Con el sudor de tu frente

Enviado por maestresala el Mar, 09/06/2026 - 08:01

Pan horneado​

Hace apenas dos generaciones, la certeza de un trabajo para toda la vida habría bastado a mis abuelos. Para mí, a los quince años, fue una amenaza.

Cuando entré de aprendiz en el obrador de aquel hotel, observé a los panaderos como quien mira por una ventana al futuro y descubre un error de construcción. Eran más jóvenes que yo soy ahora, pero parecían haber envejecido en aquel sótano.

Ni siquiera madrugaban: vivían en una hora que no figuraba en los relojes. Aquello no me parecía una vida, era una pesadilla hecha realidad. 

Los camareros aparecían bastante después, cuando allá abajo ya se llevába media vida consumida.

Una mañana comprendí que el pan no salía de la harina, sino del tiempo. Cada barra contenía horas de sueño trituradas. Entonces vi mi porvenir alineado en las estanterías: cientos de bollos, cruasanes…idénticos, dorados y mudos.

Desde aquel día, cada vez que huelo pan recién hecho, percibo también el olor de una cadena perpetua.

 

Pacofrutos

 

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