La era Battiato

Enviado por maestresala el Jue, 21/05/2026 - 13:07

Él​

 

Para medir el tiempo, las distintas civilizaciones han recurrido al calendario solar, lunar, azteca, chino... Pero hay un tiempo más difícil de contabilizar, pues pertenece a otra dimensión: los ciclos cósmicos. Así, el Kali Yuga, uno de esos conceptos tan propios del universo Battiato, sería un periodo de decadencia, oscuridad y tinieblas en el que nos encontramos. La mala noticia es que dura unos 432.000 años y apenas hemos recorrido 5.000 bajo ese signo contrario. La buena es que hay luz al final del -largo- túnel: es la era del jabalí blanco a la que se refería el músico siciliano en la homónima canción. En este estado de cosas cósmicas, podemos sentarnos a esperar o acogernos a consuelos más próximos, como las canciones de Battiato, y coquetear con la idea de que acabamos de inaugurar una era más benéfica que lleva su nombre.

Cuando faltan apenas un par de días para que se cumpla un lustro de su muerte -el Etna, tan próximo a su casa de Milo, se despidió entonces del músico con inesperadas erupciones-, los seguidores de este artista místico y ya mítico comprobamos con júbilo que su luz no se ha apagado; al contrario, como el volcán que lo vio crecer, atesora una vida impredecible, de gran fuerza latente, aunque su paso por la Tierra haya concluido. La exposición que se dedicó en Roma a su figura, las nuevas películas ('La voce del padrone', 'Il lungo viaggio'), biografías (canónicas, como la de Aldo Nove, o más personales, como la de este redactor, así como análisis de sus letras bajo un ángulo más místico: 'Battiato y la búsqueda espiritual', de Antonio García Martínez) y los innumerables homenajes (como el del próximo 20 de mayo en el Consulado Italiano en Madrid) nos hacen pensar que quizá el ciclo cósmico de Battiato no ha hecho sino empezar. Como si lejos de todas sus leyes, parafraseando al maestro, nos sintiéramos infelices, más dentro de las sombras que de la luz.

Battiato -y de ahí la importancia de abrazar la era battiatiana- nos abrió las puertas hacia esos estados de paz que reivindica en temas inmortales como 'La sombra de la luz', uno de los más bellos cantos al poder de la mística. Nos recordó la necesidad de acercarnos a la paz de ciertos monasterios, de convocar la armonía vibrante de todos nuestros sentidos, conscientes de que, a pesar de todo, apenas tocaríamos la sombra de la luz, la punta del iceberg del mundo sutil, prodigioso antídoto no tanto para alcanzar una dicha constante como para poner coto a esas «fuerzas contrarias» de las que habla la canción citada.

Ese fue uno de los valores de la obra de Battiato; si bien cantó a lo humano, a la experiencia «sensualísima» que era ver bailar flamenco, o a ese animal que te roba todo, «hasta el café», también se movió con especial soltura en las «zonas más altas». Porque nada de lo humano le era ajeno, pero tampoco nada de lo divino quedaba fuera de sus intereses más profundos. Para él, todas las religiones eran iguales, ninguna mejor ni peor, ni más verdadera ni más falsa: a todas les unía la búsqueda de Dios, que esperaba en la cima, y cuya conquista, por los caminos que cada uno tomara, requería de paciencia. El viaje merecía la pena: uno descubría que su presencia venía cargada de un amor puro capaz de sanarnos. Así lo canta en 'La cura', pero también en 'Y te vengo a buscar', canciones que a priori parecen de amor convencional, pero que encierran un amor mucho más trascendente.

En una época (¿el punto más bajo del Kali Yuga?) en que los mensajes más virales llegan de tiktokers que gimotean ante la cámara, de cantantes de reguetón con mensajes hipersexualizados o políticos delirantes con megalomanías nunca vistas (qué actual suena hoy la canción 'Povera patria' en según qué latitudes), Battiato se erige como un valioso modelo en el que inspirarse. Quien se acerque a su vida más allá de las canciones descubrirá todo un camino del héroe que lo llevó a lo que Nietzsche exigía para el común de los mortales: llegar a ser quien eres.

A Battiato le costó, pero lo logró. No solo llegó a ser quien era, sino que construyó la versión más depurada de sí mismo. Así, tras años de errancia, de vagabundeos siniestros que lo llevaron a plantearse el suicidio, dejó atrás el camino de la música melódica de pelotazo fácil y trazó su propia hoja de ruta, lo que podríamos llamar 'la vía Battiato'. Casi diez años de dulce encierro abrazado a su sintetizador VCS3 con el que compondría discos tan sublimes como 'Sulle Corde Di Aries' y un viaje hacia el interior de sí mismo apoyado en la lectura de textos sagrados de diversas tradiciones. Un puente entre Oriente y Occidente, pero también hacia su propia realización, a la que conminaba uno de sus maestros, el George Gurdjieff del Cuarto Camino, que insistía en tomar aquel sendero de perfección que conduce a los niveles más elevados de conciencia sin necesidad de hacerse monje, yogui o faquir.

En 1977, el músico nacido en la provincia de Catania lanzó uno de sus últimos discos de música electrónica y experimental. Lo llamó simplemente 'Battiato'. Ya estaba listo para comprar un par de alas y abandonar su planeta de uno y entregarse al otro, a los demás, preparado ya para recorrer su propia vía y abrazar un doble éxito: el artístico y el personal. 'La voce del padrone' se convirtió en el disco más vendido en Italia y a su vez marcaba el inicio de la era Battiato

Eduardo Laporte

 

Despedida​

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