Notas para el storyboard para la segunda parte de Tristeza de amor de Eduardo Mallorquí

Precedentes

(Madrid, 1986)

Ceferino Reyes es un veterano realizador de radio, borde, resabiado, conflictivo, soberbio, temperamental, amigo de sus amigos y muy enemigo de sus enemigos. Es un buen profesional, riguroso e inteligente. A su vuelta de una huida radiofónica a Méjico y, gracias al buen hacer de su resiliente amigo de la infancia Sebastián Figueras director de la COI (Cadena de Ondas Ibéricas propiedad del magnate Fermín Ribera), consigue trabajo como realizador en un programa ñoño de madrugada de esa cadena llamado (un tanto afectadamente) “Tristeza de Amor” (1). Figueras le garantiza libertad de movimientos pero ficha sin su conocimiento a una de sus múltiples enemigos, Carlota Núñez exitosa presentadora de programas matinales de radio dirigidas a mujeres con laca y boatiné algo venida a menos y con bastantes pelos en su gatera sentimental. Carlota cree atravesar un casto affaire amoroso con el viejo Ribera que se debate entre la presión de su ingle (Carlota aún está de muy buen ver) y su honor, dignidad y deseada carrera política como líder de la derecha más casposa. Finalmente se inclina por esto último y decide darle una ocupación a su amiga en forma de programa nocturno que le tenga alejada de su foco fotográfico. Carlota, que dista mucho de ser una rubia tonta, detecta la jugada y se deja llevar porque acepta con resignación que desde su escandalo con Machaquito (el diestro más seductor de todo el escalafón) no resulta un buena influencia para viudos decentes y con proyección.

Figueras cierra nuevos fichajes heterodoxos para el corralito de Carlota y, como es un hombre de palabra, siempre de espaldas a Ceferino. Y así entran en el roster del programa: Walter Heredia, un poeta afectado y generoso, Damián Pereira, un alcohólico entrevistador, Lita Garcia la administrativa en busca de novio formal y Saturio un técnico de sonido castizo y socarrón.

Arranca pretendiendo ser un programa nocturno de llamadas de solitarios y desengañados con entrevistas en la intimidad, música somnífera y poemas recitados por el viejo Werther (seudónimo artístico de Walter Heredia que la audiencia nocturna más escéptica transformó inmediatamente en el viejo verde), pero la fortuna que es escurridiza concede sus dones al vate y su sección inicialmente de escasos diez minutos engulle el programa a golpe de llamadas de señoras emocionadas y caballeros sentimentales. Además el programa triunfa en su franja y se convierte en el más escuchado de la madrugada nacional.

La vida discurre por fin de una manera agradable para el bueno de Ceferino, sus copas con Damián en el top-less de la calle Orense cercana a la emisora, un flirt con Lita muy satisfactorio para ambas partes, su piso de alquiler muy coqueto que puede desordenar a sus anchas, su timba de póker en la trastienda del top-less (hagamos un paréntesis en este punto y expliquemos que en una de esas partidas ahumadas y grasientas, Ceferino le aguanta el desplante a un chuloputas con gafas de sol y le saca a la carta más alta la bonita cifra de diez millones de pesetas). En fin una bicoca de vida, hasta que movido por su consabida falta de contención confirma a su amigo Figueras a colación de algunas decisiones del dueño de la COI sobre la línea del programa que “el viejo Ribera es un cantamañanas cursi y casposo” en un tono de discoteca justo en el momento que éste irrumpe en la emisora a la busca de aquel.

El dueño de la COI además de cursi y casposo (y tal vez cantamañanas también aunque este extremo es más difícil de demostrar) es muy rencoroso (ya disponía de malas referencias sobre Reyes antes de contratarle para el programa pero tanto insistió Sebastián y tanto confiaba en el que no supo negarse) y esta afrenta se la guarda a Ceferino en el fondo de su corazón y de su empresa. A la mañana siguiente llama a Figueras y le traslada su decisión irrevocable de no prorrogar el contrato de Reyes para la próxima temporada. Este se revuelve con argumentos relacionados con el éxito del programa y el buen hacer de su amigo pero el rencor pudre al viejo y se muestra inflexible. Figueras informa a Ceferino de la decisión del Jefe máximo de la COI y este en una respuesta especular jura venganza al grito de “ese viejo no me toca más los huevos” que el susodicho, oportuno donde los haya, escuchó de nuevo al entrar inopinadamente en el despacho de su director favorito.

El programa va viento en popa con el viejo verde como líder de facto respondiendo a diestro y siniestro a todo tipo de consultas más sentimentales que poéticas con un aplomo y delicadeza propias de la añorada señora Francis. En una ocasión un cincuentón acomodado y con bigote le pidió matrimonio por las ondas y tras recibir una tierna negativa: “estoy felizmente casado con el amor de mi vida, amiga, compañera y amante perfecta”, el despechado se presentó días más tarde en la emisora para insistir sobre la conveniencia del enlace a pesar de todo. Carlota se aburre, el viejo Ribera preocupado por su carrera política en ciernes ya no la saca de paseo y el programa no requiere casi de esfuerzos por su parte mientras Walter siga entre las preferencias de la audiencia así que, tras arrojar toda clase de pelos a la mar, se dedica a recordar viejos tiempos con Ceferino en los múltiples bares nocturnos que el norte de Madrid ofrece a adeptos y aficionados y en estas estaban cuando prende la llama y esta extraña pareja se lía en un romance tórrido. Y claro el amor (aunque sea pasajero), que todo lo puede, transforma a Carlota en la mejor aliada de Ceferino para materializar su deseada venganza contra el viejo Ribera que no nos olvidemos fue noviete de aquella.

Se acerca el final de la temporada y por tanto también el del contrato de Ceferino y éste no dispone de nada contra el viejo. Pero ocurre lo inesperado una noche Damián muere con el hígado reventado y los pulmones negros y entre estertores le susurra a su amigo atisbos de lo que parece una información relevante. Con esas pistas deslavazadas Ceferino contrata a una antigua compañera e investigadora de escándalos del corazón, le pasa las pobres informaciones que su amigo Damián le escupió antes de morir y ésta, junto con su hierática ayudante (una marimacho con ojos azules y aspecto candoroso) y tras cobrar cientocincuentamil pelas de adelanto, inicia una investigación que le llevará a encontrar el punto débil del dueño de la COI, el poderoso Fermín Ribera.

Damián, el fiambre, pertenecía a la plantilla de la COI desde hace más de veinte años, nadie lo comprendía, una alcohólico sin posibilidades de regeneración y sin dar un palo al agua cuatro de cinco días se levantaba una pasta todos los meses a cuenta de Ribera. Damián era a todas luces el caballito blanco del viejo, su protegido. Y Elvira, la investigadora, lo averiguó tras husmear por todos los rincones por los que Ribera dejaba algún rastro, Elvira lo cazó. Fermin Ribera soberbio y arrogante se pretendía un experto en pintura, especialmente en el barroco español y se pavoneaba por galerías y exposiciones. Pero por la boca muere el pez y le engañaron como a un querubín, le endosaron un Murillo falso por el que pago una fortuna. Debía recogerlo en Amberes tras adelantar el dinero y allí se desplazó con dos damas de compañía, Damián Pereira periodista joven y prometedor de una revista de arte (borracho pero culto e intuitivo en materia artística) para que diera difusión al savoir-faire en materia de pintura barroca española del fenómeno Fermin Ribera y un tasador de obras de arte de una galería amiga. Al llegar al punto de encuentro, el tasador desveló la estafa, el periodista se descojonó y Ribera sobornó a uno y regaló un contrato mayúsculo de por vida a otro a cambio de su silencio eterno, “Fermin Ribera no se puede permitir jamás ser el hazmerreír del país”.

El viejo en medio de su precampaña política para llegar a ser el líder de la derecha más seria y eficaz del país (conferencias en ABC, en el Ateneo, en el club siglo XXI) entabló una relación sentimental con una pianista rusa muy bella y de hipnotizadores ojos azules llamada Catalina Yamanova refugiada en España por turbios asuntos de contraespionaje a la URSS. El político Ribera no podía permitirse ningún desliz pero la bragueta empuja mucho y tomo la decisión de encontrarse con la rusa en un escondite que poseía en Mallorca desconocido para el mundo mediático.

Pero Ceferino en una operación final planeada al detalle y en colaboración con Carlota, Elvira (con la marimacho) y su sobrino Blas, un perezoso oportunista que por dinero se apunta a un bombardeo, descubre a Ribera con su amante, desvela la estafa que sufrió el viejo y con ambas informaciones vende unas exclusivas a las revistas de mayor tirada del panorama patrio por cantidades de dinero inmorales. Ribera se hunde y se retira de la vida social y política.

Y Ceferino cumple su sueño, se va a Australia a pulir los quienientosmil dólares que tras cumplir con todos sus compromisos le quedaron limpios de todo el affaire Ribera. Carlota le lleva al aeropuerto, se dan un largo beso de despedida. “Volveré en unos cinco años, calculo y espero que aun andes por aquí”. “Es difícil saberlo, las cosas con el viejo van muy lentas y ya sabes que aspiro a ser la señora de Ribera. Pero bueno…, prueba a llamarme”.

 

Notas para el Storyboard de la segunda parte de Tristeza de Amor

(Madrid, 1989)

Al igual que la Paloma de Alberti, Ceferino Reyes se equivocaba. El dinero solo le alcanzó para escasamente tres años al final de los cuales y con el capital justo para el viaje y primeras urgencias, nuestro protagonista regresa de Australia con más pena que gloria. Y otra vez Carlota le va recoger al aeropuerto pero en esta ocasión sin beso. “Mira, Carlota te he traído un regalo típicamente australiano”. Y saca de su maleta, sin envoltorio o pastiche alguno, un boomerang en madera exótica de color caoba que Carlota se queda mirando, indolente sin comprender (o acaso sí) el profundo simbolismo de tal cachivache.

Carlota le aloja durante unos días (“hasta que encuentres algún piso que te convenga, pero no te duermas, que te conozco Ceferino”) en la habitación que dejo vacante su sobrina Leticia que en tres años de desplazamiento en la capital del reino para sacar el COU de ciencias no consiguió pasar de tres asignaturas y su madre, la hermana de Carlota, le rescindió el salvoconducto, le emitió otro con destino el internado de las Jesuitinas cercano a su Ávila natal y abroncó a su hermana la bohemia por su relajación. Aprovechó este tiempo Carlota para poner al día a su viejo amigo de las novedades más relevantes de estos últimos tres años, a saber: El viejo cayó en desgracia para el todo Madrid, dejó la política y vendió la COI (adivina a quién) se retiró a descansar a su casona de la montaña y al poco de so le dio un patatús que le dejó medio gaga. Tuvo que ingresar en una Residencia de Descanso donde Carlota le visita todos los días, esfuerzo este por el que espera ser remunerada en forma de contrato matrimonial aunque sea por poderes, a fecha de hoy sigue picando piedra; la Yamanova en cuanto aspiró la chamusquina se abrió de par en par y se fue a tocar el piano y contraespiar a sus anchas a la costa Oeste; Figueras compró la COI (adivinaste) y poco a poco la está sacando de la postración en que la dejo el escándalo de su dueño y el consiguiente abandono de sus mejores profesionales (un buen puñado pescadores en forma de emisoras de la competencia fichando barato en río revuelto); a Lita la sacó de la COI aquel novio que se echó durante el programa (sí, ese, el enfermero de La Paz) que devino en marido y que se rumorea que la pega.

“Y en cuanto a mí, además de preocuparme interesadamente de Ribera y su estado de salud, presento un programa dominical gastronómico, de 11 a 12h,… yo, que no se cocinar ni un sándwich mixto. Todo por cortesía de Sebastián, claro está. Por lo demás, paseo, voy al cine, salgo poco y te he conseguido olvidar, mi querido Ceferino y pretendo seguir disfrutando de esa paz ¿Queda claro?”

Y le quedó tan claro que en menos de una semana encontró un pequeño piso viejo y rancio en Lavapiés por un misérrimo alquiler que excedía en mucho su calidad (sin ascensor, con algunos insectos a pensión fija y a 125V).

Figueras aceptó (o fingió aceptar, es difícil de saberlo) de buen grado su llamada y su regreso. Le invitó a comer, Ceferino aceptó encantado porque necesitaba urgentemente variar su alimentación monótona y poco nutritiva a base de bollería y queso en porciones.Tras los postres se pudo escuchar: “Me alegro mucho de que hayas vuelto, Ceferino, créeme, no hay muchos profesionales como tú en las ondas en estos tiempos… Tienes tus cosas pero me encantaría poder trabajar contigo de nuevo en algún proyecto especial”. Ceferino le roba un pitillo a su amigo alegando una economía precaria que le tiene desahumado desde que regresó. “Mira Sebastián, yo no quiero humillaciones como con… Vamos nada de programitas “especiales” de música gregoriana para oyentes de madrugada”. “Jode, Ceferino, sigues teniendo el mismo carácter insoportable de siempre y ese orgullo malentendido de tu generación, aquellos luchadores de nada. No te ofrezco limosnas, en realidad quiero que produzcas la rentré de Tristeza”. Ceferino calló, fumó, apuró el segundo café, se mesó el bigote de morsa, se levantó y por fin se manifestó”. “Vete a la mierda, Sebastián. Y por cierto tú pagas esto”. Y se fue.

A la reunión de lanzamiento de la nueva época de Tristeza de Amor asisten Sebastián Figueras en calidad de Director de Programas y flamante dueño de la COI, Walter Heredia (el viejo Werther) generador de contenidos, Carlota Núñez conductora del programa y Ceferino Reyes productor. Figueras introduce las líneas básicas del programa: menos contenido sentimental que en la primera época y algo más de carne y entrevistas con personajes polémicos del mundo del colorín. Ceferino protesta, no le gustan los programas basura y no está dispuesto a producir un programa semejante y pide que no cuenten con él para ese viaje. Walter simplemente se despide, alega asuntos urgentes en Londres y se pone a disposición de la dirección de la COI para encontrarle un sustituto.

Son las 22,30h del lunes 9 de Octubre y todo el equipo de la nueva época de Tristeza de Amor (se descartó de plano ningún cambio en tan acertado nombre) ocupa sus posiciones de batalla, nerviosos pero ilusionados, incluso Ceferino Reyes, la cifra de su recién firmado contrato le ayudo a deglutir semejante batracio. La dirección del programa quiso dejar claro a la audiencia con que se podrían encontrar de ahora en adelante entre sus contenidos y para ello programaron como plato fuerte una entrevista en directo de Carlota a Antonio Fuertes Lucio, un novel artista de variedades travestido con nombre artístico Rosa de Sangre que abre las noches del Gay Club cuando todavía no hay casi publico haciendo play-back de copleras famosas y temperamentales.

Antonio alto, musculado y con pelucón destaca sobre el resto de las personas del equipo del programa. “Así que Toni usted asegura… ¿prefiere que le llame Toni, verdad?” “Sí, Carlota y no me trates de usted por favor…” “De acuerdo, Toni, así que… aseguras que tus padres mandaron a alguien al club para ver tu número y confirmar lo que rumoreaba por tu barrio, ¿es así?” “Si, Carlota como tu explayas. Mandaron al pobre de mi primo Cosme para hacer de chivo expiatorio (sic) y predicar todo lo mío a mis padres. Yo le vi entre el público y luego le vi otra vez irse motu propio”, Carlota se retuerce “¿motu propio?, ¿qué quieres decir con eso, Toni?, ¿qué lo ideó todo él?”, “no, que se fue en la Vespino de mi padre”, Ceferino jura. “Bien, Toni y ¿qué pasó días después de esto?” “Pues mira Carlota, te cuento, estaba yo cantando Tatuaje en el club, muy entregada, así como al estilo de la Piquer y alguien entró a coz en grito, empujando a la gente y tirando sillas y mesas, era mi padre hecho un energúmeno. Saltó al escenario, me agarró del pelo, claro que como era peluca se quedó con ella en la mano, arrojó la peluca contra la pared y volvió a cogerme del pelo, esta vez el de verdad y me bajó arrastras al suelo con el condestable (sic). Y decía: ¡maricón de mierda, ya te voy a enderezar yo a hostias…!”.

Con contenidos como este Tristeza de Amor confiaba en abrirse camino en su franja horaria, pero no fue así sino más bien al contrario. Figueras lo controlaba completamente y así y todo no conseguía levantar el programa. Así que decidió dar otro golpe de timón y empezar a contar historias propias, con morbo, escandalosas.

“Señores vamos a traer a unos invitados muy conocidos por todos nosotros para contar historias también muy conocidas en la casa”. “Sebastián, que te veo venir y no me gusta nada como le huele la orina al enfermo”. “No seas suspicaz Ceferino, que con lo que te levantas al mes creo haberme merecido un poco de confianza”. Figueras no quiso desvelar su jugada ganadora y se emplazaron para la emisión de próximo miércoles.

Cuando Lita se sentó junto a Carlota dentro de la cabina, Ceferino estalló, comenzó a dar gritos y a jurar que cortaba la emisión. Figueras trató de calmarle y le aseguró que todo estaba pactado. “Pero Sebastián, no te das cuenta que en cuanto salga Lita de la emisora le estará esperando el energúmeno ese que tiene por marido y la va a matar de una plaza, pero no ves cómo lleva el ojo y el pómulo…”. “Tranquilo Ceferino hemos hablado con Andrés, el marido, y está de acuerdo con que Lita cuente…su vida, nos ha costado un poco caro pero se ha conseguido, parece ser que el tipo quiere comprarse una casa en la Sierra”. “Mira Carlota, Andrés me quiere con locura pero tiene un pronto algo brusco y además yo no ayudo porque soy débil de entendederas y no le puedo seguir el ritmo…”.

Esa noche Carlota le propuso a Ceferino tomar una copa en el top-less de siempre. No lo encontraron, se había convertido en un OpenCor, así que compraron dos botellas de whisky y unos sándwiches de esos de plástico y se fueron para Lavapiés en el coche de Carlota (ella fue la que propuso jugar fuera porque no podía permitirse que le llegara al viejo Ribera ningún rumor indecente). “Hijo, con lo que ganas ya te podías haber permitido un cambio de aires porque aquí se respira un ambiente rancio que apesta”. “Ya, ya se cómo me dices pero no me fio de Figueras y su basura y me huelo que yo no voy a disfrutar del lujo económico durante mucho tiempo”. Se emborracharon, Carlota juró desconocer los preparativos de Figueras respecto a Lita y a los invitados sorpresa que aún estaban por entrevistar y acabaron follando algo incómodos porque la cama de Ceferino no daba para más.

Y llegó el día, en la cabina: Elvira la investigadora, Yamanova la pianista, Blas el sobrino de Ceferino que seguía detentando los records mundiales de cinismo, morro y pereza mayúscula pero también un apego al dinero fácil que superaba cualquier atisbo de pudor que le pudiera quedar y, sorpresa mayúscula, Sebastian Figueras que sustituyó esa noche a Carlota Núñez por una indisposición repentina de ésta. Y Ceferino paralizado, con aspecto de sufrir una congelación de tercer grado tuvo que escuchar como esos tres personajes relataban pormenorizadamente como se fraguó su venganza para con Fermín Ribera su jefe y benefactor y tuvo que escuchar a su “amigo” Sebastián Figueras esbozar un retrato robot de su perturbado carácter y de su particular falta control amen de un lenguaje poco adaptado a los cánones de la radio seria (y se acompañó esa afirmación con unas grabaciones de algunas salidas de tono de Ceferino) y animar a la audiencia a seguir atentos a las próximas emisiones del programa para conocer el desarrollo de tan emocionante historia.

“No te quejes Ceferino, que esta historia nos va a relanzar y en breve nos instalaremos en el número uno de audiencia, ya lo veras, además ande yo caliente y ríase la gente, ¿no te parece?”. Este último y juicioso refrán alcanzó a oírlo Ceferino cuando ya salía del estudio 3 de la COI mientras restregaba unas lágrimas de rabia con la palma de su mano.

 

ABC 29 de Noviembre de 1989

Agencias

En el día de ayer se registró un incidente en la emisora de la COI de Madrid mientras se emitía un programa nocturno diario. Al parecer y según testimonios de los allí presentes, Ceferino Reyes productor del citado programa irrumpió en el estudio provisto una pistola neumática y varias decenas de bolas de billar que disparó a gran velocidad contra la cabina de emisión que quedó destrozada tras la agresión. Un testigo directo aseguró que oyó gritar al presunto autor “a mí no me compráis con limosnas, miserables”. Solo hubo que lamentar tres heridos leves por cortes superficiales producidos por las partículas de vidrio que salieron despedidas tras la rotura del cristal de la cabina de emisión. Fuentes de la policía nos notifican que Ceferino Reyes se encuentra en estos momentos en paradero desconocido aunque sospechan de una posible huida a Australia, país este por el que el sospechoso siente especial afecto.

 

 

  1. Título homónimo de un famoso tema de Hilario Camacho que forma parte de la banda sonora de la serie

 

Joseba Molinero