla un viento que se enreda en sus alas y que es tan fuerte que el ángel no puede ya cerrarlas. El viento le empuja irremisiblemente hacia el futuro, al cual él da la espalda, mientras las pilas de ruinas que se acumulan ante él se elevan hasta los cielos. Este viento es lo que llamamos progreso
Walter Benjamin
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Un novelista normal podrá describir un conflicto entre la función que alguien desempeña y su vida privada; podrá mostrar cómo la función se ha tragado la vida privada de la persona, o cómo su vida privada - el tener familia, por ejemplo- le ha forzado a abandonar todo rasgo de humanidad y a cumplir su función como si fuera inhumana. Kafka nos confronta de golpe con el resultado de semejante proceso, pues el resultado es todo lo que importa.
Hannah Arendt