Añadir nuevo comentario

El pensador inoportuno

Enviado por maestresala el Mar, 16/04/2019 - 21:12

​

 

En Rafael Sánchez Ferlosio destacan el talante autocrítico, el rechazo al fanatismo, el aprecio por lo efímero y su voluntad de hacer uso de llibre albedrío.

La lectura y el conocimiento no son una imposición para el ser humano, sino un deleite cuyas fuentes encontramos en los escritores, filosófos y pensadores que han contribuido a clarificar e iluminar el mundo, a los que han dado nueva belleza a la palabra y, en definitiva, a aquellos que nos han enriquecido con sus creaciones. Hace unos días fallecía uno de los más representativos, Rafael Sánchez Ferlosio, el escritor que triunfó tempranamente con la  novela "El Jarama" (1955) (premio Nadal) y renegó del genero novelesco por aburrido y tedioso ("Industrias y andanzas de Alfanhui", 1955, y "El testimonio de Yarfoz", 1986) aunque dicha novela fuese referencia en los planes de Bachillerato del país y se considerase un hito ineludible del realismo social anti-franquista.
Miembro, o al menos catalogado como tal, de una generación, la de los 50 o de los niños de la guerra, caracterizada por su desmedida diversidad, ya que en ella encontramos dramaturgos, ensayistas, novelistas y poetas de los más dispar (Carmen García Gaite, Carlos Barral, Gabriel Ferrater, Ignacio Aldecoa, Jaime Gil de Biedma, Jesús Fernandez Santos, José Agustin Goytisolo, Juan Benet, etc.), su trayectoria se caracteriza por una inflexible intransigencia a la hora de juzgar al mundo y a su propia persona. El siglo XX no le interesó demasiado volando su imaginación por los caminos del siglo XIII, el de san Francisco de Asís y santo Tomas de Aquino, y por los años que transcurrieron desde las últimas décadas del siglo XIX hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial.
El autor de"El Jarama", el escritor completo, se inclinó por el ensayo porque vinculándose a Walter Benjamin y Theodor W. Adorno se encontraba a gusto. Ambos representaron a la primera generación de la escuela de Francfort, junto a  Max Horkheimer, Herbet Marcuse, Friedrich Pollock, Erich Fromm, Leo Löwenthal, Franz Leopold Neumann y George Rusche, e influyeron claramente en la obra de Ferlosio que siempre manifestó su interés en Adorno y por la "Dialéctica de la Ilustracion", uno de los libros fundamentales del y sobre el siglo XX escrito con Horkheimer. Max Weber y Carl Schmitt también estuvieron presentes en su pensamiento aunque no fueran estrictamente ensayistas.
El escritor para minorías, como le gustaba definirse, escribió ensayos independientes, originales y de pensamiento libre ("Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado", "La homilia del ratón", "Campo de Marte I. El ejército nacional", "El alma y la verguenza", "La hija de la guerra y la madre de la patria", "Sobre la guerra", "Guapo y sus isótopos", etc), con un estilo literario impregnado de alegorías, metáforas y filosofía analítica que nace de una conciencia crítica cuyo lenguaje refleja la ruptura entre el pasado ancestral y un presente que se piensa progresivo, entre lo público y lo privado, entre lo ciudadano y lo neoliberal.
El palio del mismo cubre una temática variada y comprometida que incluye la Historia, el Progreso y el Futuro como dioses industriales que al igual que los dioses antiguos exigen sacrificios de sangre y sufrimiento; la tecnología y el progreso como los paradigmas de una fe que promete milagros venideros; el análisis de los medios de comunicación y el discurso del poder; la sacralización de la muerte en pro del citado progreso que lleva a la vida sencilla  a una condición de envilecimiento que aboca al desarraigo, a la crisis demográfica y al éxodo de las poblaciones; el estudio de la Historia cuya esencia es la dominación; la relación del Estado con la Historia proyectiva que subordina las causas particulares a un supuesto interés universal; la búsqueda de una felicidad que nunca fue criterio histórico y cuya historia se debe reescribir; la utilización de la moral como instrumento justificador de los Estados a la manera de Weber; la necesidad de desterrar la mentalidad expiatoria inherente a dicha moral que fusiona la quimera de dolor y felicidad futura; las ideas de origen religioso para reflexionar y pensar la Historia; el análisis de valores morales y políticos acuñados por las formas históricas de la lengua; la abyección politica de la moral y el envilecimiento moral de la política; etc.
El mejor prosista español del siglo XIX fue áspero, complicado, escabroso, enrevesado, molesto y díficil. Pero su ingente producción literaria como ensayista, novelista, gramático y lingüista se caracteriza, al igual que su vida, por su afán de independencia y de rupturas frente a las líneas políticas o sociales establecidas y al pensamiento doctrinal e indubitable.
Los cuatro volúmenes de ensayos completos ("Altos estudios eclesiasticos", sobre gramática; "Gastos, disgustos y tiempo perdido", sobre política española; "Babel  contra Babel", sobre la política internacional y la guerra; y "Oweryuiop", sobre el trabajo, enseñanza, deportes, televisión y publicidad) recogen las principales constantes de su obra: la espontaneidad de su pensamiento, el talante autocritico y su rechazo al fanatismo, el aprecio y la estima por lo efímero y pasajero, la experiencia vinculada hacia las cosas, la modernidad a la que se enfrenta el escritor con una actitud determinada, el viraje filosófico de la lingüística, el repudio de las actitudes doctrinarias y la obstinación como voluntad de hacer uso del albedrio frente al principio de realidad y la incitación  del pensamiento y la libertad.
Por ser hombre  de su tiempo, la historia de Rafael Sánchez es la historia del siglo XX, atravesado por la lucidez, el compromiso, las guerras, los fanatismos, las traiciones, las vanguardias, el terror y la liberación. Y sobre todo ello pensó Ferlosio, al igual que otros muchos intelectuales de referencia. Lo que todos ellos contaron es importante y merece la pena tenerlo en cuenta. Todavía tienen cosas que decirnos en esta época colgada del abismo y abocada al Tártaro.

 

Daniel Reboredo
 

 

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de correos electrónicos y páginas web se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.