La tristeza del sabio

 

¿Acaso hubo una vez vírgenes once mil?

Pregúntase el sabio, dubitativo,

Duda que eriza su barba de chivo,

Duda que mucho enardécele el astil.

 

Tanto virgo presto, ¡mundo conejil!

Tanto miembro enhiesto, ¡mundo lascivo!

Feliz paraíso, ¡edén chupativo!

¡Ay! ¡Pobre ciruelo hoy de mano pajil!

 

Malhadado Atila, pérfido huno,

Matáronlas, a vírgenes y Santa.

Pase lo de Úrsula, de belfo osuno,

 

Pero ¿ellas? Ninguna era suripanta.

¡Once mil! Hace falta ser porcuno,

De once mil palos le daba, somanta.

 

Roberto Sánchez