La Plaza
Una fuerza cuyo carácter indefinido me vincula, al paso de los años, más profundamente con mi pequeño paisaje cotidiano. Desde hace algún tiempo siento una extraña sensación de desaliento ante el desmoronamiento del paisaje. ¡Si yo supiera lo que tan febrilmente busco aquí! Qué poco gratificante resulta penetrar en el casco antiguo de la villa a través del único resto de muralla, y darse de bruces con una señal de tráfico incrustada en el arco de Santiago fatalmente herido de muerte. No creo que ya nada ni nadie pueda sentirse seguro en su interior. Los viejos muros no pueden aguantar las bruscas e innúmeras acometidas de la supuesta modernización.
Asomada a la puerta de Santiago sigue en pie una de esas casas otrora características de la arquitectura local. En vez de derribarse ha sido recuperada, y con buen gusto dicho sea de paso. Su pulcra y sencilla fachada parece aún más pequeña con esta decaída luz de la tarde, que llega intermitentemente de un cielo lejano y huidizo entre gris y azul. La sombra de la torre de la iglesia va deslizándose suavemente por ella, mudando los blancos en grises. El contorno del edificio pierde la pureza y adquiere un aire más recogido.
El origen de la casa de remonta al año 1788, coincidiendo con un tiempo de profundas transformaciones urbanísticas. Y para sorpresa de algunos que no alcanzan a ver inquietudes estéticas en estas moradas de antiguos marinos, es de señalar que su primera propietaria manifestaba a la municipalidad no tener intención de que su casa Cause deformidad adha Plaza pública, antes bien una Armonia ó diseño qual Corresponde alas Casa que se herijen en Villas. Sin embargo la armonía o diseño de numerosas casas poco se tuvo en cuenta hace no muchos años cuando fueron derribadas y sustituidas por feos y abultados edificios, que desdibujan el conjunto urbano, hiriendo la memoria de generaciones de hombres volcados a la mar, que no por sencillos o anónimos carecían de sensibilidad y conocimientos que se reflejaban de una manera sobria y mesurada en sus casas.

No lejos de aquí, y arropada por la fábrica de la iglesia, languidece otra casa de marino. Parece extenuada tras largas e inútiles luchas libradas contra la insensibilidad y el mal gusto. La herrumbrosa y destartalada verja permite entrever la entrada emparrada, donde su antiguo propietario, ya alejado de la mar, contaría a los suyos historias de viajes a ultramar en las calurosas tardes de verano. Y aunque es imposible ver al viejo piloto sentado bajo la parra, imaginemos por unos instantes a aquel hombre llamado Juan Bautista de Onaindi. ¡Qué bonito final hubiera tenido esta casa convirtiéndola en casamuseo del marino de altura de los hermosos veleros! Haber podido reunir en tan escasos metros el pasado de un pueblo de navegantes con cartas, derroteros, sextantes, anteojos, fotograbados, cuadros, estampas. etc. Quizá el nombre de la casa - Asurtegui (osario) - entrañaba una cruel paradoja.
Entre Asurtegui y la cuesta de la Magdalena se abre un paisaje que comunica con el término de Gaminiz, y antaño con el camino de Gorliz, que discurría por la calle Portaleta hasta desembocar en el arco o puerta de Santiago. Es aquí donde uno llega a estremecerse ante el deterioro y abandono de los edificios, que a duras penas asoman al camino. La desconchada fachada de Asurtegui parece afectada por una terrible enfermedad mortal, que también ha penetrado fatalmente en el paredaño caserío de Goñi Portal. El antes imponente volado de su tejado no ha podido aguantar más los embates del deterioro, y anuncia la ruina inminente del edificio, que desciende, por las consistentes vigas que enmarcan el portal enlosado. Ya nadie podrá encontrar en este portal la afable compañía de un hombre de aire bondadoso y cansino, que pasaba largos ratos sentado en el banco de piedra, y parecía aún más frágil con aquella luz incierta, que anunciaba un oscuro camino sin retorno. Desaparece con él un humilde y poético talante vital, imbuido de que En la aspereza de la vida cotidiana, soñar es necesario, y perder el tesoro de los ensueños es perder el más grande de los tesoros del mundo... (Alvaro Cunqueiro). Aunque tampoco invita a ensoñarse la casa de al lado, antigua taberna municipal llamada Ventabarri.
Frente a Asurtegui y Goñi Portal todavía sigue en pie una vieja tapia de mampostería de tostadas piedras ribeteadas de verdes yerbajos, que oculta los jugosos frutos del pequeño huerto que encierra. Tal vez la altura de la tapia sea la adecuada para despertar la curiosidad del viandante al no poder rebasar sus límites con la vista, asegurando así la intimidad de esta pequeña porción de tierra cultivable, tan insospechada en este ámbito urbano. Sus ondulantes y suaves líneas adquieren un melancólico encanto con el titilar de las postreras luces de la tarde, debilitándose la dureza de la piedra: ...paredes que parecen segregar sentimientos... (Josep Pla).
Parece que este pasaje o calle Nueva una avanzada del antigua poblamiento del recinto amurallado de la villa, que tímidamente y a espaldas de él, se fue consolidando en un espacio donde otrora se abría un horizonte inseguro. Y si la ría abría los innúmeros caminos de la mar, aquí se abrían los caminos de la tierra firme. Pero en este desconcertante tiempo en que vivimos el horizonte no es menos hostil, y los abultados y feos edificios de hormigón avanzan con aire amenazador hacia ese degradado lugar.