El Relato Multiautor

El Relato Multiautor maestresala Lun, 22/04/2019 - 11:33

 

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Nuestro Presidente era fértil en ideas que animaran nuestro pequeño círculo literario : en alguna epístola las tildaba de iniciativas presidenciales, y realmente lo eran, pues demostraban su desvelo por nuestras actividades literarias en común. Como miembro fundador nunca desmayaba en su esfuerzo y siempre tenía una nueva idea presentada con entusiasmo y afán didáctico. Debo reconocer que sus epístolas no dejaban lugar a la duda ni a la inacción pues nos guió multitud de veces en empresas un tanto arriesgadas que supimos poner en marcha aunque luego quizá quedaran en el olvido; pero lo hicimos todos juntos guiados por su fe. Sin ir más lejos ésta es una epístola del año 2008 (“XI año triunfal LTLG”) que nos animaba impulsando nuestro revista BARATARIA :

 

Queridos Contertulios:

Comienza un nuevo año para LTLG con grandes éxitos:

- El nº 3 de BARATARIA ha llegado a los quioscos. Un número con muchas colaboraciones y con mayor cantidad de material inédito.

- La página güé muestra una nueva sección. La biblioteca de La Granja, en la que pueden consultarse algunas obras muy interesantes.

Nuestra organización goza de buena salud aunque muestra algún cansancio en las actividades internas. Como todos los años, os emplazo a participar en el Epistolario y os recuerdo que se acerca el X CRLTLG.

Por otra parte, pude disfrutar de la compañía del Maestresala en nuestro templo la semana pasada y me informó de que había recuperado un número importante de ejemplares de BARATARIA 2. Respecto a ellos me presento voluntario para buzonear 24 ejemplares en las bibliotecas de las principales ciudades españolas, por lo que os ruego que me los hagáis llegar por lo cauces habituales.

Con afecto.

Miguel S.

 

Esta era la introducción al asunto que me traigo entre manos y que se puede apreciar en nuestra página güe y es que allá por el año 2003 comenzamos un juego literario que consistía en escribir un relato entre varios autores – nosotros mismos por turnos – y lo denominamos, como no podía ser de otra manera, relato multiautor. Hicimos dos intentos de los cuales el primero quizá se desmadejó un tanto a última hora y consistía en unas aventuras marcianas que llevaban el rimbombante título de Ocaso en Barnaul. La siguiente epístola fue el origen de la propuesta presidencial que nos puso en marcha y fraguó este juego literario endogámico y divertidísimo que dio para mucho :

 

Queridos Contertulios:

Conocidas son las tensiones en el seno del Comité Central. Antaño devinieron en encarnizados combates literarios, llenando de congoja los corazones tertulianos. Ahora una nueva Helena aparece en el panorama granjesco, amenazando la concordia de nuestros, deformados por el espejo convexo, Paris y Agamenón. Haya paz y considérenla los tertulianos como alma literaria y no cuerpo físico , pues si así no fuere, no podríamos mirarnos los unos a los otros de tan grande repulsión estética que nos producimos (véase el estremecedor documento gráfico que ¿adorna? nuestra portada).

Por consiguiente, y tratando de desviar vuestra atención de lujuriosos pensamientos, os propongo lo siguiente:

La redacción de un texto multiautor, de tema a convenir, en el que cada semana un contertulio continuaría la acción o reflexión redactada por el anterior tertulio. El texto semanal no debe ser extenso (una hoja con el formato habitual Bookman Old Style etc). Tampoco debe ser algo obligatorio, con lo que según las circunstancias el escritor semanal puede pedir paso al siguiente. No sé si me explico debidamente y estoy seguro que la idea se puede mejorar. Espero vuestras sugerencias junto con dos aspectos básicos:

1 - Tema del texto – relato o novelita – .

2 - Disposición de cada uno a participar.

Con afecto

Miguel S.
 

Conseguimos acabar sin no poca polémica dos relatos cuya redacción dio lugar a un sinfín de discusiones en nuestro epistolario que culminó en varias tertulias llenas de sana discusión y disensión profunda en nuestro lugar de reunión (café La Granja). Pero sobre todo hay que recordar lo que nos divertimos durante mucho tiempo. Después de algunos años en el cajón de los olvidados, os presentamos el comienzo presidencial de Calles de lluvia basado en una idea muy original de nuestro Presidente. El nuevo personaje se llamaba José Félix Astoreka y aparecía flamante en el primer capítulo escrito con puño y letra presidenciales:

 

―¡Ave María Purísima!

―¡Sin pecado concebida!

―Hace treinta y cuatro años que no me confieso.

―¿De qué te acusas, hijo mío?

―He quebrantado todos los Mandamientos, salvo el quinto, aunque de esto último no estoy muy seguro.

―…

El silencio del párroco me confunde, hubiera preferido una explosión de justa indignación por su parte, algo que diera pie a comenzar mi defensa, que permitiera el desahogo de mi alma torturada, sin embargo sólo hay silencio. ¿Se habrá muerto de la impresión? Desde luego no parecía tan viejo cuando, saliendo de los sótanos más profundos de mi memoria, le vi entrar en la Iglesia de…

…¡Sí, joder! Esa de ladrilllo rojo con esquinas de sillería blanca que está en Alameda de Urquijo, encajonada entre el Corte Inglés y la Casa del Libro…

…Y debe ser casi un anciano, pero al verle con la sotana de invierno y el alzacuellos; los puños de la camisa doblados hacia atrás y sujetos con gemelos de laca negra; la calva reluciente, con el pelo remanente cortado a cepillo; la nariz enorme, soportando unas gafitas doradas, muy poco masculinas, y la barbilla levantada, como si aún tirara de ella, hacia arriba, el barboquejo legionario; pensé que era el mismo don Teodosio de mi infancia, que era una señal para resolver el entuerto en el que estaba metido.

Le seguí al interior de la iglesia, sorprendiéndome por las pinturas tan alegres de las columnas y paredes, que le dan al edificio neogótico un aspecto más acogedor. A pesar de ello, no había gente dentro y él había desaparecido por detrás del altar, o eso me pareció. Me acerqué a los confesionarios de roble, observando que indicaban el nombre de los confesores y el horario en el que atendían a los feligreses y, sí, en uno de ellos encontré:
 

P. Rementería, T.

Lunes a viernes de 18.00 a 18.30
 

Sí, era él. Sólo tenía que esperar unos minutos y podría hablar. Hubiera preferido un horario más amplio pues no estaba seguro de que mi historia pudiera ceñirse a un tiempo tan ajustado, pero mejor era eso que nada.

Me distraje mirando las agujas labradas que coronaban el confesionario, así como los cartelitos de aluminio que informaban al fiel sobre cómo podía elegir el reclinatorio o una sillita. Buena idea.

De pronto, apareció con un Kempis, de tapas negras y sobadas, y con una expresión de extrañeza por el cliente que le tocaba esa tarde, que, previsiblemente, le impediría realizar la meditación vespertina.

Seguro que ahora estará buscando la forma de desembarazarse de mí.

―Hijo mío, ¿por qué has vuelto a confesar después de tantos años?¿No crees que necesitas otro tipo de ayuda, distinta a la que pueda darte un sacerdote?

Lo que yo te decía.

―¿A qué se refiere don Teodosio? ¿Sicólogos, abogados, periodistas? ¿Alguna ONG? Todos buscan lo mismo, ganarse la vida con la desgracia ajena y dormirse pensando que han ayudado al prójimo.

Su expresión muestra un cambio de actitud, no sé si ha sido porque he utilizado su nombre o porque está de acuerdo conmigo en la macdonalización de la caridad.

―Te escucho, ¿cuáles son tus pecados?

―¿Pecados?, ¡bueno!, deje que le cuente mi historia y usted puede hacer una distribución de ellos.

Hace unos tres años, yo era una persona normal: rondando los cuarenta, casado, con dos hijos, con un buen cargo en una gran empresa, con segunda vivienda, coche, viajes a lugares exóticos. Tenía todo aquello que la mayoría de la gente desea conseguir, sin embargo sentía una desazón que no podía llenar con nada: comidas, juego, putas, drogas, iban llevándome hacia el borde del acantilado, hasta que en una cena con mis amigos más íntimos alguien propuso un acertijo: ¿Cuál es tu deseo secreto?.

Tuvimos que escribir nuestro caso en una cuartilla. Yo anoté cuatro patochadas, falsas obviamente, avergonzado por mis defectos y… ¡cual no fué mi sorpresa!… cuando mis amigos hablaron de homosexualidad, violación, fetichismo, sadomasoquismo, … Buf, ¡qué gozada!

Aquello me hizo reflexionar y, poco a poco, llegué a la conclusión de que me gustaría formar un club particular, en el que pudiéramos disponer de todas las mujeres que quisiéramos, montando las sucias orgías que habíamos destilado de los vapores del vino. Es cierto que el asunto era delicado. Una cosa es lo que piensas y otra lo que haces; además no sería fácil conseguir mujeres, no profesionales, que se plegasen a todas las perversiones que volaban entre nuestras cabezas. Porque lo que necesitábamos era una yeguada de hembras sumisas, a poder ser casadas, pues una vez que te las follas se marchan a casa a discutir con el marido.

Así que comencé a utilizar mi tiempo libre en el reclutamiento tanto de los miembros de la sociedad ― ¡ja! y ¡menudos miembros! ― como de las odaliscas de nuestro harén.

Los hombres nos organizamos bien. En poco tiempo teníamos una serie de normas no escritas de comportamiento: discreción extrema, nada de sexo fuera de la comunidad, (hhh, el de casa no estaba prohibido, como es tan raro), una cuota mensual, una casa de citas y un alcahuete, (yo obviamente), quien era el único que conocía las identidades de los componentes de la sociedad. Como ya habrá imaginado, acudíamos a las bacanales enmascarados. Sí, es un estereotipo pero admitirá usted, donn Teodosio, que es efectivo y muy, muy discreto.

Con las mujeres sólo tuve quebraderos de cabeza, al principio, pero en cuanto me dí cuenta de que tenía que tratarlas como a ganado, todo fue bien. Y no tuve escrúpulo en aplicar cualquier medio para corromperlas: promesas, amenazas, chantaje, secuestro… Fue un trabajo ímprobo, pero al cabo de un año contábamos con un rebaño de más de dos docenas de respetables señoras y señoritas, de todas las edades y condiciones sociales, que cuando recibían mi llamada se transformaban en las más viciosas feladoras, sodomitas, tortilleras, amas y esclavas, que usted pueda imaginar.

Y hemos pasado los dos últimos años, viviendo una maravillosa doble vida, que ha hecho mejorar nuestro comportamiento y trayectoria en la sociedad, puesto que todos, incluidas las pedorras que se decían obligadas a limpiar los orinales, nos encontramos más relajados después de nuestras sesiones comunitarias y podemos soportar con mayor entereza los desaires del jefe o del cliente pejiguero.

―No alcanzo a ver…

―José Félix, José Félix Astoreka.

―… José Félix, ¿qué te ha traído hasta aquí? No veo en tu relato, que, a propósito, no me parece demasiado estimulante… si yo te contara lo que he oído en cuarenta y cinco años de confesionario…Vamos, que no estás arrepentido en absoluto de pensar en esa retahíla de cochinadas, que debes haber leído en una versión ilustrada de “Las peripecias de la virtud” y que te han secado el celebro, como al Hidalgo. ¡Reza, cinco padrenuestros y siete avemarías! Y…

―Don Teodosio, que no he acabado. Ya me imaginaba que no me iba a creer, así que le he traído unas pocas fotos para que se caliente un poco; espero que no esté ninguna de sus feligresas entre ellas…

Los ojos de don Teodosio se agrandan detrás de las gafitas. Y, seguramente, otras cosas debajo de la sotana, porque la sucesión de polvos, mamadas, dobles anales, azotes y lavativas se la pondría dura hasta al presidente del gobierno.

―…y, en efecto, no estoy arrepentido. Mi problema es este otro.

Don Teodosio, algo aturullado, me devuelve las fotos y coge los recortes de periódico que le tiendo.

―Espera a que me ponga las gafas de cerca…que resultan ser la misma mariconada que las de lejos, pero con distinta graduación.

…la joven P.T.F, de 29 años, muere en accidente de tráfico en Apatamonasterio… violencia doméstica en Bilbao: I.M.C fue asesinada por su marido, mientras compraba puerros en el Mercado de la Ribera…una mujer es atropellada por el tranvía, a la altura del Guggenheim …vecina de Galdácano es atacada y semidevorada por sus propios perros…

―¡José Félix, no me enciendas! ¡Qué cojones es esto!

―Ese puede ser mi pecado, don Teodosio.

―Pero, ¡qué pecado ni que ocho cuartos!, hijo mío ¡estás de atar!. ¿Qué relación hay entre estos accidentes?¡Por Dios!

―La hay. Todas formaban parte de mi cuadra, y como le he dicho antes, yo soy el único que conocía sus “actividades”. Admitirá que es extraño; en el último mes ha habido una mujer muerta, en accidente, por semana, en el Gran Bilbao, y todas ellas tenían algo en común: a mí.

Fin del Capítulo I