Lorenzo Gomis

Enviado por maestresala el Mié, 24/02/2021 - 13:37

Lorenzo Gomis

 

 

EL VIAJE

Voy a empujar por fin todos estos despojos,
los hijos, los pecados y todo lo que pesa,
hacia ti, que me esperas al otro lado del río,
mi colina olvidada, mi Dios, mi compañero.

Cuando miro la tierra, las piedras, las raíces
que tanto han ocupado mi atención sospechosa,
comprendo que prolongo torpemente el viaje
hacia el sol de tu casa donde baño mi vida,
donde aprendo los cantos del aire consagrado
por el ritmo profundo de tu pecho amoroso.
Hacia ti mis pecados, mis hijos naturales,
caminan con oculta ilusión y alegría
porque saben que tienes un agua entre las manos
que la boca que bebe ya siempre la persigue.
Por eso con más prisa redoblo mi deseo
de llegar a la tarde,  cuando cierras el libro
y miras con tranquilo cariño el horizonte,
esperadno la nube de polvo cotidiano.
Hacia ti, pues, me acerco con estas bestezuelas
tan sucias, mal peinadas, que no saben de letra
y viven en mis brazos ignorándolo todo,
excepto la sospecha del agua que repartes
cuando llega el momento de la sed necesaria.
Ahora es el momento, ahora que se mueven
con difícil pereza los brotes en el árbol,
ahora es el momento de que brote escondida
en tu dulce costado mi pequeña ternura.
Con la sabia sonrisa del hijo preferido,
me acerco de puntillas al árbol prodigioso
de tu voz que se eleva sobre todos los mundos,
para ver si me abrazas, desbordando la orilla,
para ver si tú río caudaloso me besa
debajo de los pinos de silencio invisible.
Ya no quiero moverme de la paz de tu rostro,
ya abandono en tus manos el microbio del tiempo,
ya me dejo en tus dedos mis antiguos juguetes
— los hijos, los pecados,  la piedra de la historia —,
y me lanzo desnudo a la hirviente marea
de tu voz  que me acuna con cariño de siglos,
y me lanzo desnudoa a la ardiente garganta
de tu amor donde rueda tu perenne sonrisa.

 

EL CUCHILLO

 

Ignoro si no sabes el cariño
que en los ojos del perro se consume,
inútil como brasa que se deja
después de la merienda de verano.

Ignoro si no sabes que se pierde
mucho mar en las noches calurosas
y hay olas de furor bajo la tierra
qu sonrojan los árboles de otoño.

Ignoro si no sabes que la abeja
aprovecha la miel del mediodía
y la cera del sol cuando resbala
por la cara llorosa de la tarde.

Ignoro si no sabes que las olas
se pierden muchas veces en la playa,
muy cerca de los pies de los pequeños
que esperan quietecitos en la arena.

Ignoro si no sabes que mis labios
embisten muchas veces tu sonrisa
y que en vano naufragan mis palabras
en el puerto difícil de tu oído.

Ignoro si no sabes que mis ojos
ocultan un cuchillo cuando miran,
un pequeño cuchillo, enamorado
de la paz que rodea tu garganta;

y que voy a beberme, como un crío,
una lluvia de flores en tu sangre,
¡que ya me estoy bebiendo, alegremente,
tu sangre que me quiere a borbotones!

 

Lorenzo Gomis

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