La conjura Benet

Enviado por maestresala el Sáb, 01/03/2025 - 21:14

Toledo

 

A solo tres años del centenario de Juan Benet (nació el 7 de octubre de 1927), la editorial Renacimiento publica El plural es una lata, una extensa biografía del escritor que supone un gigantesco y minucioso esfuerzo de documentación para reconstruir a la persona y al personaje, que en este caso se hallan bien diferenciados porque en privado Benet era un tipo afectuoso que sabía escuchar a seres queridos, pero en público se convertía en un divo insolente e histriónico. Lo cuenta José Benito Fernández, el autor de este retrato de cuerpo entero, que es un experto en enfrentarse a escritores difíciles, como demostró con  con las biografías de Leopoldo Maria Panero, Eduardo Haro Ibars y Rafael Sánchez Ferlosio. La del autor de Volverás a Región era la que faltaba para completar su heroica tetralogía.
Los primeros contactos que tuvo en la gestación de esa empresa fueron los de sus hijos Nicolás y Ramón. Fue este último, el primogénito, al que le preguntó si nunca se le nunca se le había ocurrido escribir  la biografía de su padre. Luego se sucedieron las reticencias familiares que llevaron al proyecto a una vía muerta de la que salió en diciembre de 2018, en una exposición de homenaje que organizó el Colegio de Ingenieros de Caminos la que había sido su miembro con el número 631. Fue Eugenio, el menor de los cuatro hermanos, que nació en 1962, un año después que Juana, la única chica, quien al reencontrarse con el biógrafo, puso fin a lo que éste denomina el inacabable pasillo. Eugenio Benet es un escultor y un pintor que conecta en muchos aspectos, tan plásticos como teóricos, con el legado de su padre, que, además de ingeniero y prosista, tuvo una valiosa faceta como pintor y dibujante.
Sobre esta faceta estética de Juan Benet, que José Benito Fernández no ignora en su biografía, confesó Javier Marías que nunca le sorprendió escribiendo, pero sí maquinando esos misteriosos collages en los que representaba cielos y mares o aves y naves en blanco y negro, así como entregado al color de los óleos en su casa de campo de Zarzalejo, fuera, al aire libre como si fuera un impresionista sin modelo ni paisaje delante, aplicándose con sus pinceles a alguna marina con escena naval incluida.

En la torre de Babel
En esa faceta, don Juan (así le llamaba Marías) vertía con detallismo sus conocimientos sobre las estructuras de los buques de guerra, como en su escritura vertió también su erudición en ingeniería y arquitectura. El ejemplo más ilustrativo en este sentido es La construcción de la torre de Babel, un ensayo centrado en el esotérico lienzo de Brueghel el Viejo, que es la primera pintura europea que escoge como tema central un edificio.
Es justamente esa torre babélica que pintó el maestro neerlandés la que ha tomado Eugenio para una de sus últimas exposiciones sobreponiéndola a un circuito electrónico que se deja ver si el espectador se sitúa en  determinado ángulo en el que la luz revela la tramoya del cuadro. La tecnología  siempre asoma por algún lado en la fase actual en la que se halla este sofisticado artista y en la que obliga a una segunda lectura como lo hacen las novelas de su progenitor. Las tripas de la electrónica son una metáfora que la presencia demiúrgica a la que las nuevas tecnologías someten al mundo que habitamos. En realidad la pintura de Eugenio Benet es metapintura y en ella trabaja a menudo con collages, siguiendo la afición de su padre. Utiliza con frecuencia placas electrónicas combinadas con una relectura a  menudo irónica de conocidas obras de arte. Así lo hace en la actual exposición de la galería madrileña Zona Incontrolable o en el cuadro estrella que presidirá la muestra que esa misma galería ofrecerá en la feria JustMad de marzo en el Palacio Neptuno y que es una recreación paródica de la Lección de anatomía de Rembrandt y uan sátira de las tecno-redes sociales. Los personajes que en ese cuadro acosan al cadáver son, entre otros, Elon Musk y Mark Zuckerberg, o sea las caras visibles de Twitter-X, Instagram y Facebook.
La conjura Benet es estética y es teórica. Es metaliteraria y metapictórica. Es social y antisocial a la vez. La magnífica biografía de José Benito Fernández, es un homenaje a esa contradicción. Para escribirla se ha servido de las agendas que se hallan depositadas en la Biblioteca Nacional y en las que el escritor tomaba nota de todas las tertulias, cenas y almuerzos con sus colegas. Para Juan Benet el plural era una lata, pero no hay biografía como la suya, en la que comparezcan tantos amigos.

 

Iñaki Ezkerra

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