Ulysses

Enviado por maestresala el Lun, 15/04/2019 - 22:37

 

Ulysses  es el dios creador en Joyce, un demiurgo real que le salvó de la confusión en el mundo físico y mental y los contempla con consciencia escindida. El es para Joyce lo que Fausto para Goethe, o Zaratrusta para Nietzsche. El es el yo superior que vuelve a su casa divina después del ciego enredo en samsara.  En toda la obra ningún Ulysses aparece; el libro mismo es Ulysses, un microcosmos de James Joyce, el mundo del yo y el yo del mundo ambos en uno. Ulysses puede volver a casa sólo si ha dado la espalda al mundo de la mente y  la materia. Este es seguramente el mensaje subliminal de ese dieciseis de junio de 1904, un día convencional en la vida de cualquier hombre, en el que personas sin importancia, despaciosamente, hacen y dicen cosas sin causa ni fin - un cuadro en penumbra, en sueños, sardónico, negativo, feo, diabólico, pero cierto. Escenas que podrían provocarle a uno pesadillas o el humor de un miércoles de ceniza cósmico, tal como el Creador podría haber sentido un uno de agosto de 1914. Después del optimismo del séptimo día de la creación el demiurgo debe haber sentido un poco difícil el identificarse con su obra. Ulysses fue escrito entre 1914 y 1921 - con escasas condiciones para pintar un cuadro alegre o para tomarlo amorosamente en sus brazos (tampoco hoy dia en ese mismo sentido). ¡Así no es extraño que el demiurgo del artista esbozara una visión negativa, tan blasfemamente negativa que en los países anglosajones el libro fue prohibido para prevenir el escándalo al contradecir la historia del Génesis! Y es así como el incomprendido demiurgo llegó a ser Ulysses en busca de su hogar.
Hay tan poco sentimiento en Ulysses que deber ser placentero para todos los estetas. Pero asumamos que la consciencia de Ulysses no es una luna sino un ego que posee juicio, comprensión y un corazón sentimental. Entonces el largo camino a través de dieciocho capítulos no sólo no tendría encanto sino que podría ser un camino al Calvario; y el vagabundo, sobrepasado por tanto sufrimiento y locura, se hundiría en la noche de la Gran Madre, que resulta ser el comienzo y fin de toda vida. Tras el cinismo de Ulysses hay una gran compasión; él conoce los padecimientos de un mundo que no es ni bello ni bueno y que, peor todavía, rueda eternamente sin esperanza repitiendose cada día la conciencia humana en una danza tonta a través de las horas, los meses y los años.

Carl Gustav Jung