Tiempos de latón y terciopelo
Tiempos de latón y terciopelo maestresala Mié, 24/04/2019 - 09:12
Corría el año 2003 en el calendario y nuestro epistolario estaba pletórico. Los buzones eran un hervidero de epístolas que daban mucho de sí, tanto que había que leer réplicas y contrarréplicas, apuntes y salidas de tono memorables, porque de todo hubo. Fue entonces cuando decidimos a crear nuestra propia página güe y lanzarla al espacio exterior para dejar de ser un cenáculo de amantes de la literatura que hablan de libros en la hospitalaria esquina de un café. Cualquiera sabe que en este país no se lee – somos más de panem et circenses –, y por ello, nos preguntábamos – y nos seguimos preguntando – a quién podrían interesar unos señoritos que aman y destripan obras literarias impunemente cada mes. De cualquier forma, nos lanzamos al ciberespacio con fuerza y la primera tarea que nos pidió el impulsor y Tesorero mayor, fue definir en pocas frases nuestra tertulia; sí, decir que era para cada uno la Tertulia de nuestras inmortales. Y entonces, se formó el tumulto epistolar que voy a resumir con algún recordatorio de nuestro Presidente. Bien es verdad que en estas tierras cuando se trata de juzgar/votar algo, se levantan las hordas emocionales y hacen de las suyas. Estas líneas son graciosas por su antigüedad y su espurio fin, y en ellas el Presidente sale por peteneras arrogándose la victoria con una escueta y divertida cartita :
[030228 Resultados provisionales]
Queridos contertulios:
He tenido acceso, en el mercado negro de información, a los resultados provisionales de la votación para las "seis líneas".
A falta de la emisión del voto de un único contertulio, el ganador provisional soy yo.
Quiero, con esta circular, agradeceros la confianza que en mí habéis depositado, a pesar de que las circunstancias de los últimos días me hayan hecho abandonar la posición de privilegio que he disfrutado durante tanto tiempo.
Gracias a todos
Miguel S.
Y no había sido el vencedor pero le hubiera gustado aunque la solución final fue redonda : cada mes sería una de las propuestas presentadas la que adornaría nuestra página. En aquel tumulto sintió su autoridad peligrar pues necesitaba vencer un poquito aquella pugna literaria de puertas adentro.
Llegaron las disculpas presidenciales por el comportamiento dialéctico-bullanguero que se había derrochado y con magnanimidad, como caballero leal que era, emitió unas emotivas palabras que vistas hoy atrapan por su sencillez :
[030310 Respuesta a los comentarios]
Querido Nicolás:
Me he permitido remitir tu correo a los contertulios, para que nos sirva de ejemplo de la actitud que necesitamos en nuestra vida normal y el mundo en general.
De forma privada, quiero hacer un descargo de nuestro (mi) comportamiento, algo infantil, que sólo es una muestra de alegría y felicidad por una actividad que nos ilusiona a todos. Esta ilusión es fruto de tu iniciativa y dedicación y sin ellas esta tertulia no sería tal, si no una reunión de amigos (raros) que charlan de una afición común.
Gracias por permitirme pensar que soy un poeta.
Con afecto
Miguel S.
La presentación presidencial no se hizo con el galardón de ser la más votada pero es la más realmente combativa y la que más enjundia rezuma ¿la más romántica?. A día de hoy preside el pie de nuestra página güe y así quedará por mucho tiempo :
Una porción de las masas se ha dado cuenta de su condición, y quiere dejar de serlo. Desde 1996, todos los terceros sábados de mes, en el café La Granja de Bilbao, desarrolla una lucha sorda contra los poderes “macdonalizadores” y “baserritarrizadores” de la sociedad, con las más poderosas armas del ser humano: el pensamiento y la palabra. Con paisaje literario, la tertulia de La Granja es un viaje hacia la libertad.
Es ambiciosa, consecuente y quizá demasiado grandilocuente pero qué mensaje quería enviar a las masas nuestro Presidente – y a nosotros. Lo explica en una epístola en la que la realidad se explica con toda su crudeza como la muerte cobra su sentido en un desolladero :
[030317 Macdonalización]
Queridos contertulios:
La “macdonalización” es la generalización de los métodos del doctor Goebbels a todos los ámbitos de la vida y en todos los lugares del mundo; dicho en castizo: es la carnaza que el capitalismo (de derechas o izquierdas, es igual) echa al banco de besugos que es la clase media (alta o baja, es igual). Y aparece en todas partes, no sólo en las películas americanas de vehículos, en forma de camión blanco con el enorme anagrama azul y rojo de una bebida refrescante, en medio de la más trepidante persecución, sino en los sesudos artículos, de las más sanas e higiénicas publicaciones, con las firmas más honradas y sinceras.
Yo me pregunto muchas veces por qué Mr. Chamberlain fue tan conciliador con la actitud anexionista de Hitler (6 millones de cadáveres judíos gestionados con excavadora); por qué el mundo civilizado no mandó el tren blindado (mi tío Carlos con un tiro en la nuca en una cuneta de Begoña); por qué el padrecito Stalin se sentaba sonriente con Mr Churchill y Mr Roosevelt en Yalta (20 millones de sovieticos liofilizados en Siberia); por qué la OTAN actuó en la 6ª guerra que provocó Milosevic (¿00.000 yugoeslavos muertos); por qué Mr. Truman no tiró sus bombas atómicas en el desierto de Gobi (400.000 japoneses muertos en 17 segundos)..., pero sobre todo me pregunto por qué aquel periodista gráfico en vez de socorrer a una niña vietnamita que corría desnuda y abrasada por el napalm, decidió filmarla y ganar fama, dinero y prestigio con la desgracia del prójimo.
Con afecto.
Miguel S.
Tras esta explicación queda meridianamente claro lo que quería/quiere hacernos ver y ya no es solamente literatura, es la Vida en esta casa que es el Mundo. Traslada el pensamiento y la palabra a su uso más demoledor : la lucha contra el poder que aspira a decirnos lo que hemos de hacer y pensar. Al pensar en este artículo en seguida recordé un obra que leí en los noventa y me dejó un recuerdo imborrable; he tenido que rescatar de mi desordenada biblioteca un libro de un periodista español, Vicente Verdú – que auguraba ya lo que se nos venía encima, lo que ya está aquí; su título, El planeta americano (1997) – Premio Anagrama de Ensayo de ese año –, era clarificador. Lo he releído como buen tertuliano y no me sustraigo a transcribir tres o cuatro pasajes :
“Los telediarios locales norteamericanos ofrecen tres secciones principales. Una dedicada a los crímenes y catástrofes, otra destinada a los deportes y una tercera concentrada en el tiempo […] La primera parte es, por su énfasis, la más determinante para el espectador. Estados Unidos aparece en esa primera sección como un país amenazado por individuos o fuerzas naturales...”
“Con seguridad, el alma actual americana no reside en las urbes sino en las desahogadas periferias donde vive más de la mitad de la población […] El mall [centro comercial] es la tienda de todos los desertores urbanos. Nada parecido a lo que todavía sucede aquí aunque Europa vaya rindiendo día tras día sus señas a los modelos de América. La moda de los trucks (4x4, etc) que conviene al gusto rural americano, es un ejemplo más.”
“Más allá de los datos objetivos, la sociedad produce miedo como una nutrición de primera necesidad. Miedo como atributo primigenio de un territorio nuevo y por conquistar. Miedo al crimen, miedo a la guerra exterior de la clase que sea, miedo a la contaminación....
“Individualismo, primacía de lo privado sobre lo público, superioridad del mercado sobre cualquier otra consideración son elementos de la ecoesfera norteamericana que en el ciberespacio imponen también con toda intensidad sus dogmas.”
Como muestra un botón con el que creo que el concepto presidencial de macdonalización fue elegido con clara intención y afán simbolizador de un colonización económica y sobre todo mental del orbe y particularmente de nuestra Europa que curiosamente ya tiene su historia, su tradición y su pasado; todavía aún más si cabe con un último apunte al natural :
“Desde los años sesenta McDonald's requiere a sus establecimientos la exhibición de una bandera nacional y de una placa con la figura de un águila que porta en su pico una cinta con la leyenda :
McDonald's. The American Way”
El término, sin duda, estaba perfectamente elegido para el concepto de la vida moderna que se ha dejado tentar por lo material, por lo banal alejado de lo esencialmente humano. Sin duda concuerdo con el lema que nuestro Presidente nos regaló como etiqueta reivindicativa y grandilocuente que sigue siendo tan necesaria como en aquel lejano 2003. Pero no queda ahí la cosa puesto que seguía en su mente permanentemente la obligación (¿ilusión?) de desfacer éste y otros entuertos de nuestra vida actual y modernísima con los que él no comulgaba y en el fondo le dolían profundamente. Era su dolor particular.
Serían motivo de un análisis sus dos redondas sagas de relatos siempre ambientadas en un pasado más benigno con el alma humana que estos tiempos de latón y terciopelo – la soledad resuena porque está hecha de latón, y a un tiempo acaricia porque también es aterciopelada – llenos de densa nostalgia, una pura saudade que diría un portugués. Pues bien, dejando a un lado la soledad profunda de la primera tanda de relatos en los que don Miguel, alter ego de nuestro Presidente, vive aventuras didácticas, increíbles, ejemplarizantes y siempre con un final feliz, tenemos su inmortal saga de los doce trabajos de Hércules protagonizadas por Casimiro, el Hércules de Cos. Paralelamente a la entraña de cada trabajo, ahora ambientados en pueblos del Valle, nuestro Presidente pretendía amonestar para hacer ver qué pasa en nuestra civilización. Sirven para presentar cada relato y dotar a cada historia de una enseñanza ejemplar que fía la humanidad a escuchar las propias fábulas y a cambiar la costumbres calamitosas que la modernidad instaura en nuestros pueblos y ciudades por medio de la macdonalizacion. Y vuelve su afán reivindicativo que retoma su lema de la Tertulia más arriba comentado. Su lucha toma extremos de la existencia y los retrata vergonzosamente. Entiendo que se trata de la misma guerra librada en otras tantas batallas contra cada una de las costumbres deshumanizadoras y macdonalizadoras que asolan nuestra sociedad. Tomo, entonces, los pasajes indicando en qué relato aparecen de las aventuras del Hércules del Valle:
En los viejos tiempos, las historias de los héroes de la antigüedad, que se contaban al calor de la lumbre en las noches de invierno, servían tanto de distracción para los hombres como de ejemplo para los niños.
Ahora, la calefacción central y los medios de comunicación, fijos y portátiles, han acabado con aquella costumbre y, quizás por ello, los ancianos están más aburridos que sus abuelos y los jóvenes pueden comportarse como villanos sin ningún remordimiento
El León de Tonetti
En los viejos tiempos, cuando las noches de invierno eran largas y oscuras, y sólo la lumbre ahuyentaba el frío y las sombras, la única manera de acortar las horas de tedio era por medio de las historias de los héroes y sus hazañas.
En estos tiempos nuevos, de luz eléctrica y calefacción, de mamoneos televisivos e informáticos, ya nadie necesita oír aquellas leyendas... o ¿quizás sí?. Quizás tú, lector, quieras conocer los hechos del más vigoroso de los mortales. Si es así, yo puedo calmar tu sed de aventura. Desconecta tus trastos electrónicos, corta la corriente de tus lámparas de bajo consumo, interrumpe el suministro de gas a tu caldera, eso sí, cúbrete con la manta del abuelo, y enciende el cirio de la Procesión del Milagro, aquél que tu sacrificada madre te envió, tratando de encauzar esa vida vacía que llevas... y escucha.
La culebrona de Ruente
En los viejos tiempos, el frío y la oscuridad de las noches de invierno se mojaban junto con los “sobaos” en tazones de leche mientras, al calor de la cocina de carbón, se contaban las historias de los héroes y sus hazañas.
En estos tiempos nuevos, los programas de televisión basura, los videojuegos estercolero, las páginas de interné escoria, las películas escombrera y los productos editoriales de charcutería tienen a la sociedad mesmerizada, de forma que nadie siente el frío ni la oscuridad de las noches de invierno y menos aún la necesidad de escuchar las historias de los héroes y sus hazañas. Sin embargo, algunas de ellas aún suenan tan fuerte, que incluso un oído abotargado por veinte años de depósitos de grasas provenientes de hamburguesas de “chopin center” podría escucharlas...
La gama de Gama
En los viejos tiempos las noches de verano, aunque invitaban a que los paisanos se reunieran a la fresca, no ofrecían mucho entretenimiento, más allá de contar los cricrís de los grillos, imitar el ulular el autillo o ver una de las lágrimas de San Lorenzo; por esto, los lugareños buscaban diversión en las historias de los héroes y sus hazañas.
En estos tiempos nuevos nadie puede escuchar el cricrí de los grillos ni el ulular de los autillos porque lleva auriculares de colores que aporrean música descargada ilegalmente en sus oídos. Lector, quítate los auriculares y escucha el relato de las aventuras del más grande de los héroes.
El chon de Pechón
En los viejos tiempos, durante las noches de primavera las inquietudes y los pesares de la vida diaria se disolvían en los relatos de las aventuras de los héroes de antaño, proporcionando una paz interior a las gentes sencillas que los escuchaban, que les permitía dormir plácidamente y despertarse felices tras soñarse protagonistas de aquellas maravillosas hazañas.
En estos tiempos nuevos, durante las noches de primavera las gentes sencillas se sumergen en la búsqueda de amistades virtuales en las redes sociales, enviando mensajes instantáneos de texto con guasa y sin gracia, llenando el hiperespacio de aburrimiento. Lector, abandona tu red social y sal de tu habitación, ve a la sala y descubre que tienes padres, hermanos, esposa, hijos... todos reales.
El corralín de Botín
En los viejos tiempos, la gente sencilla, cuando finalizaba su adolescencia, formaba una familia. Hombres y mujeres vivían en pareja, de distinto género y procreaban. Vivían en casas sin muchos muebles con sus hijos, dándoles: alimento, vestido, asistencia médica y educación, en la medida de sus posibilidades. Era común ver a una mujer paseando por la calle de la mano de su hijo mayor, que daba la mano al mediano y éste al menor, apartándose los peatones gustosamente, para dejar paso a la alegre comitiva. A veces, estas familias tenían un perro para cuidado de la casa y distracción de los hijos.
En estos tiempos nuevos, la gente sencilla, cuando finaliza la adolescencia continúa en la adolescencia. Hombres y mujeres viven en pareja, o no, de distinto género, o no, y procrean, o no. Viven en casas con muchos muebles con sus perros, dándoles: alimento, vestido, asistencia veterinaria y educación. Es común ver a una mujer paseando por la calle con una retahíla de perros, apartándose los peatones aterrados para dejar paso a Ben-hur con su cuadriga.
El miura de Moncalián
En los viejos tiempos, la gente sencilla, después del trabajo, se cambiaba la ropa de ordeñar por la de paseo y salía a la calle a pasear o a ver cómo crecían las habas en la huerta del vecino, produciéndose de continuo la oportunidad de hablar con familiares y vecinos sobre las cosas acontecidas o por venir. Hombres y mujeres se miraban a la cara y escuchaban la voz de sus semejantes, hablando del tiempo, del ganado o de las hazañas de los héroes de otros tiempos y, cuando volvían a casa, llamaban con dos silbidos a su perro que acudía dando ladridos de alegría.
En estos tiempos nuevos, la gente sencilla antes, durante o después del trabajo, sin salir de casa o saliendo de esta, envía mensajes cortos a familiares, amigos, conocidos y desconocidos por medio de un dispositivo llamado esmorfón que funciona con una aplicación informática llamada guasa, concentrando toda su mirada y atención en los escasos seis centímetros cuadrados de la pantalla del aparato. Es posible ver a parejas de hombres y mujeres que, sentados uno junto a otro, se hablan sin mirarse ni escucharse merced a sus esmorfones... Cuando suenan los dos silbidos de llamada del aparato, nadie puede abstenerse de consultar su chirimbolo para optar a la suerte de estar comunicado con el mundo en tiempo real pero sólo hay un afortunado, que es fácilmente reconocible por los mohines de alegría que le hace a su pantalluca.
Las potrancas de Tudanca
En los viejos tiempos, la música formaba parte de los momentos de asueto de la gente sencilla. El piar de los pájaros en las tardes de verano al volver del trabajo; el canto de las niñas jugando a la comba en la hora del recreo o el mugir estropajoso de los borrachos las noches de los sábados, estaban relacionados con la alegría de vivir y de compartir la vida con familiares y amigos.
En estos tiempos nuevos, la gente sencilla escucha música continuamente: trabajando, conduciendo, haciendo la compra o caminado por la calle, gracias a unos auriculares de diversos tamaños: bien minúsculos insertados en el oído interno bien mayúsculos que cubren completamente las orejas; conectados a un chirimbolo informático microscópico que puede almacenar billones de semicorcheas en un volumen menor a 0,2 cm3. La música ha perdido su valor social y lúdico para convertirse en el ruido de fondo de una vida anodina.
Los tirantes de don Manuel
En los viejos tiempos, la gente sencilla comía lo que podía. Alimentos modestos y sabrosos en la poca cantidad que les permitían sus escasos medios económicos. Por ello, y por realizar trabajos físicos, hombres y mujeres presentaban un físico fibroso y una salud de hierro.
En estos tiempos nuevos, la gente sencilla come lo que quiere. Porquería industrial envasada en plástico de colores llamativos en la cantidad que le permiten sus tragaderas de Gargantua. Por ello, y por pasarse el día sentados, hombres y mujeres presentan un físico grasiento y una salud de depósito de cadáveres.
El ganado de Gelón
Después de esta corriente fuertemente admonitoria que pretende enderezar a nuestros adocenados y virtuales conciudadanos, he de contaros que hace unos pocos años, – en medio de un encuentro en la Granja, lleno de lucidez–, nuestro Presidente acuñó otra definición de nuestra misión más tranquila, placentera y amigable. Las legiones antimacdonalizadoras habían dejado paso a una más pausada vivencia de nuestro lugar en el mundo. El Presidente, quizá cansado, se sentía epicúreo y lejos del finisecular ruido. ¿Se había rendido? Nunca lo sabremos porque nos ha dejado solos en este pequeño reducto, su reducto, con el fin de salvar al mundo con las armas del pensamiento y la palabra, que no es poca cosa. Para que también conste su saber decir finalizo este recordatorio con el sencillo y eficaz lema que inopinadamente propuso un tarde cualquiera :
La tertulia de la Granja es como Venecia, bella y decadente (*)
El maestresala