Informe “in posterum” FB-187/78 elaborado por el funcionario CC30H16
Recibo y doy cumplimiento al encargo del Gobierno Confederal de redactar el presente informe para dejar testimonio a generaciones venideras de la grave crisis global que apenas acabamos de superar dando fin a los últimos focos rebeldes.
Así fueron los hechos: los hombres han dedicado lo mejor de sí mismos en pos del sueño milenario de vencer a la muerte, desde los brujos y curanderos de la más oscura antigüedad hasta los actuales científicos con los más fabulosos hallazgos, sumando todos su conocimiento al de quienes les precedieron. Pero como hace tanto tiempo Julio César, se cruzó un Rubicón en este empeño cierto día del quinto mes de 2267. Para ser rigurosos no se puso fin al fin, tan solo se supo cómo detener el proceso de oxidación celular de forma que el transcurso de un año de vida apenas significara unos pocos minutos de envejecimiento. Después de numerosas, laboriosas y detalladas pruebas que verificaron su infalibilidad se dio a conocer al mundo cinco meses después y se implementó de forma masiva en apenas cuatro años en forma de simple vacuna. “Alea iacta est”, la suerte estaba echada.
Tan solo hubo de transcurrir un cuarto de siglo para notar los efectos sociales de nuestro éxito. Los humanos dejaron de morir pero no de procrear. En tres generaciones la población mundial se había sextuplicado. La necesidad de espacio fue arruinando tierra fértil mientras la demanda de alimentos se multiplicaba. Ésta hizo escalar los precios de forma continua y generalizada. Los bienes no alcanzaban para todos.
De forma progresiva, ante la imposibilidad de que los más jóvenes sostuvieran económicamente a todas las generaciones precedentes, hubo de imponerse la prolongación de la vida laboral hasta la edad actual de ciento sesenta años. Ésta se fijó a mediados del siglo XXIV; aún así sus proyecciones demográficas aseguraban que ese límite debería superarse antes de alcanzar el XXV, y ello con una carga impositiva del ochenta por ciento y penas severísimas para quienes eludieran esta obligación.
El Gobierno Confederal impuso el sistema de hijo único, pero muchos ciudadanos burlaban la medida fingiendo como naturales gestaciones múltiples que realmente habían inducido o, los más acomodados, simplemente incumpliendo la obligación por mayor que fuese la sanción económica que esto acarrease. Estos empezaron a proponer que fuese un hijo de media por pareja, de forma que el Gobierno forzara la esterilización de la mitad más pobre permitiendo superar dicho unigénito al diez por ciento más rico. Otros estimaban como injusto el derecho general a la longevidad, proponiendo la pena de muerte como castigo para casi cualquier delito.
2511 fue el año del desastre. El Gobierno tuvo que asumir la imposibilidad de mantener el sistema y fijó en doscientos cincuenta años el límite de vida. El día siguiente de cumplida la edad se daría muerte a los individuos de forma digna e indolora. En apenas cinco años empezaría a eliminarse a los primeros vacunados. La revuelta fue inmediata y se vino a sumar a las que ya existían, fuesen estas por la escasez de recursos o por todas las medidas que se habían adoptado antes y que a la postre resultaron ineficaces. El terror que supuso conocer anticipadamente el día de la propia muerte generó una violencia hasta entonces desconocida, que el Gobierno se vio obligado a reprimir de forma implacable.
Se constituyó en secreto un grupo de expertos que pudiese revertir los efectos de la vacuna. No tardaron en desarrollar una fórmula que debía implementarse discretamente ante la resistencia de la población. Se diseminaron compuestos por el agua y el aire que rápidamente debilitaron notablemente, aunque no anularon, sus efectos. Actualmente se fallece de forma natural y sin poder anticipar la fecha exacta a una edad media ligeramente superior a los doscientos once años. Solo una élite muy reducida sabe la verdad, lo que se ha divulgado es que la vacuna ha perdido sus efectos por causa desconocida y que una nueva vacunación podría dar lugar a mutaciones monstruosas.
Hemos debido sufrir grandes convulsiones sociales hasta llegar aquí. La represión gubernamental se ha acompañado con una colosal campaña de propaganda que afirma que nuestros mejores científicos han abandonado por arcaico el proyecto de inmortalidad de la materia para centrarse en la del espíritu. Dicen que volveremos a nacer en nuevos cuerpos conservando nuestra memoria e identidad. Seremos inmortales de otra forma. Esto es una enorme patraña que sin embargo ha servido para pacificar a la población que parece de nuevo ilusionada. Incluso asegurando el Gobierno que tal empeño está en fase de desarrollo, ya hay muchachos que aseguran recordar su vida pretérita y buscan a sus padres e hijos anteriores para reunirse con ellos. Los asesores del Gobierno prevén que esto genere nuevos problemas que ya estudian como resolver.
La memoria electrónica que acompaña este informe revelará a sus destinatarios, a partir del año 2800, los detalles científico-técnicos de todo lo referido en el mismo. Ambos serán encriptados en una cápsula del tiempo y custodiados rigurosamente. Tal vez entonces los hombres sabrán dar solución a lo que nosotros no supimos.
Post scriptum: Si alguien está leyendo esto yo seré ya apenas una molécula de agua en el océano del pasado. Este privilegio me da valor para desafiar las leyes que penden sobre mi y advertirle: pecamos de soberbia como aquellos que quisieron alcanzar el cielo construyendo una torre. Nunca debimos desafiar a los antiguos dioses. La vida no es fruto del azar, sin duda quien la ideó sabía lo que hacía.
Carlos Fernández