El Ayuntamiento de Sestao ha nombrado a Sabina de la Cruz (1929-2020) hija predilecta, al tiempo que otorga su nombre a la biblioteca de esta localidad donde nació y vivió. El reconocimiento no sólo sitúa en el tiempo la memoria de esta mujer de probado valor civil, intelectual y humano, sino a los munícipes que por unanimidad han tomado el acuerdo. Es referente honorario también para los ciudadanos de este pueblo vizcaíno, cuya dimensión histórica hace, junto con sus hermanos de ambas riveras de la Ría, más grande al gran Bilbao. Y puestos a ello, al mundo entero, porque, como ya sentenció Unamuno, el mundo es un Bilbao más grande.
Los méritos civiles y humanos, de esta mujer poeta merecen un estudio aparte, un libro con sentido pedagógico, que lleve a colegios, bibliotecas y Universidades el retrato de una mujer que dedicó ciencia y conciencia a las causas más nobles, como son la creación, la amistad, la libertad y el amor. Como el relato de méritos y valores de Sabina no caben en esta columna, resaltaré los intelectuales, ligados directamente a la Cultura en el País Vasco y, de modo particular, a la proyección, estudio, aliento y crítica de la poesía de Otero, cuya obra se hizo más consistente con su aliento, crítica, empuje y colaboración anímica e intelectual. Todo ello no ocurre porque sí, sino porque la joven leyó, se aplicó, quiso saber que hubo otra verdad, y encontró en los libros y en las personas del camino el sostén para su sólida formación. Esta formación tiene un rescoldo coral en la Asociación Artística Vizcaína, que fue en los años 40 y 50 del pasado siglo una verdadera universidad ambulante e inspiradora para escritores, pintores, músicos, gentes con aspiración a una sociedad mejor. Allí, cuando la cultura era un bien mal visto, estuvo Sabina, como pionera.
Tras tres décadas de profesión en la Universidad Complutense, Sabina de la Cruz, que descuidó conscientemente su poesía para dedicarse a la de Blas de Otero, y tras varios libros sobre la obra del hombre que amó, su doctorado, conferencias y estudios, volvió a Bilbao y a las Encartaciones, para inspirar, crear y presidir la Fundación Blas de Otero, institución que cuidará por su trascendencia. Aunque el gran mérito de esta mujer está en haber rematado el estudio y fijación de textos de la Obra completa (1935-77) de Blas en 2013.
¿Por qué estos reconocimientos a Sabina no se otorgaron en vida? El artista es necesario, sí, pero muerto.