Tía Ramona

Huyes y lo supiste en el preciso momento de entrar en el finger del vuelo de las 13,15h entre Madrid y México DF. La beca para investigar el exilio español republicano en ese país no era más que una excusa para huir, no sabes si de tu familia, de tu pueblo, de Ricardo o acaso de ti misma. Te sientas inquieta. Recuerdas a tu madre despidiéndose, triste, incrédula, en el zaguán de vuestra casa de Aramena. El mismo semblante pero más avejentado de la primera despedida, aquel adiós seco mientras Ricardo esperaba con el coche en la carretera. Necesitabas dejar el pueblo, te ahogabas allí y a pesar de que lo intestaste, ella nunca lo entendió. Ricardo un ingenuo romántico al que utilizaste para huir como si fuera una beca. Han sido buenos años, es un buen hombre que te adora sin embargo tu no estás segura solo sabes que no lo necesitas. Y recuerdas las malditas tierras, las de regadío, las de secano, las de pasto, las malditas tierras que heredarás y que debes mantener, como siempre, como hizo tu madre y antes su madre…las malditas tierras que odias con todo tu cuerpo, las tierras que aprendiste a trabajar, las que te asfixian…México está muy lejos y los recuerdos, los…

—Disculpe, ¿conoce usted el DF?

Recuperas la conciencia, miras por la ventana y te percatas que ya llevas un buen rato de vuelo y te asomas al rostro que te interpela, es una indiecita guapa y sonriente que enseña una mirada temerosa en unos ojos color miel.

—Perdone ¿qué me decía?

—Le preguntaba señorita si conocía usted el DF. Sabe, tengo que coger un autobús a Cuernavaca, no he estado nunca en el DF y me preguntaba si usted podría ayudarme, es la primera vez que viajo en avión y para que engañarle estoy un poco nerviosa.

La mirada sincera y luminosa de la muchacha te hace sentir más culpable, más cobarde. Y decides atender el envite de tu conciencia.

—No, nunca he estado allí pero dispongo de una buena guía y de un móvil sin restricciones así que no tema que podré ayudarla a encontrar su autobús…- Titubeas, pero no.- Yo voy al DF a realizar un proyecto de investigación durante 16 meses por lo menos. – Y esperas.

—Gracias señorita, estoy más tranquila si me acompaña una mujer, sabe… Pues yo voy para quedarme, sabe, me caso con un primo que tiene un buen negocio allí, restaurantes para turistas. Viviremos en una buena casa, mírela.- Y la ves, una casa amarilla con su balconada, grande, espaciosa, una buena casa.- Mi madre dice que es una buena boda.

—Y ¿no le conoce?

—Bueno, tengo varias fotos. Es alto y solo tiene diez años más que yo. Es bueno, fíjese que no quiso aceptar dote alguna aunque mi madre insistió, estaba dispuesta a empeñar los cuatro muebles que tenemos pero gracias a Dios no hizo falta.

—Disculpe la indiscreción, pero no parece española, ¿mejicana?

—En realidad yo nací en Getafe, mis padres emigraron de Chiapas antes de nacer yo con mis dos hermanos aún muy chavitos. Trabajaron duro los dos, mi papa en la construcción y mi mama como mandadera pero nunca ganaron plata para comprar una casa o comer bien, no llegamos a pasar hambre, no crea y además los tres hermanos estudiamos…

La miras bien y te atreves.

—Y ¿usted se quiere casar e irse de España?

—Yo soy española pero he visto a mis papas pasarlo muy mal y encima algunos vecinos nos miran mal y hasta nos insultan y yo creo que mis papas se arrepientes un poquitito de haberse ido de Méjico, sabe, y por eso pues que quiere que le diga, no me parece mal volver y mi mama está muy feliz, yo creo que es como si ella volviera por sí misma, sabe.

Y sin poder evitarlo se te revela la vieja historia que creías olvidada, la que tu abuela te contó decenas de veces, la que aburrida escuchabas y asentías. Y junto a la historia el retrato que siempre ha presidido la mesilla de tu madre, el retrato de su abuela.

Ramona, sabes que tu madre respetará tu decisión, tienes derecho a elegir tu vida. Estás decidida, casarás con el mutil de Eugenio, Marcos. Recuerdas de niños como jugabais juntos y luego ya de chicos subíais juntos a la romería de la Virgen a pesar de que tu madre no te dejaba y ya mozos en el baile te agarraba fuerte. Él te quiere, te lo ha dicho y tiene planes, cuando termine el servicio quiere abrir una serrería con lo quede de la herencia de su padre. Ramona no dudes, no pienses en lo que dice tu madre, ni tu tío Jacinto, ni la gente de la taberna, ni en las tierras. Ramona espera a Marcos y cásate, es tu vida no la de toda esa gente. Qué más da que ese pariente tuyo haya hablado con tu madre para pedirte en compromiso, es viejo y gordo, Ramona, tu no quieres acabar como tu madre, esclava de tu padre y de tu tío, trabajando fuera y dentro de sol a sol, obligada a aceptar a un hombre que no conocía y al que nunca quiso, que tú lo sabias bien, que se lo oíste decir muchas veces sola en el cuarto, rezando a la Virgen para que le diera valor. Ramona tu no entiendes esa manera de hacer las cosas, no te parece justa y no la vas a aceptar, no, Ramona, es tu vida.

—(…) y yo creo que enseguida aprenderé a trabajar en los negocios y a ayudarle, ¿no cree usted?

—Uuum, seguro que sí, no se preocupe, pero mejor nos tuteamos ¿no crees?

—Si claro, como usted…como tú digas.

—Yo me llamo Elisa y ¿tu?

—Rosicler, ya sé que suena un poco raro, se le ocurrió a mi mama así de repente y con él me quedé. A mí me gusta.

—Sí, es un bonito nombre. Imagino que si os va bien podrás traer a tus padres de vuelta a su país, ¿no crees?

—Si, señorita, lo he pensado pero no sé lo que pensará mi primo de ello. A mí me haría muy feliz además mis papas son muy trabajadores y seguro que pueden ayudar en los negocios y pagar así sus pasajes.

No pienses más en ello, Ramona. Seguro que encuentras una solución para que no perdáis las tierras. No te puedes sacar de la cabeza lo que te ha dicho el cínico del tío Jacinto. No Ramona tú no eres egoísta, tú tienes derecho a vivir. No quieres casarte con el pariente. Por mucho que garantice que las tierras se queden en la familia y que se comprometa a librar las deudas que las cargan y a darte casa y dote. Tú no quieres nada de eso. Tú quieres a Marcos aunque no esté aquí, ya volverá, fuerte y resuelto. No mires más los ojos tristes de madre, ni escuches sus suspiros, ni mastiques su silencio brusco. Sigue tu camino, Ramona, sigue tu camino.

—(…) y yo siempre he pensado que las cosas son como son y cada uno debe hacer lo que le corresponde, ¿no crees?

—Ssssi, imagino que si.- Y te sacudes los recuerdos tan pasados como presentes.- Tía Ramona así lo hizo y ahora, ahora… creo que actuó en conciencia. Supongo que hizo lo correcto. Siempre tenemos que hacer lo correcto, ¿no?

—Claro señorita Elisa. Su… tu tía ¿vive aún?

—En realidad, Rosicler, no es mi tía es la abuela de mi madre, pero al menos en mi pueblo todos los adultos con familia acababan siendo tio o tia, cosas de antes. Sabes, la historia de Tía Ramona es la historia de mi familia, como la de los héroes o la de los santos y Tía Ramona fue las dos cosas, ahora lo sé.

—Si, señorita Elisa, seguro que es como us…tú dices, la familia es muy importante.

 

Ramona​

Joseba Molinero