El Pariente Cubano

Enviado por maestresala el Sáb, 14/05/2022 - 21:47

 

Cartas​

 


 

Un Domingo cualquiera. La gente deambula por el paseo del Puerto. Hacia mediodía los bares se van llenando, y uno no sabiendo, con claridad, que hacer opta por refugiarse en casa. Atrás queda el paso frenético de automóviles y personas. El estruendo de los motores se torna nervioso y desacompasado canto de pájaros, que revolotean en los árboles del jardín. Sopla vientosur, que va tejiendo una dorada alfombra de hojas sobre la hierba. Tras la cancela del fondo del camino ladra el perro frenéticamente. Un aire un tanto desolador se cierne sobre este retazo de naturaleza aquí encerrado.

En cuanto mejore el tiempo tengo que ir indispensablemente a Bayona a despachar unos negocios. ¡Cuándo iré a Santi Espíritu! Ayer vinimos hasta Miranda viendo nieve por todos los alrededores, y en el camino nos nevó también  un poco desde Alsasua a Pamplona. ¡Qué malas noticias tengo de Santi EspíA ritu! El cólera se ha llevado a mucha gente, y ha muerto Flora. Dios quiera que  no haya habido más novedad. Ya he recibido tu retrato...

¡Qué lástima no haber conservado los retratos! Pero en fin, he de conformarme con estas cartas. Este amigo de la familia estaba ocupado en la explotación de un  ingenio azucarero en Santi Espíritu. Y en Puerto Príncipe vivía mi bisabuelo llamado Juan. De sus ocupaciones en la isla da cuenta en carta del 6 de mayo de 1863:

...aquí habemos muchos ganaderos sin ninguno tener ganado de condición para las corridas (...) No estoy del todo descontento, me parece que a la fecha desde que llegué de esa, ya he recuperado buena parte de los gastos de mi viaje,, pero en cambio se vive aquí mortificado por el servicio doméstico, no tiene uno quien le quiera servir ni medio regular, pero no hay más remedio que ir pasándolo así...

La constante preocupación por el bienestar de los suyos se hace patente en otra carta cuando escribe: hoy doy orden a la Habana para que te remita una letra por 20.000 reales, y le sigues dando a nuestro buen padre los 15 duros mensuales que te tengo anunciados, estos como te tengo dicho que no falten ni un solo mes.

En cuanto a la situación política de la isla en ese año de 1893 señala que aquí como se habrá sabido en esa huno un intentona de revolución, pero por suerte no tuvo resultado, por hoy el país no quiere guerra, ojalá siempre pensarán igual.

 

Lancha

 

La febril actividad de este hombre queda patente en esta correspondencia cuando cuenta que no se desmonta del caballo, tanto tenía pensado ir a Chicago y lo voy viendo cada día más difícil, y lo sentiré no ir, pues estaba muy animado, y muy dispuesto a botar un pico.

A pesar de la prosperidad de sus negocios y su enraizamiento en la isla pensaba retirarse a la tierra de origen, por lo que deseaba contar con una casa que algún día me puede venir bien, según refería en carta fechada el 6 de junio de 1891. Asimismo le decía a su hermano que, A los amigos que te han hablado  para tomar alguna acción, puedes decirles que ahora no me es posible, pues tengo empleado el reducido capital mío con deseos de aumentar para algún día pasar el resto con ellos y según mis deseos.

La vuelta a Plencia se iba demorando conforme crecían los hijos. Doro y los niños pasaron sobre cuatro meses en el campo, tomando baños; Doro está graciosísima y Juancito igual y Javierito ha cumplido un año,  a Juancito le hemos puesto en los Escolapios, a  ver si adelanta, está bastante aplicado, veremos.

Surgieron nuevas complicaciones que volvieron a demorar el retorno a Plencia, así lo expresa en carta de 22 de octubre de 1902:

Según supiste por mi buen amigo Aquilino me enfermé en Agosto del pasado, teniéndome la enfermedad tres meses sin levantarme, salí por primera vez  en coche a dar una vuelta de una hora, y así poco a poco me fui a darme baños a San Diego, donde estuve cuarenta días, mejoré pero no me puse del todo bien, y aún la pierna derecha la siento floja.

Convaleciente ya, ahora estoy trabajando igual  que antes, haber si recupero tanto que perdí con la última guerra, si no logro el todo me prometo recuperar una parte, aunque lo que más siento es  no poder andar bien a caballo.

De sus entretenimientos en compañía de un amigo ,señala que, el amigo Aquilino está bien dedicado a un jardín que tiene, y una gran pareja de caballos con los que amenudo paseamos, yo también tengo una pareja, pero no como el amigo.

Respecto a sus hijos Juancito está muy estudioso en la Habana en la Universidad; Javierito con los Escolapios y la niña en otro colegio, ambos tiene profesor de piano pero aún están muy en principios, y no sé qué resultado darán. Juancito el primer año lo cumplió bien, pero me cuesta un capital.

Juancito terminados los estudios se establece en el n.4 de la calle Independencia en Camagüey como notario y abogado. Y desde allí escribe a su tío el 13 de julio de 1907. En esta carta se entrevé su próspera y cómoda vida cuando le cuenta que, El automóvil es muy bonito y bueno, pero salgo poco con él, porque no se prestan mucho las calles por la abundancia de coches y  carros, y en cuanto a carreteras solo hay un pedazo de 21 kilómetros que recorro en un cuarto de hora. Allá sí podría pasear mucho. Aún así sería novedoso y divertido entretenimiento el de conducir un automóvil de marca Loreley, que años circuló por Plencia.

Ese mismo año de 1907 se dispuso hacer el periplo europeo, con objeto de ampliar conocimientos y alternar con la llamada buena sociedad en los lugares de moda. Por lo que, Juancito, este ya abogado y notario sale para Europa estos días, y con gusto te aviso para que sepas que estará por esa, no sé cuándo ni por dónde, pues lleva itinerario fijado, pero será pronto y puede pasar allí Julio y Agosto; me mandas con él con cargo a mi cuenta el baúl o cajas con varias cajas de varias clases de escabeche, lo mejor que se pueda, las chiquitas y muy variadas, tengo presente que el cariñoso pariente Gaminde (de Arminza) me enseño unas especiales, me gustarían langostas, calamares chicos, angulas, atún, y de cuanto sea posible, igual que algunos chorizos, con lo que te digo comprenderás que lo quiero es bueno y abundante.

Transcurren los años y por fin Juan vuelve a Plencia. Pasa una larga temporada en compañía de su hermano y familia. La estancia se va prolongando y cae fatalmente enfermo, sobreviniéndole la muerte el 17 de septiembre de 1918.

 

Lancha

 

Antes de terminar estos retazos biográficos del pariente cubano, recordaré a modo de divisa personal el consejo dado por Juan a su hermano en una de las cartas manejadas:

No tengas mucha ambición que en este mundo no se necesita mucho en conformidad para vivir bien o regular

Finalmente quiero añadir que a consecuencia de la lectura de un bonito libro titulado Los puertos británicos visité el cementerio de Plentzia una soleada mañana de 1987, con el propósito de trasladar a nuestra villa aquello de que, si recorréis los antiguos cementerios de las iglesias de nuestros puertos encontrareis en ellos la conmovedora crónica de la marina (...), que es también la historia de sus puertos. He aquí el típico epitafio de una tumba: A la grata Memoria de Guillermo Moorsholm, capitán del  bergantín Fany Dale, perdido con toda su tripulación en la travesía de Newcastle a Londres...Yo sólo encontré la sobria tumba donde descansa el cubano, alguna esvástica, bastantes grandes letras metálicas, una hermosa escultura de don Higinio Basterra del año 1923, un anclote, y muchos yerbajos y flores de plástico. Me quedé desconcertado ante la pérdida o falta de carácter de este lugar donde descansan quienes dieron unas particulares señas de identidad al pueblo. Y volviendo a la realidad de esta mañana de domingo, nada más rebasar la verja del jardín siento que un extraño soplo de una aire incierto disipa todos estos recuerdos familiares, que no tienen cabida en este mundo uniforme y gris.