Cartas a Miguel

Cartas a Miguel maestresala Dom, 29/12/2019 - 21:51

 

 

Querido Amigo,

Hoy es un día feliz, me atrevería decir que uno de los más felices de mi vida. Te preguntaras por qué, mi buen amigo. Pues bien hoy he conseguido ver la luz de un deseo escondido tiempo atrás en los pliegues de mis entretelas, organizar una tertulia literaria con un grupo de magníficos amigos. De momento no es gran cosa, solo somos tres, tres enamorados de las historias y con inmensas ganas de compartirlo. No les conoces pero no te desmerecen, te lo aseguro. Roberto, mi buen compañero entre los laminadores esforzados y comprometidos, es un lector de vocación y profesión, lee vorazmente y con sentido, habla despacio y escucha hasta un límite pero escucha, a veces se desparrama por caminos floridos frecuentados por colegialas dulces y acarminadas; Gonzalo, la chispa de esta explosión de ilusión, de estirpe noble y lejana, lee fácil y comenta con cordura, tolera y comprende y ama la literatura blanca. Me dicen estos dos buenos amigos que están detrás de un achispado compañero de oficio que aseguran lee sin prejuicios. Yo le conozco y recuerdo la botella de coñac que le hice traer para poder compartir esquina en la mesa del comedor. Trajo una de una cesta que un tío abuelo navarro recibió una Navidad en el ayuntamiento en que ejercía como secretario del concejo, un Terry 1900 algo mohoso pero aceptable, se aprobó su admisión y entendí su socarronería mientras bebía corajudos carajillos tras la colación. Nos reunimos una vez por mes en un café de aquellos de latón y terciopelo que festoneaban las páginas de Don Benito, La Granja se llama y así hemos decidido llamar a nuestras modestas reuniones. Café, licores y literatura, que más se puede pedir. Por cierto que me han concedido el honor de inaugurar la lista de propuestas (que estoy seguro va a ser larga) y les he endilgado Hernán Cortés de Madariaga, sí, no me lo digas, ya sé que me excedido pero tienen que ir olvidando las novelitas sin enjundia y los bestsellers macdonalizados.

Mi buen amigo si quieres te tendré al corriente de lo que entre este grupo de interesados vaya ocurriendo de enjundia.

Con afecto,
Miguel

 


 

 
 
 
Querido Miguel,

Cómo me gusta recibir estas cartitas tuyas que no menudean tanto como desearía. (...) Es fantástico que hayas podido encontrar un grupo de buena gente con la que compartir lectura, es tan hermoso como inusual, me alegro y te envidio, mi buen Miguel. Buena empresa la tuya que es capaz de cultivar lectores entre barras de acero y facturas.
Necesito que me mantengas al corriente.

 
Tuyo,
 

 
 
Querido Amigo

Y ahora escribimos cuentos, siete años después, amigo y nos hemos puesto a escribir cuentos, nuestros cuentos que regalamos a los demás dos veces por año. Con esa magnífica excusa nos juntamos más veces y hablamos de literatura más íntima, un lujazo. Joseba dijo sentir vergüenza porque no somos escritores, tan solo ingenieros, químicos o lo que sea y que zapatero a tus zapatos pero no le hemos hecho caso, como siempre y ya estamos en ello.

Te voy a copiar debajo un fragmento de uno de mis relatos donde doy vida a dos indeseables (estoy seguro que te acuerdas, ya te lo escribí así que me ahorro el mal rato):

Visten igual: Abrigo de trinchera pardo, borsalino añil, traje azul marino, cruzado, de raya diplomática, zapatos de dos colores y un bulto sobre el corazón. Sin embargo son opuestos en su hechura: pelo blanco, largo, liso y peinado con raya el uno; negro, corto, rizado y hacia atrás el otro. Ojos grandes, azules y saltones contra pequeños, oscuros y hundidos. Tez fina y colorada contra curtida y latonada. Nariz de milano y nariz de cuervo. Labios prominentes y labios delgados. Nada tienen en común, salvo su sonrisa piorréica, fruto de las muchas palabrotas que habrán salido de sus bocas.

- My name’s “Whitecloud” Slope and he’s “Apothecary” Bald. Nice to meet you.

- How do you do. Let me introduce Joshemari Ilargiamendi, he’s Al Capone’s amigo con el que contactaron. Yo soy Don Miguel y seré su traductor.

- O.K. ¿Podemos tomar unas copas mientras charlamos?
 

Sí ya sé que es un poco malévolo pero déjame que deguste el frescor de la venganza.

Con afecto,
Miguel

 
 

 
 
Querido Miguel,

(...) Siempre fuiste un clásico, aquello que decían las abuelas de un hombre que se viste por los pies y tu estilo escribiendo es también así, con esa socarronería atrevida y dignificante. A poco que te esfuerces te haces los trabajos de Hércules, seguro. Y que les den morcilla a esos dos personajillos.

Tuyo,
 
 

 

 
Querido Amigo,

Ya somos muchedumbre. Este mes se ha incorporado un recomendado de Joseba, Carlos se hace llamar, que tiene aspecto de austrohúngaro y lo que es peor, es de izquierdas, del ala más estridente. Engrosará la facción sanchezina y molineresca, casi nada. Se mueren los plutarquistas y Murakami mientras corriendo maratones y espiando lesbianas, ya ves. No me creas, es buena gente y además serio, de esos que cumplen, responden y pagan. No como el pizpireto de Emilio, que multiplica sus bodas y bautizos para no enrojecer en sus disculpas tartajeadas. Y mira tú que fui yo el que le apoderé. En todo caso siempre me alegra las lecturas y me encanta mazmorrearle y más ahora que mi compadre Gonzalo se ha tomado un año (acaso lustro, quien sabe) sabático, o mejor dicho conociendo su condición, dominical.

Con afecto,
Miguel

 
 

 
 
 
Querido Miguel,

Si no fuera por mis múltiples achaques, ocupaciones y mi escaso bagaje literario te pediría una plaza entre esos tus “prosélitos”. He brujuleado por la página web de la Tertulia y lo primero que me ha sorprendido es lo bonita que es, ese Jon que me cuentas que es el dueño y señor de la informática mundial ha hecho un buen trabajo. Me gusta mucho el local y eso que no lo conozco pero leí tu descripción y confieso que me sorprendió, no pensé que fueras capaz de describir con tanto brillo. Me gusta en especial esto que te copio:

Los asientos, desparramados por toda la pared izquierda son cómodos escaños forrados de terciopelo bermejo y sillas con asiento de cuero marrón, remachado con tachuelas doradas. Las mesas, la mayoría tullidas, son de dos tamaños, los dos pequeños, rectangulares y redondeadas, para cuatro o dos personas respectivamente, soportan una placa de mármol blanco y barato, sobre la que se camufla un platillo, que quiere ser cenicero. Algunos espejos alargados compiten con los percheros de latón por el territorio irredento de los carteles taurinos. En las baldas superiores, quiero ver los sombreros de los negociantes de Unamuno, pero aún es pronto.
 

Qué bonito.

Con afecto,

Miguel
 
 

 
 
Querido Amigo,

(...) Y ahora también revista, se llama Barataria. Insistí mucho en ello y Nicolas lo ha conseguido. Nicolas siempre te escucha y su esposa nos va a ayudar. Ya sabes que ayudar es un eufemismo de hacerlo todo. Pero está bien, muy bien. Y en una de sus secciones nos tenemos que presentar, contar nuestra vida, Roberto siempre tan atento le llama la Gola. Te voy a enviar una separata de las galeradas de la mía adjunta a esta, no quiero saber si te gusta o no, solo quiero que la tengas.

 
 
Con afecto,
Miguel
 
 

 
Querido Miguel,
He comprado en la tiendita que me nutre de libros y revistas la última entrega de Barataria y he de confesarte que me ha gustado aunque he entendido más bien poco. Leí la Venta de Doña Sol, la dedicabas a Winston Churchill. Mira que eres de derechas, más que Franco. No comulgo mucho con lo que allí dices pero me agradó el estilo, interpelando al lector. Pero muy de derechas, Miguel amigo. Le he pasado el ejemplar a algunos amigos y a mi portera encomiando tu artículo. Así son los afectos,

Tuyo,

 

 

 
Querido Amigo,

Volvió Gonzalo, se cansó de gandulear. Nicolas nos regaló a Jose Ramon un banquero elegante, discreto, amable y de derechas. Todo sigue bien, todo transcurre por donde debe. Emilio ya no nos visita, ya no escribía, ni construía disculpas, es normal, es joven. Por donde debe.

Debo confesarte que me encuentro un poco cansado, la Danielli me obliga a viajar a sitios impronunciable para dar unos cursos de “cómo llegar a ser un buen laminador”, con frio y calor, hambre y sed.

Gracias a Dios, Carmen me recompensa cada día, exige pero es generosa. Viajamos mucho, sabes, y es muy agradable. Estuvimos recientemente en Fuerteventura y me compré un sombrero canario, me gustan mucho los sombreros, ya lo sabes. No sé por qué pero quiero vivir allí cuando me jubile. Sentir los desiertos, el vacío, la ausencia. Ver pájaros, que siempre están por encima de nosotros, arriba.

La buhardilla, los relatos, Barataria, se acabó, bueno no del todo, yo acabé. También el multiautor, mi preferido, sobre todo aquel que comencé yo, con el padre Rementería, decía así:

―¡Ave María Purísima!

―¡Sin pecado concebida!

―Hace treinta y cuatro años que no me confieso.

―¿De qué te acusas, hijo mío?

―He quebrantado todos los Mandamientos, salvo el quinto,
aunque de esto último no estoy muy seguro.

―...

El silencio del párroco me confunde, hubiera preferido una explosión de justa indignación por su parte, algo que diera pie a comenzar mi defensa, que permitiera el desahogo de mi alma torturada, sin embargo sólo hay silencio. ¿Se habrá muerto de la impresión? Desde luego no parecía tan viejo cuando, saliendo de los sótanos más profundos de mi memoria, le vi entrar en la Iglesia de...

...¡Sí, joder! Esa de ladrillo rojo con esquinas de sillería blanca que está en Alameda de Urquijo, encajonada entre el Corte Inglés y la Casa del Libro...

...Y debe ser casi un anciano, pero al verle con la sotana de invierno y el alzacuellos; los puños de la camisa doblados hacia atrás y sujetos con gemelos de laca negra; la calva reluciente, con el pelo remanente cortado a cepillo; la nariz enorme, soportando unas gafitas doradas, muy poco masculinas, y la barbilla levantada, como si aún tirara de ella, hacia arriba, el barboquejo legionario; pensé que era el mismo D. Teodosio de mi infancia, que era una señal para resolver el entuerto en el que estaba metido.

Le seguí al interior de la iglesia, sorprendiéndome por las pinturas tan alegres de las columnas y paredes, que le dan al edificio neogótico un aspecto más acogedor. A pesar de ello, no había gente dentro y él había desaparecido por detrás del altar, o eso me pareció. Me acerqué a los
confesionarios de roble, observando que indicaban el nombre de los confesores y el horario en el que atendían a los feligreses y, sí, en uno de ellos encontré:

P. Rementería, T.
Lunes a viernes de 18.00 a 18.30
 
Y han cerrado la Granja, no aguantó la búsqueda infinita de beneficio. Nos vamos a una pastelería cercana que Carlos ha encontrado, New York. Quizá sea por eso el tono azul de esta carta.

Con afecto,
Miguel

 
 

 

 
Querido Miguel,

El tiempo todo lo seca, incluso la literatura. Una pastelería es un gran sitio, La Granja murió, viva el New York. El padre Rementería es como tu alter ego, tú mismo.

Tuyo,

 
 
 

 

 
Querido Amigo,

Siempre lo he sido pero ahora me reafirmo en mi intransigencia y no me gusta, es necesario, pero no me gusta. Con los horarios, las fechas, lo correcto, lo consuetudinario. He creado conflictos innecesarios con mis amigos. No puedo evitarlo. Y lo siento.

Con afecto,
Miguel

 

 
Querido Miguel,

Te diría que no tienes la culpa, pero seguro que eso ya lo has leído en los tres mosqueteros. "Rema bien y vive, Cuarenta y uno".
Tuyo,

 

 
Querido Amigo,

Te agradezco mucho tu comprensión hacia mis pequeñas tendencias u obsesiones. Seguro que puedo cambiar algunas cosas con mis amigos, sin que lo parezca. Quizá.

Ahora tengo que irme a Pamplona, asuntos de la Danielli. Mañana viernes regreso a Arrigorriaga y quedaré con Carmen en Bilbao para hacer unas compras. No sé pero cada vez me cansan más estos viajes y estoy deseando que terminen y descansar...

Con afecto,
Miguel

 
 

 
Querido Miguel,

Te seguiré escribiendo................