El escritor bilbaíno fue testigo privilegiado de la creación de la obra de Picasso, que en su opinión anunciaba el fin de una época
El 1 de mayo de 1937 Pablo Picasso comenzó en su estudio parisino del n.º 7 de la rue des Grands Augustins los primeros esbozos de lo que sería el 'Guernica'. La noticia del bombardeo de la villa vizcaína por la Legión Cóndor el 26 de abril habría llegado a través de la prensa extranjera a sus oídos y, según recordaba Juan Larrea, sería una especie de 'vox populi' surgida en el estudio del pintor la que nombraría a la villa como tema de su cuadro: «Tal vez fue Paul Éluard que componía por entonces su 'Victoire de Guernica'. Tal vez Christian Zervos, el director de 'Cahiers d'Art'… Tal vez los dos en mancomún, como adelantados de una voz de pueblo que enseguida Picasso hará suya». Lo cierto es que el artista malagueño, a quien el Gobierno había encargado a comienzos de enero un mural de grandes dimensiones para el Pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París,que se inauguraría en julio, comenzó a pintar esa gran obra inspirada en el bombardeo de la villa. Gracias a Dora Maar, artista y fotógrafa, amante de Picasso en aquellas fechas (y probablemente una de las figuras incorporadas al cuadro), podemos observar los distintos estadios de la pintura, desde la primera versión el 11 de mayo hasta su finalización bien avanzado el mes de junio.
Por otro lado, el profesor José Gaos, Comisario General del Pabellón Español, había encargado a Picasso una serie de aguafuertes de tamaño postal ('Sueño y mentira de Franco') que pudieran venderse entre los visitantes como ayuda a las fuerzas populares que combatían en la guerra y probablemente para sufragar los gastos de la construcción de dicho pabellón. Gaos delegó en Juan Larrea la responsabilidad de seguir el encargo hecho a Picasso, con lo que este se convirtió en testigo privilegiado entre enero y junio de la actividad artística del pintor y de la realización del 'Guernica', que siempre está de actualidad. Ahora hay polémica por la petición del Gobierno vasco de su exhibición temporal en el Guggenheim Bilbao, rechazada por el Ministerio de Cultura y el Museo Reina Sofía.
Larrea y Picasso se conocían ya desde comienzos de los años veinte, cuando el bilbaíno visitó a Vicente Huidobro en París, y es muy probable que coincidiera con él cuando el escritor se instaló en la capital francesa a comienzos de febrero de 1926. De hecho, él y César Vallejo contaban con una posible colaboración del pintor para la efímera publicación 'Favorables París Poema'. La relación entre ambos se estrecharía en 1937 y 1938. El propio Larrea declararía que la amistad con Picasso en 1937 se estableció en términos de confianza absoluta, a pesar de sus diferencias ideológicas. Según el escritor bilbaíno, el hecho de haber comenzado a gestionar la donación de su colección precolombina, reunida en su estancia en Perú entre 1929 y 1931, a través de Tomás Navarro Tomás, director de la Biblioteca Nacional a fines de 1936, le habría ganado la confianza del malagueño.
Larrea no solo estaría vinculado al origen del 'Guernica' como testigo de su realización, sino también posteriormente a su traslado e interpretación. En el otoño de 1938, el escritor viaja a Oxford para asistir a un congreso de archiveros, y se traslada a Londres para inspeccionar en esa ciudad la exposición del cuadro en la New Burlington Galleries. Es encargado además de la Delegación de España en París para la Exposición de Nueva York, con la misión de procurar los materiales para el Pabellón Español en dicha exposición en 1939. En octubre de 1939, antes de partir para México, escribe a Picasso para tener una reunión con él y hablar de su perspectiva del Nuevo Mundo, y a mediados de noviembre acude a la exposición de Picasso: 'Forty years of his art' en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, para escribir una amplia crónica en el primer número de 'España Peregrina', la revista que coordinará en el exilio mexicano. Picasso será «para nosotros -escribe Larrea en 1940- un símbolo primordial en este filo en que estamos. Su triunfo actual es considerado por nosotros como nuestro».
En septiembre de 1945, el poeta recibió el encargo de Curt Valentin, director de la Galería Buchhold de Nueva York, de escribir un texto que se integraría en un volumen sobre el 'Guernica'. El resultado fue un extenso texto titulado 'Videncia del Guernica' que se publicó acompañado del poema 'La victoire de Guernica', de Paul Éluard, en una monografía a mediados de 1947: Juan Larrea, 'Guernica: Pablo Picasso', New York, Curt Valentin, 1947. Algunos comentarios de Picasso sobre su cuadro discrepaban de la interpretación que Larrea hacía, por lo que este le escribió repetidas veces a través de José Luis Sert para que ratificara su lectura, sin obtener respuesta.
A fines de noviembre se celebró en Nueva York un coloquio como presentación del volumen. Allí expondría Larrea su visión del cuadro de Picasso en 'Toma del 'Guernica' y liberación del arte de la pintura', que se publicó unos meses más tarde en 'Cuadernos Americanos', y una intervención más breve para el debate titulada 'Develación terminal', que cuestionaba algunas de las interpretaciones del cuadro que se habían realizado en los últimos años. Aunque se planteó una edición en castellano del libro en 'Cuadernos Americanos', esta fracasó por diversos motivos y solo se llevaría a cabo treinta años más tarde.
Frente a una lectura formal y aparentemente desideologizada (desideologizadora) que empezaba a dominar sobre todo en el ámbito académico norteamericano mediados los años cuarenta, lo que va a hacer Larrea es llevar a cabo un estudio simbólico del cuadro, a partir del análisis del lenguaje que constituye esos símbolos, su sintaxis y su sentido, para revelar la realidad profunda y el compromiso histórico concreto que la pintura representa. Larrea va a experimentar un método de interpretación cultural que aúne la filosofía de la historia y la tradición hermenéutica. Para él, el 'Guernica' viene a reflejar un nuevo Apocalipsis, el fin de una época y un mundo concretos, el dominado intelectualmente por Europa, para vislumbrar el nacimiento de una era del Espíritu en el Nuevo Mundo. España, el pueblo español, se convierte, así, en víctima sacrificial necesaria para que renazca el Espíritu en el Nuevo Mundo: «A América […] ha venido a verterse […] la emigración española causada por la tragedia a que se refiere el 'Guernica'». El cuadro no es sino el heraldo de esa nueva época.
Interpretación del cuadro
Larrea realiza un análisis de la obra en tres grandes ciclos interpretativos: en primera instancia, como signo y estructura simbólica que revela los resortes psicológicos que guían el desarrollo de la pintura; en un ciclo siguiente, procede a una lectura histórica por la que el 'Guernica' aparece como signo de una época determinada, que revela la dimensión arquetípica del mural; por último, procede a una lectura místico-religiosa que pone de relieve el sentido poético-cósmico-espiritual último del cuadro. Los tres ciclos interpretativos interseccionan en diversos momentos. Todos ellos apelan a un concepto orgánico que estructura el cuadro en una unidad sígnica superior, que es «la conquista de la videncia». Ahí residirá, para él, la grandeza del cuadro de Picasso, que no ha sido sino el vehículo de fuerzas superiores.
El 'Guernica' estaba abierto a diversas interpretaciones y lecturas, incluso por su mismo autor; la de Larrea resultaba una de las más interesantes y argumentadas, pero no necesariamente la única. Tal vez tuviera razón el escritor al concluir su estudio del cuadro en 1977: «El 'Guernica', con sus complementos circunstanciales, pudiera comprenderse como un testimonio revelador admirable surgido de la entraña del pueblo español en el instante de su trascendental holocausto».