En la obra El cuarto lado del triángulo nos encontramos una novela de intriga bien planteada y estructurada, en cuatro grandes bloques, especialmente el cuarto, que hacen un guiño al título. Alejo Viar señala que es la tercera parte de una trilogía, pero podemos confirmar que la lectura se puede realizar de forma completamente independiente, sin necesidad de haber leído las entregas anteriores. El personaje principal es un investigador privado llamado Michael Lorrey, quien, cuando aparece en el relato, se encuentraretirado en Tailandia. Según se nos dice, durante los dos últimos años.
Muy probablemente esos dos años de retiro corresponden al espacio de tiempo que tiene lugar entre esta novela y la anterior de la trilogía. Se trata de una novela con una trama de intriga original que enseguida capta el interés del lector. La idea principal, que luego mencionaremos, es muy atractiva, pero es sobre todo la habilidad narrativa del autor y su sentido del ritmo, los elementos que hacen de El cuarto lado del triángulo una novela ganadora. La historia es audaz y ciertamente algo hiperbólica, pero está construida con precisión y coherencia. El resultado es que el lector termina por sumergirse en ella y se engancha a la lectura con fuerza. La novela tiene una importante influencia cinematográfica, tanto en la estructura misma, como en el ritmo de la narración, como en el tratamiento de los personajes. No cuesta nada en absoluto imaginarse esta historia llevada a la gran pantalla. El cuarto lado del triángulo también recibe sus influencias de la novela negra. Y esto se ve muy claramente en el personaje protagonista: Michael Lorrey, un investigador privado, algo duro y escéptico, casi diríamos que cansado, y que es contactado en su retiro de Tailandia para confiarle una extraña misión. Lo primero es la sorpresa: ¿quién es tan poderoso o con tantos contactos como para localizarle? Pronto comprenderá que se trata de una organización siniestra que parece situarse por encima de la legalidad. El caso que quieren que investigue es singular: están muriendo una serie de personas, aparentemente sin ninguna conexión entre sí. La singularidad proviene del hecho de que los asesinos se suicidan una vez que han matado a sus objetivos. La novela tiene pasajes en Colombia, Tailandia, Holanda, y finalmente, en Estados Unidos. A medida que va avanzando el relato, todo va convergiendo hasta que el lector, al mismo tiempo que el propio Lorrey, comprende qué ha sucedido.
La novela comparte muchos recursos de la pura narración detectivesca clásica, pero también funciona casi como un thriller. La tensión va en aumento y esta provoca que el lector se enganche y lea la novela con gran placer. El cuarto lado del triángulo es una de esas novelas que cuesta trabajo dejar de leer. Presenta un equilibrio entre los pasajes descriptivos, breves, certeros y eficaces y abundantes diálogos, que los sentimos realistas y creíbles. Los personajes están bien construidos. Existe una galería de secundarios extensa y variada; todos aportan algo a la trama, todos enriquecen la obra. El cuarto lado del triángulo es una novela entretenida, equilibrada.
Sobre El cuarto lado del triángulo de Alejo Viar
Nací en Bilbao, un caluroso agosto de hace demasiados años.
Me he dedicado a varias facetas autodidactas, como cocinar sin ser cocinero, pintar sin ser pintor, enseñar sin ser profesor... Y desde hace varios años, a escribir sin ser escritor.
Tuve la fortuna de trabajar con el maestro Ramiro Pinilla. De él, adopté para mí un pensamiento: “No soy novelista, soy contador de historias”.