16 de marzo de 2018
16 de marzo de 2018 maestresala Dom, 29/12/2019 - 22:10Hoy es mi cumpleaños y en esta fecha recibía una llamada de Miguel en la que además de felicitarme, me recordaba que nos íbamos haciendo mayores y que ya teníamos cada vez más canas o algo por el estilo. En algunas ocasiones fijábamos una fecha para tomar un café y fumarnos un purito.
Estuvimos juntos en los comienzos del Departamento de I+D de la empresa cuando teníamos la oficina en el centro de Bilbao, en los años 1985-89. En algunas ocasiones coincidíamos a la salida por la tarde y en esa época me parece que vivía por Cruces; como le quedaba de camino me acercaba a mi casa en coche. Los siguientes recuerdos es de cuando ya estaba viviendo en Galdácano; en ocasiones quedábamos por allí para dar una vuelta con Merce y su hija mayor Marta. Poco después tuve que estar un par de semanas en casa por una enfermedad y recuerdo que también se acercó toda la familia a visitarme. Vinieron con Elena, la hija pequeña, que había nacido poco antes. Al final de agosto de 1993 me acerqué a verlos a San Miguel de Aras, donde
habían pasado el verano.
Disfrutaba mucho en la fiesta de Reyes, viendo la ilusión de los niños, y ese día preparaba chocolate con el roscón tradicional para el desayuno. Me invitó unas cuantas ocasiones a que acudiese a su casa para el evento. Sorprendía en Miguel, que aunque podía tener un aspecto exterior serio, era de gran corazón.
Le gustaban los paseos urbanos, y con frecuencia quedábamos para dar uno por Bilbao o Galdácano. En alguna ocasión yo mencionaba la posibilidad de una excursión al monte, al que soy muy aficionado, pero no le hacía ni pizca de gracia. Durante esos paseos hablábamos de los libros que leíamos y surgió la idea de leer el mismo libro y juntarnos para hablar del mismo. El resto de la historia es de todos conocida.
Los libros que leíamos suscitaban debates en los que se apreciaba que la manera de pensar sobre algunos temas era muy diferente. En algunas ocasiones también se trataban otros temas y se me han quedado grabados algunos comentarios que me hizo sobre pasajes de la Biblia en los que se narraba la conmiseración de Jesús ante el sufrimiento de los demás. Piensoque esto le caracterizaba a él también bastante: no era ajeno al sufrimiento de los demás y trataba de ayudar.
Después vinieron años borrascosos a nivel familiar y profesional. Voy a contar otro recuerdo relativamente reciente que quizá pueda ilustrar algún aspecto de su modo de ser. Los comentarios que hizo en una tertulia sobre un libro que yo había propuesto me resultaron bastante negativos y hasta cierto punto hirientes. Como me quedé un poco dolido, me pareció que el mejor modo de arreglar la situación era decirle lo que me parecía. Pasadas un par de semanas quedamos para tomar un café y tuvimos una conversación distendida y agradable en la que se mostró muy interesado por las cosa que en ese momento hacía. Cuando le comenté el motivo por el que quería hablar con él, me pidió disculpas y me hizo ver que no tenía que tomarme esas cosas tan en serio.
Cuando Jon me llamó dándome la noticia de su fallecimiento, me acerqué a rezar a una iglesia cercana y pedí para que Dios lo tenga en su gloria. Desde entonces rezo con frecuencia por él en la seguridad de que es lo mejor que puedo hacer por él, y de que un día nos volveremos a encontrar y podremos volver a hablar de libros: entonces podremos leer novelas largas, sin ningún problema por su extensión, y de que no tengamos tiempo para acabarlas. Esa seguridad es algo que me ayuda en la vida diaria.