Eduardo Ortega y Gasset (Madrid, 11 de abril de 1882-Caracas, 25 de febrero de 1965) fue una de las personalidades más influyentes en la historia de España, en el del primer tercio del siglo XX, personalidad política, intelectual y periodística, cuyo conocimiento en la historia escrita no se corresponde con su papel decisivo en la política, el periodismo y las relaciones intelectuales. Sin el concurso afectivo, intelectual y material del hermano mayor del celebrado filósofo José Ortega y Gasset, no se puede explicar la peripecia de Miguel de Unamuno en el exilio, en el periodo de 1924 a 1930. Ambos fueron, junto con Vicente Blasco Ibáñez y un puñado de escritores y periodistas, los opositores políticos más beligerantes contra la dictadura de Miguel Primo de Rivera, que fue en realidad la dictadura de Alfonso XIII.
Eduardo Ortega y Gasset y Unamuno fueron los autores de los calificativos más contundentes contra el tándem del rey y el dictador. En la revista 'Hojas Libres', que se hacía en el zaguán de la casa de Ortega y Gasset en Hendaya, se escribían los artículos más críticos contra ambos regentes; bastaría con ver alguna de las caricaturas o retratos que Unamuno dibujaba sobre ambos para darse cuenta del aguijón y menosprecio que el filósofo bilbaíno tenía por aquellos dos personajes, a quienes la bebida, la juerga y los casinos los llevaron a apartarse del discurso del pueblo, por el que no sentían especial devoción, antes al contrario.
Documenta el historiador Carlos Sánchez Tárrego, autor de una tesis doctoral defendida y calificada con la máxima nota en la Universidad de Alicante en el pasado septiembre, que Ortega y Gasset y su familia recalaron en Cuba, tras un viaje trasatlántico a bordo del 'Orduña'. Tras seis días de navegación, el buque, procedente de Liverpool, llegó a la isla el 27 de abril de 1940 con 22 pasajeros a bordo, entre los que estaban los hijos del matrimonio, Eduardo, Fernando, María Rosa, Juan Manuel y Lucila.
Posteriormente, el matrimonio recaló en Venezuela, sobre 1956, atraídos por la idea de estar cerca de sus hijos. Su hija Lucila se casó con un venezolano, así como María Rosa, otra de sus hijas, que contrajo matrimonio con un americano destinado a su vez por su empresa al país caribeño. Del mismo modo, Fernando también fue a trabajar a Venezuela, donde se casó. Los tres hijos eran reclamo suficiente para aquella familia de emigrantes forzosos. Si en torno a 1956 le atrajo Venezuela por su raigambre familiar, en ese mismo tiempo el régimen de Fidel Castro en Cuba lo apartaba de la isla, pues a Ortega y Gasset no le agradaba el rumbo político del castrismo. Pero el motivo principal para trasladarse desde Cuba fue su deseo de agrupar a la familia
En el exilio venezolano, el político e intelectual republicano se dedicó a mantener relaciones con los compatriotas que se instalaron en Caracas y otras regiones próximas. Siguió escribiendo artículos y leyendo, tarea que para Eduardo Ortega y Gasset era como un oficio no remunerado, y con el que expresaba su mayor placer. Uno de sus libros de última hora, 'Monólogos de don Miguel de Unamuno', publicado en Nueva York, apareció a modo de memoria justificativa de la relación que ambos personajes mantuvieron en el tiempo, fundamental en el periodo de Hendaya (1925-1930), donde enhebraron los lazos de la amistad y el respeto, sobre todo de Eduardo hacia don Miguel.
El político republicano se dedicó a descansar de la singladura trágica, sobre todo tras el atentado sufrido en su casa familiar de Madrid, cuyos autores eran gente señalada, y de cuya catástrofe se libró la familia, sin rasguño alguno, al advertir su esposa que en el envío llegado por paquetería podía esconderse un explosivo. Tomó el artefacto y lo envolvió en un colchón, lo que evitó que la explosión destruyera la casa y acabase con aquella popular familia. Ese trauma acompañó a Eduardo Ortega y Gasset hasta los últimos días. Sí había visto mucha sangre inocente en África, donde miles de soldados españoles morían a diario sin saber por qué, mientras a sus jefes les daban encomiendas militares, el atentado en la casa familiar colmó la paciencia y aguante del político, quien tomó el camino del exilio, visto que la causa republicana había perdido la guerra. Se quebraban así los sueños y aspiraciones de cambio de régimen que anhelaron Unamuno y Ortega y Gasset en Hendaya.