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Una rara nostalgia

Enviado por maestresala el Mié, 20/04/2011 - 09:34

Rafael Barrett

Queridos y lejanos amigos del Epistolario pasado :

 

He echado una ojeada a nuestros Multiautor y un ramalazo de nostalgia me ha quebrado el ánimo. Hemos perdido las cartas del pasado que hacían de "Tuenti" y "Facebook" litero-comunitario. El Presidente permanece callado a pesar del tiempo extra del que disfruta debido a su insomnio. El Profesor atiende a su negociado de clientes no siempre satisfechos y alineados (¿o alienados?) perdiendo poesía a borbotones en papeles y esquinas de la vida. Nuestro Secretario prepara la valija para mudarse a la montaña como a un retiro espiritual magnífico donde escribir y reflexionar para luego llenar los certámenes de relatos de sus idem. El tertulio ignoto igual de ignoto no sé si se ha enterado que hay una mujer que ha contestado al texto de la buhardilla de Barataria (¿está usted ahí, tertulio Ignoto?). Nuestros tertulianos desaparecidos no sabemos si han abandonado la Literatura o la Literatura les ha abandonado a ellos.
Y a tí GAT te doy las gracias por el libro : al comenzar a leerlo he pensado "esto promete". Han venido solos a mi mente fotogramas en blanco y negro de alguna película de Capra (!Qué bello es vivir! por ejemplo!).
Gracias por tu propuesta, sin duda puede ser el libro del año viendo que uno de nuestros habituales vencedores a fiado su suerte al ojo de gato de Agata, un tanto amarismado.
Os saludo allá donde estuviereis, compañeros de tertulias pasadas, presentes y futuras. Sed buenos.

Saludos

El maestresala


 

Querido Contertulios:

Contesto la amable carta del Maestresala sobre mi paisano el Sr. Barret del que no tenía referencia alguna, salvo que el ayuntamiento decidió, hace unos pocos años, ponerle su nombre al Corralón de la calle en que nací, cuando derribó todas las humildes casucas donde vivían los Pelirrojos y urbanizó, a la moderna, ese área de la Villa y quiero justificar mi desconocimiento por la poca atención que muestra Torrelavega a sus próceres, refiriendo la anécdota siguiente:

Durante mi infancia y juventud la única estatua de cuerpo entero que había, en Torrelavega, era la de Mero el Barrendero, un ¿discapacitado? que pasó su vida barriendo las calles y sonriendo a la gente.

Cuentan qué Mero fue interpelado por el alcalde, cuando se iba a jubilar, sobre que quería como regalo de despedida, a lo que Mero contestó, cachazudo:

- ¡ "Un monumento"!

El alcalde recogíó el guante y mandó fundir una estatuita, no mide más de tres cuartas de altura, que le representa con sus piernas deformes, su boina y su escoba y la instaló en un parquecillo llamado Pequeñeces para regocijo de todos los vecinos y del propio Mero, que la agradeció con algunas lágrimas.

Pero volviendo a Barret, estoy convencido de que pocos niños torrelaveguenses sabrán quien fue Don Rafael, en cambio tendrán muy claro quienes son Poti y Freire, quizás vosotros, queridos Contertulios, podráis explicarme por qué.

En cuanto al Epistolario, querido Maestresala, hace tiempo que le veo languidecer, por no decir agonizar, enfangado en el desinterés de los tertulios que dirigen sus esfuerzos a los cuadernos de bitácora informáticos y a los cantos de las sirenas oenegísticas. En lo que a mi silencio respecta, ha de saber, querido Maestresala, que no es desidia o pereza si no falta de ideas o un aturdimiento, que Goya también titulará:

"Tristes presagios de lo que
ha de acontecer".

En fin, ¡aún estoy vivo! y si no con ilusiones, al menos, con recuerdos.

Con afecto.

M.
 


 

Queridos amigos,

Alcanzado el rellano de la escalera del piso alto, uno se vuelve posibilista o algo así. Se conforma con cosas pequeñas y despaciosas. Le basta la espuma de la cerveza un atardecer inesperado, una canción matutina que te interrumpe el incesante barrenar nasal y te recuerda no se qué aroma tenaz, que te sonrían sin razón, que cuenten con tu presencia sin merecerlo, un adjetivo luminoso o un verbo donde debía
y entre otras muchas aun más pequeñas que estas que os he desgranado guardo en el mas intimo doblez de mi alma la conversación literaria o de otro jaez con vosotros, amigos de libros, meriendas y pensamientos.
Es cierto que murió el multiautor (con mas gloria que pena, sostengo) y la buhardilla y la epístola semanal y las peleas plutarquistas contra murakamistas y que apenas se asoma nadie a este balcón. Pero amigos, el balcón existe, la buhardilla existe y el multiautor otro tanto y en ello y en nuestros recuerdos reside lo que realmente vale la pena. Creo.
No nos fustiguemos que ya hay cientos que disfrutan haciéndolo. No renunciemos a nada, claro que no. Seguro que nada es imprescindible quizá solo alguna palabra una tarde de sábado.
Angel Gonzalez lo explicaba como solo él podía:

Recibo
el golpe de rigor, y me incorporo.
Me toco para ver si hubo gran daño,
mas no me encuentro.
Mi cuerpo ¿dónde está?
Me duele sólo el alma.
Nada grave.

Por último, sabed que ya tenemos destino, casa y unte para nuestra excursión ordinaria, este año los días 2, 3 y 4 de Setiembre. Propongo que salgamos el viernes y aprovechemos en su plenitud el fin de semana. Este año nadie nos arrojará como si fuéramos indigentes, os lo juro. Solo me falta pergeñar los pequeños garbancitos del camino.

Con cariño,

J.


Estimados:
 

Muchas veces pienso que sólo las cosas pequeñas, las rutinas diarias e intrascendentes dan algo de sentido a esto que llamamos vida. Un café mientras ves pasar a los caminantes más allá de los cristales de un bar, una demorada lectura del periódico un domingo por la mañana. Una conversación telefónica inopinada a cualquier hora. El viaje en metro los sábados por la tarde hasta La granja, los saludos rituales, nuestra mesa de mármol en nuestro rincón. Son nuestras rutinas, pero las queremos. También queremos nuestros relatos semestrales, nuestras excursiones anuales, nuestras charlas fortuitas sobre un libro, un autor o el devenir de algún asunto baladí. Yo también hecho de menos el Multiautor a veces, a veces también me faltan aquellas luchas sin cuartel de las hordas plutarquistas contra la sofisticación oriental murakamista. Será la nostalgia, y que nos vamos haciendo mayores. No importa; continuamos juntos y sólo por eso merece la pena seguir.
Me ilusiono pensando en esa nueva excursión y sólo encuentro amargor en el hecho de que para entonces ya habrá finalizado el verano, pero ¿qué mejor colofón? ¡Y este año dos noches para parir cadáveres exquisitos! Desde ya mismo voto a favor.
 

Feliz noche.
R.
 

 

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