La literatura y la vida están hechas de la misma materia. Habría que juntar las cosas de la vida durante años para sostener una novela corta, un cuento. El tiempo de la vida no es el de las novelas. En la vida las cosas suceden lentamente y su contemplación somnolienta nos puede llevar al error de creer que apenas cambian. A veces, sin embargo, las cosas suceden de prisa y de modo imperceptible, como esas luces que se encienden y apagan sin que el ojo lo advierta. El escritor ha de estar atento a los tiempos largos, pero también a aquellos más rápidos que el parpadeo, que no se ven pero se intuyen, donde a veces está la clave de los acontecimientos.
Las novelas y los cuentos son los trozos de vida condensada, sin espacios vacíos. Los asuntos suelen estar a la vista como la carta de Poe sobre la mesa. Hay escritores de la imaginación y los hay de la memoria, los que necesitan panorámicas, batallas con muchos figurantes, y los que siempre están contando la misma historia con pocos personajes. Cada cual escribe de lo que puede, pero sólo funciona si escribe de lo que sabe. El escritor es como el chamarilero que rescata sus pecios donde otras personas menos entrenadas sólo ven cacharros apilados. Escribir sería entonces un intento de ponerle algún freno al olvido, la recuperación de personas, lugares, sensaciones que se perderían definitivamente si no fueran fijadas por escrito. Los escritores de la memoria no tiran sólo de lo que fue sino también, a menudo, de lo que pudo ser, de lo que vieron. les contaron, se figuraron.
Escribir es elegir. Son tan legítimos en literatura los hechos llamativos como los sacados de la vida corriente. No es verdad ese tópico de que para escribir es preciso haber vivido mucho. Sí que ayudan los años, porque informan de los cambios, a veces contradictorios, que se van dando en la forma de mirar. Julio Ramón Ribeyro pronto se dio cuenta de que no escribiría una novela comparable a las de sus coétaneos del Boom. Más tarde comprendió que tal vez su obra mayor fueran sus anotaciones de la vida corriente. Y quedó La tentación del fracaso : "Trato de narrar algo de lo cual he sido testigo real o imaginario. algo que ocurrió en mi contorno o que inventé pero que me impresionó y que me parece que da una versión subjetiva, tal vez parcial, pero nunca falsa de mi realidad, generalmente sombría o inaceptable, que yo trato de imponer a mis lectores apasionadamente".