Portalada de una casa de madera armadora de navíos, en Plasencia de Butrón, puerto vizcaíno a la vera de un río, en las inmediaciones de un puente de nueve ojos. El pavimento, enlosado de piedra. A la derecha asciende el tramo de la escalera. En los muros, a ras de suelo, como en el piso primero, puertas de bodegas, en que se embarrila el vino cosechado en las caserías. Principia el acto primero del poema dramático en tres jornadas Las alas de lino de don Ramón Basterra.
La resonancia de Basterra ha desaparecido en Camposena, que sufrió una reforma, en los años cincuenta, que le produjo profundos cambios. Unicamente recuerda su presencia una placa colocada en la fachada por Los Amigos del País el año 1947, que escuetamente dice:
En esta casa vivió el poeta Ramón de Basterra 1888-1928
Camposena y el paisaje donde se inscribe propiciaron las ensoñaciones del poeta, que en tan elevados frutos literarios recreó. Pero el tiempo pasa y estos nuevos han traído cambios y transformaciones en este entorno. El paso continuo y frenético de los automóviles atormenta este lugar, y no permite, ni siquiera, detenerse a contemplarlo. Antaño aquí estaba uno de los arrabales de la villa con su puente y molino, y la ría tenía el mundo interior con el mar. El marino, el maestro constructor de navíos, el leñador y el carbonero levantaron sus hogares y talleres en las orillas de estas aguas. La naturaleza daba para vivir y el hombre aún la trataba con el debido respeto, y como era consciente de sus limitaciones y de la pequeñez de su ser, la relación emanaba armónica. Todavía ...En el hombre antiguo, vida y naturaleza se equilibran constantemente. En el mundo moderno, el hombre es una gota de barro perdida en un universo inmenso (Josep Pla).
Vayamos ahora con los orígenes de la casa Camposena. Sería entrado el año 1788 cuando un vecino de la villa llamado Miguel de Butrón había principiado Edificar una Cassa en el término llamado Solozarreta, próximo al puente y al paraje de Bizerreta, donde años después mis antepasados levantaron una casa para almacén de harinas en tránsito desde el molino de Arbina (Butrón-Gatika) a la mar.
Un paisaje, una casa, y su pasado llegan a calar profundamente en un hombre. En Camposena discurrió amablemente parte de la vida de don Ramón y lo cotidiano se volvió poético. Y cómo no iba a repensar poéticamente su relación con Camposena:
Debajo el gris de Vizcaya
mi caserón atalaya
el mar Cantábrico, hecho ría.
De él emprendían derrota
las naves de nuestra flota
a Indias y a la Andalucía.
Montañés alero; perta
toledana; vasca huerta
que desbordas a un patio moro.
¡Al sur te mezcla el destino!
debajo del gris vizcaíno
brillan mis naranjos de oro.
Desde casa como Camposena, u otras más humildes, emprendieron innúmeras derrotas aquellos navegantes. Al igual que el citado don Miguel de Butrón propietario del navío de cuarenta y cinco toneladas llamado Nuestra Señora de Begoña, ocupado en navegaciones a Bayona, San Sebastián, Santander, La Requejada, Coruña, Cartagena, Cádiz y Lisboa. Y a buen seguro, seguro, se harían poseedores de una cosmovisión rica y dilatada, que a la vuelta de sus viajes impregnarían a su pequeña sociedad, imprimiéndole unas particulares señas de identidad. Gentes aquellas conscientes de que a las puertas de la mar se abrían los caminos del mundo, y lo particular perdía concreción pero sin llegar a desdibujarse del todo.
