Nuestro Presidente

Nuestro Presidente maestresala Sáb, 16/03/2019 - 17:17

 

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Miguel San José Rueda
 


 

Me gustaría contarle que soy un niño que vigila el camino hacia su casa, esperando la llegada de un marinero con una sola pierna, o, mejor aún, un viejo legionario que aprieta con su mano izquierda la moneda de plata con la que pagará al barquero, si los cimbrios, que se acercan vociferando, rompen las filas de su manípulo; sin embargo, no puedo.

Soy un hombre normal, desengañado de políticos; tomador de dos préstamos a interés de usura; pagador de doscientos tipos de impuestos; responsable de dos jovencitas: una rubia y otra tornasolada; ornitólogo; ornitólogo aficionado y juguetero profesional; adicto a los pinchos de tortilla y a las pastillas anti-halitosis; coleccionista de objetos sin valor y de las airadas miradas de unos ojos claros, serenos, cuando de su dulce mirar son alabados. Todas esas cargas las soporto con resignación franciscana, porque varias tardes a la semana acudo al Café La Granja donde tomo un cortado y fumo un cigarrillo de caldo, encendiéndolo con un mechero austriaco de gasolina.

Pero... no piense que mis actividades en el viejo café se limitan a disfrutar de los lujos asiáticos mencionados, también participo en una tertulia literaria. Extraña afición en estos tiempos ¿verdad? Pues debo decirle que sentí esa misma sensación, cuando un amigo, GAT, me propuso, hace ya más de diez años, quedar el sábado, después de comer, en el café de la Plaza Circular para hablar sobre los libros que habíamos leído. Aquella tarde, él, un joven secretario, y yo nos dimos cuenta de que no era posible mantener una conversación literaria, si los participantes en aquélla no habían leído el libro en cuestión. Decidimos organizarnos, y creamos, sin saberlo, La Tertulia de La Granja. Después fueron llegando el Profesor, Adrián Arza, el Tertulio Pizpireto, el Maestresala y el Tertulio Ignoto.

Todos juntos, como bandoleros de la Sierra Literatura, hemos asaltado más de cien caravanas con todo tipo de cargamento: aventuras, ciencia ficción, biografía, filosofía... Y entonces, se lo aseguro, me transformo en una rufián feroz y despiadado: ¡un crítico! Es decir, la más infame de las criaturas que pueblan el mundo literario.

Llegó un momento en el que ver los toros desde la barrera fue insuficiente y nos vimos obligados a participar de la Literatura creándola (otra vez fue GAT quién nos empujó a ello). Desde ese instante hemos tomado muchas posiciones y hemos seguido avanzando con mil actividades: el Encuentro de Relatos, el Epistolario, la Página Güe, el Relato Multiautor, hasta llegar a esta Revista Barataria, que tiene usted en la mano y a este artículo tan presuntuoso que está leyendo.

Finalmente, mentiría si dijera que la Literatura es el aspecto más importante de mi vida, pero es cierto que las actividades tertulianas son mi mayor distracción y me proporcionan un gran sosiego.

Eso es todo. Ya sabe quién soy y dónde encontrarme. Por ello, le ruego que me avise si ve a un marinero con una sola pierna.

Propuestas Presidenciales

Propuestas Presidenciales maestresala Dom, 17/03/2019 - 08:40

 

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Año

Mes

 Título

Autor

2017 Abril Asesinatos S.L. Jack London
2016 Julio El castillo de los Cárpatos Julio Verne
2015 Septiembre Los tres mosqueteros Alexandre Dumas
2014 Noviembre Matadero cinco Kurt Vonnegut
  Enero El largo adiós Raymond Chandler
2013 Marzo Animales y más que animales Saki
2012 Mayo El viento en los sauces Kenneth Grahame
2011 Septiembre Vida y destino Vassili Grossman
  Enero Fiesta Ernest Hemingway
2010 Junio Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin Vladimir Voinóvich
2009 Diciembre Los mejores relatos Road Dahl
  Abril Kim Rudyard Kipling
2008 Octubre El hombre que sabía demasiado G.K. Chesterton
  Enero La sombra sobre Innsmouth H.P. Lovecraft
2007 Junio El hombre delgado Dashiell Hammett
2006 Noviembre Nuestro hombre en La Habana Graham Greene
  Marzo Naufragios Álvar Núñez (Cabeza de Vaca)
2005 Julio La vida de don Quiijote y Sancho Miguel de Unamuno
2004 Diciembre Cómo me marché de casa una mañana de verano Laurie Lee
  Marzo Correspondencia con su hermano Quinto Marco Tulio Cicerón
2003 Septiembre Los subterráneos Jack Kerouac
  Febrero El proceso Franz Kafka
2002 Junio La isla del doctor Moreau H.G Wells
2001 Diciembre La rebelión de las masas José Ortega y Gasset
  Mayo Los sueños Francisco Quevedo
2000 Noviembre Utopía Tomás Moro
  Mayo Desayuno en Tiffanys Truman Capote
1999 Diciembre 1984 George Orwell
  Julio Una chica cualquiera Arthur Miller
  Marzo El diablo en la botella R.L. Stevenson
1998 Noviembre La verdad sobre el caso Savolta Eduardo Mendoza
  Mayo Diario de un jubilado Miguel Delibes
  Enero La historia de Eliseo y la sunamita Robert Graves
 1997 Septiembre Adiós a las armas Ernest Hemingway
  Mayo Hernán Cortés Salvador Madariaga

 

 

Todos los relatos del Presidente

Todos los relatos del Presidente maestresala Lun, 22/04/2019 - 10:50

 

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VIGESIMO SEPTIMO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

SEPTIEMBRE 2016

 

LAS MANZANAS DE MOSCU

 

LA PERRA DE NIKITA

 

VIGESIMO SEXTO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

 

FEBRERO 2016

 

EL GANADO DE GELÓN

 


 

VIGESIMO QUINTO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

FEBRERO 2015

 

LOS TIRANTES DE DON MANUEL

 


 

VIGESIMO CUARTO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

SEPTIEMBRE 2014

 

LAS POTRANCAS DE TUDANCA

 

 

VIGESIMO TERCERO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

FEBRERO 2014

 

EL MIURA DE MONCALIAN

 

 

VIGESIMO SEGUNDO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

SEPTIEMBRE 2013

 

LOS BUSARDOS DE DON LEONARDO

 

  

VIGESIMO PRIMERO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

FEBRERO 2013

 

EL CORRALÍN DE BOTÍN

 

DERIVADA  DE LA SOLEDAD DE LATÓN Y TERCIOPELO RESPECTO DEL TIEMPO

 

 

VIGESIMO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

SEPTIEMBRE 2012

 

C.A.F.E
 

 

DECIMONOVENO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

FEBRERO 2012

 

ATADO Y BIEN ATADO

 

 

 DECIMOCTAVO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

SEPTIEMBRE 2011

 

EL CHON DE PECHÓN

 

AMIGOS DE COBRE Y RAFIA

 

 

DECIMOSÉPTIMO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

FEBRERO 2011
 

LA GAMA DE GAMA

 

LA GAMA DE GAMA (EPÍLOGO)

 


 

DECIMOSEXTO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

SEPTIEMBRE 2010

 

LA CULEBRONA DE RUENTE

 

 

DECIMOQUINTO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

FEBRERO 2010

 

EL LEON DE TONETTI

 

 

DECIMOCUARTO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

SEPTIEMBRE 2009

 

RECUERDOS DE STALINGRADO

 

 

 

DECIMOTERCERO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

FEBRERO 2009

 

CARNAVALES DE RESINA Y LINO

 

 

DECIMOSEGUNDO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

SEPTIEMBRE 2008

 

PÉRDIDAS DE ACEITE Y HUEVO BATIDO

 

 

UNDECIMO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

FEBRERO 2008

 

DUROS DE LATON Y TERCIOPELO

 

 

DECIMO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

SEPTIEMBRE 2007

 

MICHINES DE LATON Y TERCIOPELO

 

NOSTALGIA DE LATON Y TERCIOPELO

 

 

NOVENO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

FEBRERO 2007

 

PARA JUAN

 

 

OCTAVO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

SEPTIEMBRE 2006

 

KKK DE PLATA Y ALGODON

 

 

SEPTIMO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

FEBRERO 2006
 

SUEÑOS DE ALUMINIO Y BROCADO

 

 

SEXTO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

SEPTIEMBRE 2005

 

CABOHORNEROS DE LATÓN Y TERCIOPELO

 

 

QUINTO CERTAMEN DE CUENTOS DE LA GRANJA

FEBRERO 2005

 

URANIO DE LATÓN Y TERCIOPELO

 

 

CUARTO CERTAMEN DE RELATOS

SEPTIEMBRE 2004

 

PACHARÁN DE LATÓN Y TERCIOPELO

 

 

TERCER CERTAMEN DE RELATOS

FEBRERO 2004

 

MALOS TIEMPOS DE LATÓN Y TERCIOPELO

 

 

SEGUNDO CERTAMEN DE RELATOS

SEPTIEMBRE 2003

 

SOLEDAD DE LATÓN Y TERCIOPELO

 

 

PRIMER CERTAMEN DE RELATOS

FEBRERO 2003

 

FÁBULAS CADUCIFOLIAS

 

 

Tiempos de latón y terciopelo

Tiempos de latón y terciopelo maestresala Mié, 24/04/2019 - 09:12

 

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Corría el año 2003 en el calendario y nuestro epistolario estaba pletórico. Los buzones eran un hervidero de epístolas que daban mucho de sí, tanto que había que leer réplicas y contrarréplicas, apuntes y salidas de tono memorables, porque de todo hubo. Fue entonces cuando decidimos a crear nuestra propia página güe y lanzarla al espacio exterior para dejar de ser un cenáculo de amantes de la literatura que hablan de libros en la hospitalaria esquina de un café. Cualquiera sabe que en este país no se lee – somos más de panem et circenses –, y por ello, nos preguntábamos – y nos seguimos preguntando – a quién podrían interesar unos señoritos que aman y destripan obras literarias impunemente cada mes. De cualquier forma, nos lanzamos al ciberespacio con fuerza y la primera tarea que nos pidió el impulsor y Tesorero mayor, fue definir en pocas frases nuestra tertulia; sí, decir que era para cada uno la Tertulia de nuestras inmortales. Y entonces, se formó el tumulto epistolar que voy a resumir con algún recordatorio de nuestro Presidente. Bien es verdad que en estas tierras cuando se trata de juzgar/votar algo, se levantan las hordas emocionales y hacen de las suyas. Estas líneas son graciosas por su antigüedad y su espurio fin, y en ellas el Presidente sale por peteneras arrogándose la victoria con una escueta y divertida cartita :

[030228 Resultados provisionales]

Queridos contertulios:

He tenido acceso, en el mercado negro de información, a los resultados provisionales de la votación para las "seis líneas".

A falta de la emisión del voto de un único contertulio, el ganador provisional soy yo.

Quiero, con esta circular, agradeceros la confianza que en mí habéis depositado, a pesar de que las circunstancias de los últimos días me hayan hecho abandonar la posición de privilegio que he disfrutado durante tanto tiempo.

Gracias a todos

Miguel S.

Y no había sido el vencedor pero le hubiera gustado aunque la solución final fue redonda : cada mes sería una de las propuestas presentadas la que adornaría nuestra página. En aquel tumulto sintió su autoridad peligrar pues necesitaba vencer un poquito aquella pugna literaria de puertas adentro.

Llegaron las disculpas presidenciales por el comportamiento dialéctico-bullanguero que se había derrochado y con magnanimidad, como caballero leal que era, emitió unas emotivas palabras que vistas hoy atrapan por su sencillez :

[030310 Respuesta a los comentarios]

Querido Nicolás:

Me he permitido remitir tu correo a los contertulios, para que nos sirva de ejemplo de la actitud que necesitamos en nuestra vida normal y el mundo en general.

De forma privada, quiero hacer un descargo de nuestro (mi) comportamiento, algo infantil, que sólo es una muestra de alegría y felicidad por una actividad que nos ilusiona a todos. Esta ilusión es fruto de tu iniciativa y dedicación y sin ellas esta tertulia no sería tal, si no una reunión de amigos (raros) que charlan de una afición común.

Gracias por permitirme pensar que soy un poeta.

Con afecto

Miguel S.

La presentación presidencial no se hizo con el galardón de ser la más votada pero es la más realmente combativa y la que más enjundia rezuma ¿la más romántica?. A día de hoy preside el pie de nuestra página güe y así quedará por mucho tiempo :

Una porción de las masas se ha dado cuenta de su condición, y quiere dejar de serlo. Desde 1996, todos los terceros sábados de mes, en el café La Granja de Bilbao, desarrolla una lucha sorda contra los poderes “macdonalizadores” y “baserritarrizadores” de la sociedad, con las más poderosas armas del ser humano: el pensamiento y la palabra. Con paisaje literario, la tertulia de La Granja es un viaje hacia la libertad.

Es ambiciosa, consecuente y quizá demasiado grandilocuente pero qué mensaje quería enviar a las masas nuestro Presidente – y a nosotros. Lo explica en una epístola en la que la realidad se explica con toda su crudeza como la muerte cobra su sentido en un desolladero :

[030317 Macdonalización]

Queridos contertulios:

La “macdonalización” es la generalización de los métodos del doctor Goebbels a todos los ámbitos de la vida y en todos los lugares del mundo; dicho en castizo: es la carnaza que el capitalismo (de derechas o izquierdas, es igual) echa al banco de besugos que es la clase media (alta o baja, es igual). Y aparece en todas partes, no sólo en las películas americanas de vehículos, en forma de camión blanco con el enorme anagrama azul y rojo de una bebida refrescante, en medio de la más trepidante persecución, sino en los sesudos artículos, de las más sanas e higiénicas publicaciones, con las firmas más honradas y sinceras.

Yo me pregunto muchas veces por qué Mr. Chamberlain fue tan conciliador con la actitud anexionista de Hitler (6 millones de cadáveres judíos gestionados con excavadora); por qué el mundo civilizado no mandó el tren blindado (mi tío Carlos con un tiro en la nuca en una cuneta de Begoña); por qué el padrecito Stalin se sentaba sonriente con Mr Churchill y Mr Roosevelt en Yalta (20 millones de sovieticos liofilizados en Siberia); por qué la OTAN actuó en la 6ª guerra que provocó Milosevic (¿00.000 yugoeslavos muertos); por qué Mr. Truman no tiró sus bombas atómicas en el desierto de Gobi (400.000 japoneses muertos en 17 segundos)..., pero sobre todo me pregunto por qué aquel periodista gráfico en vez de socorrer a una niña vietnamita que corría desnuda y abrasada por el napalm, decidió filmarla y ganar fama, dinero y prestigio con la desgracia del prójimo.

Con afecto.

Miguel S.

Tras esta explicación queda meridianamente claro lo que quería/quiere hacernos ver y ya no es solamente literatura, es la Vida en esta casa que es el Mundo. Traslada el pensamiento y la palabra a su uso más demoledor : la lucha contra el poder que aspira a decirnos lo que hemos de hacer y pensar. Al pensar en este artículo en seguida recordé un obra que leí en los noventa y me dejó un recuerdo imborrable; he tenido que rescatar de mi desordenada biblioteca un libro de un periodista español, Vicente Verdú – que auguraba ya lo que se nos venía encima, lo que ya está aquí; su título, El planeta americano (1997) – Premio Anagrama de Ensayo de ese año –, era clarificador. Lo he releído como buen tertuliano y no me sustraigo a transcribir tres o cuatro pasajes :

“Los telediarios locales norteamericanos ofrecen tres secciones principales. Una dedicada a los crímenes y catástrofes, otra destinada a los deportes y una tercera concentrada en el tiempo […] La primera parte es, por su énfasis, la más determinante para el espectador. Estados Unidos aparece en esa primera sección como un país amenazado por individuos o fuerzas naturales...”

“Con seguridad, el alma actual americana no reside en las urbes sino en las desahogadas periferias donde vive más de la mitad de la población […] El mall [centro comercial] es la tienda de todos los desertores urbanos. Nada parecido a lo que todavía sucede aquí aunque Europa vaya rindiendo día tras día sus señas a los modelos de América. La moda de los trucks (4x4, etc) que conviene al gusto rural americano, es un ejemplo más.”

“Más allá de los datos objetivos, la sociedad produce miedo como una nutrición de primera necesidad. Miedo como atributo primigenio de un territorio nuevo y por conquistar. Miedo al crimen, miedo a la guerra exterior de la clase que sea, miedo a la contaminación....

“Individualismo, primacía de lo privado sobre lo público, superioridad del mercado sobre cualquier otra consideración son elementos de la ecoesfera norteamericana que en el ciberespacio imponen también con toda intensidad sus dogmas.”

Como muestra un botón con el que creo que el concepto presidencial de macdonalización fue elegido con clara intención y afán simbolizador de un colonización económica y sobre todo mental del orbe y particularmente de nuestra Europa que curiosamente ya tiene su historia, su tradición y su pasado; todavía aún más si cabe con un último apunte al natural :

“Desde los años sesenta McDonald's requiere a sus establecimientos la exhibición de una bandera nacional y de una placa con la figura de un águila que porta en su pico una cinta con la leyenda :

McDonald's. The American Way”

El término, sin duda, estaba perfectamente elegido para el concepto de la vida moderna que se ha dejado tentar por lo material, por lo banal alejado de lo esencialmente humano. Sin duda concuerdo con el lema que nuestro Presidente nos regaló como etiqueta reivindicativa y grandilocuente que sigue siendo tan necesaria como en aquel lejano 2003. Pero no queda ahí la cosa puesto que seguía en su mente permanentemente la obligación (¿ilusión?) de desfacer éste y otros entuertos de nuestra vida actual y modernísima con los que él no comulgaba y en el fondo le dolían profundamente. Era su dolor particular.

Serían motivo de un análisis sus dos redondas sagas de relatos siempre ambientadas en un pasado más benigno con el alma humana que estos tiempos de latón y terciopelo – la soledad resuena porque está hecha de latón, y a un tiempo acaricia porque también es aterciopelada – llenos de densa nostalgia, una pura saudade que diría un portugués. Pues bien, dejando a un lado la soledad profunda de la primera tanda de relatos en los que don Miguel, alter ego de nuestro Presidente, vive aventuras didácticas, increíbles, ejemplarizantes y siempre con un final feliz, tenemos su inmortal saga de los doce trabajos de Hércules protagonizadas por Casimiro, el Hércules de Cos. Paralelamente a la entraña de cada trabajo, ahora ambientados en pueblos del Valle, nuestro Presidente pretendía amonestar para hacer ver qué pasa en nuestra civilización. Sirven para presentar cada relato y dotar a cada historia de una enseñanza ejemplar que fía la humanidad a escuchar las propias fábulas y a cambiar la costumbres calamitosas que la modernidad instaura en nuestros pueblos y ciudades por medio de la macdonalizacion. Y vuelve su afán reivindicativo que retoma su lema de la Tertulia más arriba comentado. Su lucha toma extremos de la existencia y los retrata vergonzosamente. Entiendo que se trata de la misma guerra librada en otras tantas batallas contra cada una de las costumbres deshumanizadoras y macdonalizadoras que asolan nuestra sociedad. Tomo, entonces, los pasajes indicando en qué relato aparecen de las aventuras del Hércules del Valle:

En los viejos tiempos, las historias de los héroes de la antigüedad, que se contaban al calor de la lumbre en las noches de invierno, servían tanto de distracción para los hombres como de ejemplo para los niños.

Ahora, la calefacción central y los medios de comunicación, fijos y portátiles, han acabado con aquella costumbre y, quizás por ello, los ancianos están más aburridos que sus abuelos y los jóvenes pueden comportarse como villanos sin ningún remordimiento

El León de Tonetti

 

En los viejos tiempos, cuando las noches de invierno eran largas y oscuras, y sólo la lumbre ahuyentaba el frío y las sombras, la única manera de acortar las horas de tedio era por medio de las historias de los héroes y sus hazañas.

En estos tiempos nuevos, de luz eléctrica y calefacción, de mamoneos televisivos e informáticos, ya nadie necesita oír aquellas leyendas... o ¿quizás sí?. Quizás tú, lector, quieras conocer los hechos del más vigoroso de los mortales. Si es así, yo puedo calmar tu sed de aventura. Desconecta tus trastos electrónicos, corta la corriente de tus lámparas de bajo consumo, interrumpe el suministro de gas a tu caldera, eso sí, cúbrete con la manta del abuelo, y enciende el cirio de la Procesión del Milagro, aquél que tu sacrificada madre te envió, tratando de encauzar esa vida vacía que llevas... y escucha.

La culebrona de Ruente

 

En los viejos tiempos, el frío y la oscuridad de las noches de invierno se mojaban junto con los “sobaos” en tazones de leche mientras, al calor de la cocina de carbón, se contaban las historias de los héroes y sus hazañas.

En estos tiempos nuevos, los programas de televisión basura, los videojuegos estercolero, las páginas de interné escoria, las películas escombrera y los productos editoriales de charcutería tienen a la sociedad mesmerizada, de forma que nadie siente el frío ni la oscuridad de las noches de invierno y menos aún la necesidad de escuchar las historias de los héroes y sus hazañas. Sin embargo, algunas de ellas aún suenan tan fuerte, que incluso un oído abotargado por veinte años de depósitos de grasas provenientes de hamburguesas de “chopin center” podría escucharlas...

La gama de Gama

 

En los viejos tiempos las noches de verano, aunque invitaban a que los paisanos se reunieran a la fresca, no ofrecían mucho entretenimiento, más allá de contar los cricrís de los grillos, imitar el ulular el autillo o ver una de las lágrimas de San Lorenzo; por esto, los lugareños buscaban diversión en las historias de los héroes y sus hazañas.

En estos tiempos nuevos nadie puede escuchar el cricrí de los grillos ni el ulular de los autillos porque lleva auriculares de colores que aporrean música descargada ilegalmente en sus oídos. Lector, quítate los auriculares y escucha el relato de las aventuras del más grande de los héroes.

El chon de Pechón

 

En los viejos tiempos, durante las noches de primavera las inquietudes y los pesares de la vida diaria se disolvían en los relatos de las aventuras de los héroes de antaño, proporcionando una paz interior a las gentes sencillas que los escuchaban, que les permitía dormir plácidamente y despertarse felices tras soñarse protagonistas de aquellas maravillosas hazañas.

En estos tiempos nuevos, durante las noches de primavera las gentes sencillas se sumergen en la búsqueda de amistades virtuales en las redes sociales, enviando mensajes instantáneos de texto con guasa y sin gracia, llenando el hiperespacio de aburrimiento. Lector, abandona tu red social y sal de tu habitación, ve a la sala y descubre que tienes padres, hermanos, esposa, hijos... todos reales.

El corralín de Botín

 

En los viejos tiempos, la gente sencilla, cuando finalizaba su adolescencia, formaba una familia. Hombres y mujeres vivían en pareja, de distinto género y procreaban. Vivían en casas sin muchos muebles con sus hijos, dándoles: alimento, vestido, asistencia médica y educación, en la medida de sus posibilidades. Era común ver a una mujer paseando por la calle de la mano de su hijo mayor, que daba la mano al mediano y éste al menor, apartándose los peatones gustosamente, para dejar paso a la alegre comitiva. A veces, estas familias tenían un perro para cuidado de la casa y distracción de los hijos.

En estos tiempos nuevos, la gente sencilla, cuando finaliza la adolescencia continúa en la adolescencia. Hombres y mujeres viven en pareja, o no, de distinto género, o no, y procrean, o no. Viven en casas con muchos muebles con sus perros, dándoles: alimento, vestido, asistencia veterinaria y educación. Es común ver a una mujer paseando por la calle con una retahíla de perros, apartándose los peatones aterrados para dejar paso a Ben-hur con su cuadriga.

El miura de Moncalián

 

En los viejos tiempos, la gente sencilla, después del trabajo, se cambiaba la ropa de ordeñar por la de paseo y salía a la calle a pasear o a ver cómo crecían las habas en la huerta del vecino, produciéndose de continuo la oportunidad de hablar con familiares y vecinos sobre las cosas acontecidas o por venir. Hombres y mujeres se miraban a la cara y escuchaban la voz de sus semejantes, hablando del tiempo, del ganado o de las hazañas de los héroes de otros tiempos y, cuando volvían a casa, llamaban con dos silbidos a su perro que acudía dando ladridos de alegría.

En estos tiempos nuevos, la gente sencilla antes, durante o después del trabajo, sin salir de casa o saliendo de esta, envía mensajes cortos a familiares, amigos, conocidos y desconocidos por medio de un dispositivo llamado esmorfón que funciona con una aplicación informática llamada guasa, concentrando toda su mirada y atención en los escasos seis centímetros cuadrados de la pantalla del aparato. Es posible ver a parejas de hombres y mujeres que, sentados uno junto a otro, se hablan sin mirarse ni escucharse merced a sus esmorfones... Cuando suenan los dos silbidos de llamada del aparato, nadie puede abstenerse de consultar su chirimbolo para optar a la suerte de estar comunicado con el mundo en tiempo real pero sólo hay un afortunado, que es fácilmente reconocible por los mohines de alegría que le hace a su pantalluca.

Las potrancas de Tudanca

 

En los viejos tiempos, la música formaba parte de los momentos de asueto de la gente sencilla. El piar de los pájaros en las tardes de verano al volver del trabajo; el canto de las niñas jugando a la comba en la hora del recreo o el mugir estropajoso de los borrachos las noches de los sábados, estaban relacionados con la alegría de vivir y de compartir la vida con familiares y amigos.

En estos tiempos nuevos, la gente sencilla escucha música continuamente: trabajando, conduciendo, haciendo la compra o caminado por la calle, gracias a unos auriculares de diversos tamaños: bien minúsculos insertados en el oído interno bien mayúsculos que cubren completamente las orejas; conectados a un chirimbolo informático microscópico que puede almacenar billones de semicorcheas en un volumen menor a 0,2 cm3. La música ha perdido su valor social y lúdico para convertirse en el ruido de fondo de una vida anodina.

Los tirantes de don Manuel

 

En los viejos tiempos, la gente sencilla comía lo que podía. Alimentos modestos y sabrosos en la poca cantidad que les permitían sus escasos medios económicos. Por ello, y por realizar trabajos físicos, hombres y mujeres presentaban un físico fibroso y una salud de hierro.

En estos tiempos nuevos, la gente sencilla come lo que quiere. Porquería industrial envasada en plástico de colores llamativos en la cantidad que le permiten sus tragaderas de Gargantua. Por ello, y por pasarse el día sentados, hombres y mujeres presentan un físico grasiento y una salud de depósito de cadáveres.

El ganado de Gelón

 

Después de esta corriente fuertemente admonitoria que pretende enderezar a nuestros adocenados y virtuales conciudadanos, he de contaros que hace unos pocos años, – en medio de un encuentro en la Granja, lleno de lucidez–, nuestro Presidente acuñó otra definición de nuestra misión más tranquila, placentera y amigable. Las legiones antimacdonalizadoras habían dejado paso a una más pausada vivencia de nuestro lugar en el mundo. El Presidente, quizá cansado, se sentía epicúreo y lejos del finisecular ruido. ¿Se había rendido? Nunca lo sabremos porque nos ha dejado solos en este pequeño reducto, su reducto, con el fin de salvar al mundo con las armas del pensamiento y la palabra, que no es poca cosa. Para que también conste su saber decir finalizo este recordatorio con el sencillo y eficaz lema que inopinadamente propuso un tarde cualquiera :
 

La tertulia de la Granja es como Venecia, bella y decadente (*)

 

El maestresala

Pecios Presidenciales

Pecios Presidenciales maestresala Lun, 22/04/2019 - 11:18

 

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No sabía cómo titular este escrito y me ha parecido adecuado la acepción de Rafael Sánchez Ferlosio de pecio por ser citas aisladas o pensamientos que el Maria Moliner define como resto de una nave naufragada o de lo que iba en ella. Una vez nombrados los pasajes que vienen a continuación, he de contar el proceso mediante el cual los he obtenido : pues bien, estas Navidades pasadas me tomé la obligación de oír todas las grabaciones de las intervenciones de nuestro Presidente, las cuales abarcan el período de septiembre de 2005 hasta octubre de año 2017, última tertulia en la que disfrutamos de su presencia.

Como yo intuía, mientras las escuchaba me daba cuenta del venero feraz que representaban y que demuestra su sabiduría tranquila; además, al releer semanas después las notas tomadas sobre sus intervenciones para redactar este escrito, me han confirmado que este ejercicio era necesario para disfrutar de todas las cosas sencillas y sinceras que contó en nuestro pequeño círculo literario siempre de una forma didáctica y fácil de entender. Porque entonces aparece ante mí el hombre que sin tapujos tiene un criterio propio y sin pudor es capaz de manifestarlo, siempre guiado por sus valores que a veces pudieran parecer trasnochados; opina sobre una obra desde una perspectiva humana y sobre todo, desde los afanes de un lector que disfruta y tiene a gala haber cultivado su espíritu desde su adolescencia. La lectura para él era un placer y una obligación que comenzó pronto y nunca abandonó cristalizando en la fundación de La Tertulia de la Granja. Digamos que se trataba de un lletraferit o letraherido como dicen los catalanes en acertadísima acepción.

Sus intervenciones son la mejor garantía al mostrar de una manera didáctica y casi irrebatible las nociones que le sugieren una obra literaria, eso sí, desde una óptica personal muy valiosa. He de hacer énfasis en el hecho de que todas sus intervenciones, salvo en el caso de que él fuera el proponente – y no en todas las obras –, rondan los cinco minutos, reto de gran inteligencia en la que no hay nada magro en su intervención y sí unos cuantos extremos interesantes – diría cruciales – que motivan la reflexión, o por lo menos, así lo he sentido sin ocultar, claro, mi atracción por la forma y el fondo de sus sencillas y vigorosas exposiciones. No se perdía en la biografía pero sí se las apañaba para definir en ciertos libros a los autores y los encuadraba en sus categorías favoritas de rojos-masones, izquierdosos, de-las-jons...etc

Al repasar todas estos pasajes apareció una lectura de un fragmento de la obra Meditaciones de Marco Aurelio que, a la luz del triste acontecimiento de su marcha, cobra un sentido especial; son profundas y presidenciales palabras que servirán de entrada a este texto. El oírle leer este texto emociona y da cierta templanza frente a la muerte :

«¡Buen hombre, fuiste ciudadano en esta gran ciudad! ¿Qué te importa, si fueron cinco o tres años? Porque lo que es conforme a las leyes, es igual para todos y cada uno. ¿Por qué pues, va a ser terrible que te destierre de la ciudad, no un tirano, ni un juez injusto, sino la naturaleza que te introdujo? Es algo así como si el estratego que contrató a un comediante, lo despidiera de la escena. “Mas no he representado los cinco actos, sino sólo tres». «Bien has dicho. Pero en la vida los tres actos son un drama completo.” Porque fija el término aquel que un día fue responsable de tu composición, y ahora lo es de tu disolución. Tú eres irresponsable en ambos casos. Vete, pues, con ánimo propicio, porque el que te libera también te es propicio»

De todo los fragmentos que he escuchado mostraré los que deslumbran y, a la vez, muestran quién era y de qué pasta estaba hecho. Mi ánimo no es otro que el de dar fe de su vida a través de palabras que pronunció ante nosotros, sus compañeros de lides literarias, sobre todo tipo de obras y por establecer un orden, comenzaré por las más antiguas.

Empecemos por Volverás a Región, obra de Juan Benet sobre la que hablamos en noviembre del 2005; el Presidente calificó la obra como un desván en el que se habían metido muchas cosas y habló palabras tan didácticas como éstas :

Volverás a Región es un libro en el que cualquier lector puede encontrar, más allá de su composición formal, muchos asuntos e historias de interés. Leerlo es como abrir la puerta de una buhardilla, franquearla, introducirse en ella, escudriñar en las sombras, sentir el latido mortecino de los objetos que allí languidecen en el olvido, empaparse de nostalgia y revivir los momentos, las ilusiones, los fracasos, las alegrías y los sueños del pasado. Cada lector puede además elegir a conveniencia, según sus gustos y apetencias, como quien, una vez dentro de la buhardilla de la vivienda familiar, se encuentra ante los restos de la vida de la familia de los treinta años anteriores (la Mariquita Pérez de la hermana, maletas con ropa vieja, los libros de bachillerato del hermano, alguna colección de cromos, antiguos programas de cine, etc…) y siente especial predilección por unos u otros objetos, por unos u otros recuerdos y momentos de un tiempo ya vivido.

La siguiente obra es El amante bilingüe – de Juan Marsé, comentada en la tertulia de abril de 2006 – y le sirve a nuestro Presidente para realizar una categorización sobre las mujeres que se acercan al protagonista, un charnego llamado Juan Marés, y extensibles a la vida. Por el interés alargo el pecio ad libitum :

En efecto, Marsé pone de manifiesto que conoce a la perfección la psicología femenina, su “modus operandi” en el entorno social y las estrategias de comportamiento en el ámbito de las relaciones humanas. Distingue tres tipos de mujeres: la primera, representada por Norma, es esa persona ambiciosa, carente de escrúpulos, que busca la buena situación social, ambiciona un status, prima la seguridad económica sobre otras consideraciones personales, anhela el poder y usa a los hombres conforme a sus fantasías sexuales e intereses de clase; así, Marés le resulta un tipo interesante, con proyección social y un futuro político prometedor; pero cuando Norma comprueba que no es más que un parásito social le abandona y busca el amparo afectivo del jefe de su Departamento, un individuo miserable, aunque poderoso. Y del mismo modo procede a la hora de satisfacer sus sueños eróticos; si bien en esta ocasión anhela lo exótico y pintoresco, que al caso son los charnegos, sementales de negros rizos y ojos verdes, a quienes utiliza como objetos sexuales. La segunda clase de mujer, representada por Griselda, es la que está desesperada de la vida, no tiene ilusiones ni perspectivas de futuro, se siente postergada a la mediocridad y sufre en silencio la fatalidad de una realidad social que funciona por medio de clichés de imagen y cánones de belleza en los que ella no tiene cabida (¿qué expectativas puede tener una taquillera de un cine de barrio, obesa y amargada de su situación?) Las mujeres como Griselda, humildes y resignadas, sólo esperan de los hombres un poco de atención, y cuando alguien se la da, le devuelven ciento por uno en cariño sincero y desinteresado. Estas mujeres son injustamente mal consideradas por los hombres, que en su estupidez las infravaloran cuando no las desprecian. Y el tercer tipo de mujer es el que representa Carmen. Es la mujer enamorada, esa que se entrega por completo al hombre que ama. Marsé la presenta ciega, porque el amor de mujer, el verdadero y ciertamente insólito amor de mujer, no considera el aspecto físico del hombre, la edad o cualquier otro signo exterior que lo caracterice. Carmen es la única mujer que percibe, conoce, al Marés/Faneca real. Sus disfraces y trapacerías no le sirven de nada, y por tanto se muestra ante ella tal y como es: devoto, paciente, caballeroso y seguro. Carmen necesita a Marés/Faneca para que le cuente las películas que ella no puede ver y para que le interprete la realidad, y éste no puede hacer otra cosa que caer rendido ante el amor de la mujer.

En diciembre de 2007, el Profesor propuso una Antología poética de nuestro querido Blas de Otero; dijo palabras amables sobre él y su obra, hasta quizá un poco nostálgicas; supongo que un escritor como Blas tenía todos los parabienes de nuestro Presidente y al final hizo una confesión emocionante sobre un momento de sus numerosos viajes laborales, una confesión tierna que dice mucho de quién era :

Me sentí solo en un aeropuerto hasta que me habló Blas. Siente lo que siento yo[...]Noticias de todo el mundo; esto que necesita don Blas es lo que necesito...

Ese mismo año en octubre nos habló sobre lo que la obra Las hermanas coloradas (de Francisco García Pavón) le había hecho recordar. Una sencilla constatación del paso del tiempo tal como lo explica :

En los años sesenta salías a Torrelavega, un pueblo quizá mayor que Tomelloso, y conocías a la gente y te conocían. Yo no salí del pueblo hasta que tenía 11 años. Ese sentirse solo y acercarte a la estación de autobuses para encontrarse con alguien.

Habla también de lo político. En otras ocasiones hemos hablado de la España franquista, aquella sociedad, con todas las carencias políticas que tenía socialmente era más rica y más profunda que esta sociedad tan democrática tan avanzada y tan hostias en vinagre que tenemos ahora. Suena a reaccionario pero, en algunos aspectos, con Franco estábamos mejor.

Sobre Retrato de un artista adolescente de Joyce, habla en diciembre de ese año dando una mala nota sobre el autor y por tanto sobre su obra; es implacable y su opinión no tiene vuelta de hoja :

Joyce hace un laberinto en el que el lector se pierde. Hace tiempo hablé de una novela del Maestresala que era una novela de un viejo para viejos. Esta es una de un joven para jóvenes. Yo que he tenido una vida oscura, ni me han pegado en las manos ni me han tirado a una charca porque corría más que los malos. No me metía en asuntos políticos. Después de leer esta novela no me apetece leer el Ulises.

Otra mala nota para el checo Ivan Klima y su obra Amor y basura sobre la que hablamos en abril de 2008; en la que, de forma inteligentemente contundente, toma una cita del propio libro y la vuelve contra el propio autor y su personaje:

“Al menos a mí me atraen poco los libros cuyos autores se limitan a describir la desesperanza de nuestra existencia y se dejan abatir por el destino del hombre, por las circunstancias, por la miseria y por la riqueza; por la finitud de la vida y la fugacidad de los sentimientos; el escritor que no tiene otra cosa que decir, sería mejor que se callara.”

Me parece un sarcasmo este libro, por cómo es esta persona y por cómo se conduce en la parte literaria y en la vida.

Sobre la obra No es país para viejos de Cormac McCarthy dijo unas pocas palabras interesantes que representan una pequeña reflexión sobre la dualidad libro-película en el mundo actual :

La única cosa que tiene sentido son las reflexiones del sheriff. Estas son la banda sonora de la película. Lo más razonable es ver la película y ésto considerarlo una ventaja económica del mundo editorial.

Para acabar este año hablamos en nuestra tertulia sobre la obra El desprecio de Alberto Moravia y nuestro Presidente la resumió así :

La novela es árida. Moravia es un gran conocedor de la condición humana. Es cada vez más difícil de leer a medida que avanza la obra. Ricardo es un auténtico cabrón además de un canalla. El proceso de la novela es que se dé cuenta de que es un canalla. Ulises quiere volver a casa y se lo impide el dios Neptuno.

En enero de 2009, comentamos la obra El pisito de Rafael Azcona y nuestro Presidente hizo estas reflexiones :

La exposición del Profesor ha sido erudita. Me voy a limitar a hacer las reflexiones en este tipo de novelas. Es muy agradable de leer una novela fácil y sencilla. No es una novela humorística. Me ha sobrecogido la situación cruda de España y la pobre gente en los años 60. He pensado que cómo es posible que el franquismo permitiera este tipo de libros y películas que constituían una crítica a la situación del momento. La España de Franco fue de todo menos gris pues había gente de mucho talento : este escritor es excepcional. España no ha cambiado tanto y ha ido a peor. En 1962 la situación de la vivienda era mucho más terrible que en estos momentos. El protagonista vive 15 años de patrona, cosa que ahora para sacar a un chaval de casa, de su Playstation o de su viaje a Cincinnati, la paga del padre y el utilitario, no sé qué nos va a pasar con nuestros hijos. La juventud española es mucho peor que la de sus abuelos. En todos los aspectos, la situación de España era mala pero había voluntad de mejorar.

En septiembre el autor que nos visitaba era Ernesto Sábato y su obra Sobre héroes y tumbas; se estiró nuestro Presidente e hizo un maravilloso símil taurino con el que nos divertimos mucho ya que las risas han quedado perfectamente grabadas :

Quitémosle hierro al asunto con mi declaración. A mí este libro me ha recordado a una corrida de toros en la que un solo matador torea cuatro toros. La novela no es una sino que tiene cuatro partes o novelas cortas. Cada una de ellas es distinta.

El primer toro es un toro clásico, negro zaíno bien presentado. El matador torea clásicamente : firme con el capote, bien en banderillas y el toro se defiende en varas. Recuerda mucho a Cien años de soledad. Tiene el toreo natural, interesante. El público está pendiente de lo que hace el matador pero tiene algo distinto : es como si toreara un mejicano; no es la forma clásica de los españoles pero así todo seguimos correctamente e incluso mata bien pero te queda algo pues no acaba de llenar. El resultado es una gran ovación. No hay orejas. Esperas más.

Sale el segundo toro, también clásico, negro zaíno. Pero hace adornos con la muleta, ese hablar argentino. Trata de ser más próximo al lector. Va bien en banderillas, gusta, suena la música. Va bastante bien pero en varas pierde las manos. Por alguna razón deja de interesar la faena. Incluso no mata muy bien : un mete y saca y una estocada tendida. Silencio.

El tercer toro es como el quinto. No hay quinto malo. Es un toro grande, cinqueño de esos colorados que nos gusta ver, con el ojo de perdiz. Tiene un trapío excelente. La plaza cae abajo con el capote, las banderillas son maravillosas, en varas fuerte, terrible; toreo clásico como Lovecraft, todo el mundo lo dice. Interesantísimo. En la vida he leído una novela de terror escrita por un escritor de habla hispana, como los mejores ingleses. Fantástica. La estocada : no gusta cómo acaba: toda la descripción sobre el seguimiento de ciegos y las alcantarillas de Buenos Aires son magníficas. Pero simplemente está loco y el resultado es una estocada desde el punto de vista de este crítico: tenía que haber algo maléfico al final y no lo hay. Pero la estocada lleva mucha muerte. La plaza se viene abajo, dos orejas y hasta hubo rabo. Pero el presidente es muy duro : una media estocada aunque lleve mucha muerte no se merece un rabo.

Entonces, viene el último toro, Dios mío, qué toro tan feo, como estos toros cojitrancos. Espantoso. Horrible de verdad. No lo debería haber sacado porque empieza a hacer cosas como el bombero torero. No tiene nada que ver con los anteriores y es un pastiche para acabar la corrida. No nos quedemos con esto sino con ese Informe sobre ciegos que quedará en los anales de esta tertulia como la faena que le hizo Antoñete al toro Jabonero, excelente, y sólo por él tenga mi aplauso y mi ovación.

Para el mes de diciembre de aquel año, el propio Presidente nos propuso leer Los mejores relatos de Road Dahl y aquí también, para diversión de nosotros los contertulios, se puso taurino y nos dejo este pecio-perla :

Hay muchos títulos que se presentan aquí que son auténticos ladrillos. Creo que estabais esperando la tarde taurina y también lo tengo preparado. Los relatos son a la literatura lo que el tercio de banderillas a los toros. El relato es corto y tiene que estar completo en muy poco tiempo. Está entre el picado de los toros y el comienzo de la faena y lo realizan los subalternos. El escritor de relatos no puede ser un Dostoievski. Road Dahl es a la literatura lo que Juan Luis de los Ríos a los toros.

Ya en el año 2010 nos las vimos con Juan Goytisolo y su Reivindicación del conde don Julian. En este caso, hace un juicio corto magnífico que no es sino una crítica a la sociedad actual :

Enorme talla intelectual de los literatos de aquellos tiempos ¿quién es el equivalente actual de Juan Goytisolo? Estos tiempos que vivimos serán recordados como la generación de las verduleras desnarigadas, eso sí, con wifi, 3D y 900Tb en la red social, ecológica y solidaria. En contra de la violencia de género y lúdica.

Para Estrella distante de Roberto Bolaño, en mayo del mismo año, tuvo estas curiosas palabras que contradecían el juicio de la mayoría de los contertulios; pero él era así y debía decir su verdad sobre la obra leída :

Me alegra ser el último pero yo no comparto vuestro entusiasmo por la novela. El problema de esta novela es que es desapasionada. Toda esa maldad en una lectura no es fácil encontrarla. Está escrita en un castellano muy bueno. Os habéis puesto a tirar fuegos artificiales desde el minuto primero.

Y por fin, en septiembre, llegó uno de los hitos de nuestro tertulia con La piedra lunar de Wilkie Collins; la opinión fue unánime y el Presidente no podía contradecir la unanimidad siendo un reconocido autor inglés:

Es una novela perfecta. Toda la obra está basada en la influencia del carácter en las circunstancias. Ésta es algo más que una novela de detectives. Un éxito para la tertulia y, sin duda, será difícil encontrar otra obra que le quite el puesto del mejor libro del año.

Para diciembre leímos Mientras agonizo de William Faulkner y fue certero en el juicio atroz que le mereció el padre y personaje principal de la obra – la verdad es que a veces se daba uno cuenta de lo que había leído cuando oía al Presidente – :

Sus personajes son todos Faulkner. El enterrar a alguien en el condado de al lado es una excusa para hablar sobre la condición humana. No he sentido más terror leyendo ésto desde que oí a Lady Macbeth decirle a su esposo : déjame que vierta mi valor en tus oídos.

En el año 2011, concretamente en marzo, llegó el turno de Frías flores de marzo de Ismael Kadaré, a cuyo autor nuestro Presidente supo verle el lado subterráneo :

Hemos aprendido algo de Albania. Me he llevado una sorpresa muy agradable porque para mí en este siglo los albaneses eran asesinos y ladrones, los hombres, y putas las mujeres. Es gente sencilla, amable como nosotros. Van a los cafés. Se le ve que es un nostálgico, aunque va a hacia atrás con las traducciones del viejo régimen, por eso he hecho el chiste de Pemán. Es un hombre serpiente que cuando se quita la pelleja comunista aparece este señor tan internacional.

Otra propuesta fantástica, para el Presidente, y entrañable para todos, la que llenó el mes de mayo; era La comedia humana de William Saroyan. Tocó el corazón de nuestro Presidente que la la recordaba así :

Este libro ya le había leído. Lo leí en aquellas ediciones de Reno. Le recuerdo con cariño. Me afectó, me emocionó, no sé si hasta lloré un poco. A mí manera soy muy muy llorón. Era un salir de lo que leía normalmente, que leía a Asimov. En la vida he leído una novela tan fantástica. Es irreal como una declaración de intenciones. El que he cambiado soy yo y en vez de un corazón tengo un hierro.

En julio nos visitó Irène Némirovsky con drama familiar que tituló David Golder. Lo más interesante fue oír una vez la máxima tomada de Tolstoi que siempre le gustaba repetir :

Todas las familias felices se parecen pero las desgraciadas lo son cada una a su manera (Ana Karenina). Los hombres siguen haciendo las mismas cosas que han hecho toda su vida aunque no sea bueno para la salud.

Y la propuesta que conmocionó el verano de 2011. Eran mil páginas de Vida y destino pero no sobraba nada en este autor, Vasili Grossman, el cual no llegó a ver su obra publicada. Esta fue una verdadera propuesta presidencial en tamaño y calidad que mereció este comentario :

Esa novela [por una causa justa, primera parte anterior a la propuesta] estaba dentro de la órbita estalinista del PCUS y la continuación es Vida y destino. Estaba en la órbita soviética y cambia de opinión, quizá porque uno se hace mayor y reflexiona, lo que desde la conversión de San Pablo a nadie se le puede negar. Dostovievski y Tolstoi : todas son novelas extensísimas como Rusia. A mí la cosa que me ha impresionado es la conversación del viejo bolchevique con el Sturmführer alemán y sólo por esto no debía salir a la luz esta obra.

Para comenzar el año 2012, tuvimos que leer Meditaciones de Marco Aurelio y se vio que la sabiduría y la espiritualidad era el fuerte de nuestro Presidente. El tono de lo que dice y cómo lo dice es suficiente para apreciarlo pero, no obstante, nos muestra su humanidad con bellas y hondas palabras y después, como contrapartida un juicio sobre los gobernantes actuales, nada que ver con éstos que ya se fueron :

He sentido dos cosas principales : he sentido gran envidia porque es un hombre recto y sabio : me gustaría ser capaz de tener estos pensamientos. Y después he sentido preocupación : cómo es posible que los gobernantes sean tan vacíos y tan estúpidos. No me puedo imaginar, ya no a Zapatero que todos sabemos que sería incapaz de escribir en una pared tonto el que lo lea, sino al propio Rajoy escribiendo cualquier aforismo de este libro.

Le siguió La carretera de Cormac McCarthy, en febrero, impactante y apocalíptica obra que dio pie a una curioso juicio que como siempre resultaba bastante apropiado. Además, hizo una apreciación lingüística nada despreciable:

Está escrito en inglés americano. Las palabras que usa son realmente rebuscadas. Estamos acostumbrados a que los ingleses hagan siempre esto. Tienen una lengua tan rica que si estás una semana en cualquier país de habla inglesa, a las cosas más sencillas las irán cambiando de nombre cada día. El objetivo final del libro es la película de zombies sin zombies. La guerra fría no asusta a nadie pero queda ahí el invierno nuclear. He hablado con mi hija Elena sobre el invierno nuclear y no sabe lo que es. Y ella que muchas veces es tan inocente como un saco de Pumbys me dijo ¿y eso puede suceder, padre? Como nadie va a ser capaz de ratificar esa teoría, no hay problema.

Nos sorprendió con El viento sobre los sauces de Kenneth Grahame, un clásico de la literatura infantil inglesa de lectura entretenida y que fue diana de algún comentario retorcido y sardónico quizá demasiado rebuscado; y así nos habló el Presidente en este corto pasaje :

Stevenson no es un autor juvenil aunque sí sus obras y, así, algunos seguimos esperando a un marinero con una sola pierna que nos dé una moneda de oro. Me acabo de pasar por el “SNAC” para ver la esta sección y el 70% de la superficie son historietas que son a la literatura lo que la música militar es a la música.

El autor intenta explicar a su hijo en cada suceso cómo se ha de comportar un caballero inglés. El progreso va a hacer que se remuevan los cimientos de la convivencia. Los ingleses llevan 100 años haciendo ediciones ilustradas lo cual les honra.

El dictamen presidencial para La tela de araña de Joseph Roth – junio de 2012 – desembocó, como usualmente sucedía a veces, en una reflexión sobre políticos y política que acaba en los gobernantes que teníamos antes y durante la Guerra Civil. Fue un dictamen duro e inapelable :

Es un panfleto prosovietico terrible. Está dirigido al pueblo; podría formar de un separata de Mundo Obrero o el Socialista. Da una visión de estas organizaciones, a mi me parece que un poco chapuceras; este tipo de publicaciones tuvieron una influencia nefasta en la juventud española que por culpa de tipos como éste y de otros gobernantes vestidos de progresistas, les pusieron a uno de cada cinco un fusil de cerrojo en la mano y les mandaron a una carnicería de 700.000 muertos. Es tendencioso. Es una obra fruto de su tiempo pero estremecedora.

Con motivo de la propuesta de julio de este año que fue Volvoreta de Wenceslao Fernández Florez, el Presidente sintió algo especial y con verdadera franqueza nos habló así sobre sus sentimientos y sus lecturas tempranas en un alarde nostálgico :

Gracias camarada Profesor porque me ha quitado 40 años o así. (¡Pero si usted es joven!). Joven para morir pero demasiado viejo para el rock'n'roll, que decía Jethro Tull. Recuerdo el libro de Lengua y Literatura de 7º u 8º de básica y concretamente 2 lecciones : uno El cazador de Delibes y otro El Malvado Carabel cargando la caja de caudales. Puedes leer El malvado Carabel y el hombre que compró un automóvil. Cuarenta años después es inocente e inofensiva; es de otra época. No hay sexo y es literatura grande y sencilla para dirigirte a otras cosas de más calado. Los primeros pasos en Literatura tienen que ir de esta forma: cosas sencillas y bien escritas que te hacen querer más y profundizar. Es una filosofía americana del Reader Digest, es la digestión de los lectores : está digerido, está masticado.

Galicia es la Sicilia de España.

Encontronazo con el aclamado Julio Cortázar y su obra Relatos en septiembre de ese año. Fue duro y directo, era su forma de ver esta literatura que sorprende por su belleza y complejidad divagatoria. Aquí protegía el derecho del lector a no transigir con ciertos escritores y su estilo nada asequible :

No soy lector de Cortázar y no lo entiendo. No he entrado ni en primeras ni en segundas derivadas. Es una explicación minuciosa de la nada. Lo que ocurre es que no lo entiendo y esto que has explicado me ha dado ánimo. No puedo decir que es un escritor y unos relatos maravillosos. Mi concepto de la literatura es mucho más sencilla. Algo que no está al alcance de todo el mundo que tenga una inteligencia normal – no soy ni demasiado listo ni demasiado tonto – y que muestre un interés. No es deportivo. Pienso que hay otros escritores mucho más honestos con los lectores que lo hacen de una forma más sencilla.

Otro juicio sumario desarmó la interesante obra Momentos estelares de la humanidad de Stefan Zweig. El Presidente se enfadó con el autor y le llevaron los diablos en su verbo usualmente tranquilo y amable :

El problema es que llega 30 ó 35 años tarde a mi atril de lectura. Recuerdo cuando era muchacho había una colección que se llamaba Historia de la historia en la cual un escritor español hacía dos docenas o tres de anécdotas como éstas : era la iniciación a la historiografía, la historiografía en zapatillas. He hablado con mi hija Elena, que es más inocente que una colección de Pumbys y que está estudiando Historia, y me ha dicho que la ha gustado. Desde el punto de vista profesional, del historiador joven, es una cosa agradable y aceptable. Es un libro de un joven para jóvenes. Estoy libre de pecado porque soy laminador.

Página 32 : este hombre rezuma envidia. Una persona en Alemania piensa que los españoles han ido allí a matar y robar. Luego toda la presentación del general francés. Y luego cómo salen los turcos: son los malos. Seguimos viendo como presenta estas personas excelsas y les da palos a todos. Usted está mezclando churras con merinas. Bueno, la historia del capitán Scott emociona a todos. Aquí no hay facundia pero lo que hay es una ensaladilla de cosas sin pies ni cabeza que mantiene todo menos las ganas de seguir leyendo. Asustarme yo : tengo mi cartilla militar en regla. Por encima de los Pirineos y los Alpes podrían haber tirado hace muchos años una bomba de neutrones que matara a toda esa gente. Y entonces sin toda esa jarcia de rubios, nosotros los morenos hubiéramos seguido la vida tan contentos. Apártate de mal libro, de alguaciles y de mujer rubia, pedigüeña y carirredonda.

La propuesta Mar de fondo de Antonio Menchaca de diciembre de 2012, agradó al Presidente:

A mí no me gusta que haya muertos en las novelas ni en la vida. Sé que existe la muerte pero yo no la quiero. Pasan muchas cosas pero todas están resueltas de manera satisfactoria. Me agrada que el autor trate bien a los personajes. Habla de las situaciones de la vida hasta transmitir perfectamente qué siente cada uno : el miedo a la niebla, qué le pasará a su mujer, lo resuelve Menchaca con una naturalidad y una sencillez que me ha gustado mucho.

En mayo del siguiente año volvió a la tertulia Caballero Bonald con Dos días de septiembre y esta obra no la entendió :

Mire vuesa merced que no son gigantes sino molinos de viento. Cuando yo llego a ese pueblo, no me entero de nada, parecía el tonto del pueblo. A mitad del libro ya se decide a explicarte quién es este señor. El sarcasmo no es necesario.

Ya en el año 2014, en el frío febrero leímos y hablamos de El honor de K. Blum de Heinrich Böll y el Presidente abundó en sus tópicos sobre el proponente, eso sí, siempre con gracia :

Esta tertulia sin los austro-húngaros de Carlos no sería tertulia. No habéis propuesto nada de Sartre; pues sería una oportunidad. Lástima que no sea austro-húngaro. A esta novela le sobran emociones y le falta literatura, aventuras, detalles.

Uno de los autores favoritos del Presidente, sin duda era don Miguel de Unamuno ₋ su obra Paz en la guerra en marzo del 2014 – y con pocas palabras nos lo contó de esta manera :

He sentido amor : Unamuno le tiene amor a todo el mundo a carlistas, liberales, a Bilbao, a Pepiñazi, a don Juan Arana, a don Carlos. Hay mucho amor en esta novela. Es lo que te queda porque todos somos hermanos.

Pablo Zapata, autor de La maleta de madera, estuvo con nosotros en un segundo encuentro para hablarnos de su libro. En la reunión previa a este encuentro, el Presidente aprovechó para hablar sobre la Guerra Civil lo que a veces le sacaba de sus casillas :

Mi pobre padre con 22 años tuvo que sufrir condena de muerte. El problema que tiene el libro es justificar la carnicería que se produjo en España. En ningún momento el bando republicano ha hecho crítica por armar al pueblo. Eso es lo que les he enseñado a mis hijas : no ser leales a nada ni a nadie, y menos a estos políticos.

La sorprendente Galveston de Nic Pizzolato – marzo de 2015 – no fue de su agrado por demasiado moderna con lo que sentenció :

Lo bueno si breve dos veces bueno, y si malo menos malo. El problema que tiene esta novela es que no le interesa a las personas que tienen una formación literaria clásica.

En contraste con otro grande como Dostoievski y Las noches blancas, propuesta de abril de 2015, que como clásico ruso le satisfizo :

Mi hija Elena me decía por La isla del tesoro : me ha gustado pero los piratas no eran sanguinarios. Hay inocencia en esta pareja de enamorados; lo único que vende es la provocación, la basura, el mal olor. Quizá es porque estamos mucho mejor informados. Es bello, es propio de santos y ángeles. No lo lee nadie porque nadie va a la biblioteca y lee la primera página que te lleva a leer la segunda, y la tercera... Dostoievski es un portento, es un genio y lo que se presenta como novela en otros lugares no es así.

La propuesta presidencial para leer en el verano de 2015, Los 3 mosqueteros, fue del agrado de todos nosotros :

Dumas reconcilia al resto del mundo con los franceses y trata con mucha delicadeza a ese enemigo del pueblo francés que es el pueblo español. D'Artacan no es más que un don Quijote gascón. Decía Stenvenson : no digo que los personajes de Shakespeare sean peores que D'Artacan pero a mí D'Artacan es el que más me gusta. Como te mantiene en ascuas; será la estructura del folletín. D'Artacan es inteligente pero es ambicioso. Los tres mosqueteros somos nosotros, la especie humana. Hitchcock decía que cuanto mejor está dibujado el malo, mejor es la película. Hay que leer más – la continuación – porque no sabemos lo que pasa.

También fue de su agrado Josep Pla y su Viaje en autobus en marzo de 2016; cada vez más agradecía los libros que le daban paz y le producían placer en la lectura. Nada chirriaba en su conciencia y hablaba con gratitud :

Yo puedo decir con orgullo y satisfacción que he dado dos vueltas a la tierra haciendo Torrelavega-Bilbao en la compañía Turitrans. Recuerdo un señor gitano que me dio muchos consejos : el mundo es muy grande. Esas descripciones que hace de los pueblos del Mediterráneo, es un libro de viajes valioso y enternecedor.

Volvió a acertar en julio de 2016 con la literatura que le colmaba, la de siempre; tras leer El castillo de los Cárpatos a instancias del Presidente, leí Miguel Strogoff y disfruté como un adolescente. Así nos habló de la obra propuesta haciendo sangre sobre alguna propuesta del pasado :

Cuando alguien dijo que Galveston era una novela para proponer en el instituto a mí se me revolvió el estómago. Es una novela para jóvenes con un formato de aventura y divulgación científica. Es todo muy normal en esta obra. Es deliciosa y Verne es un visionario : todo lo que hablamos sobre tecnología aparece aquí como las escuchas telefónicas, los vídeos musicales, los cierres electromagnéticos, los focos anti.... y las vallas electrificadas. ¿El malvado de esta novela qué mal ha hecho? Siempre hay un malo y esa maldad es perseguida y ejecutada. En este caso le ha tocado a este pobre rumano y que era de todo menos malo. Quiero disculparme por la edición porque es deleznable.

No fue tampoco de su agrado la propuesta navideña de ese año, El adversario de Emmanuel Carrére. Con sus principios en ristre explicó su punto de vista con vehemencia :

Yo, como Casio, tengo las mismas opiniones que Bruto pero voy a a ser más comedido. Me ha desagradado que sea sobre un hecho tan truculento. Esta sociedad sólo reacciona a esta carnaza. Acaba de decir el Profesor que las novelas ejemplares no hubieran encontrado editor pero esta carnaza la encuentra. Dicho esto tiene una cosa buena : es corto. Me ha llamado la atención la sociedad francesa como católica, apostólica y romana fervorosa. No me esperaba al francés tan fervoroso. Habría que ver qué sociedades de este tipo hay en España en la que las familias envían a sus hijos a la catequesis y haya lío porque los catequistas son como son. Yo vengo de la España profunda, mi tribu son los orgenomescos y en la vida hemos hecho estas cosas. Yo he he ido a la catequesis desde los 5 hasta los 17 años y nunca ha habido cosas de éstas.

Donde no hay talento ni imaginación, tienes que ir al banco de besugos y de la provocación.

Pessoa transitaba en febrero del 2017 con su obra metafísico-teatral El marinero. La leyó en uno de sus tediosos viajes laborales con agrado e hizo esta sencilla apreciación :

Yo me la he representado a mí mismo y en portugués. Es muy sencilla y muy bonita. Habla del alma portuguesa, la nostalgia. Es un pueblo hermano pero raro. Me ha hecho mucha compañía y lo entiendo completamente : mujeres que hablan del pasado de todo lo que no volverá. Fabuloso me ha parecido muy correcto y pertinente. Excusareis que no tenga la profundidad de vuestros pensamientos y vuestros análisis pero no me da para más.

Invariablemente, cuando terminaba sus palabras, era incapaz de parar la grabadora (¿el fonostrón?). Tenía los botones demasiado pequeños o quizá fuera que no solía llevar las gafas de cerca en su turno tertuliano. Lo dijo de mucho modos, cada vez de una forma diferente. En una ocasión se le pudo oír decir al final de su perorata :

No sé dónde está el STOP, no lo veo.

Para acabar con una alabanza a su capacidad, he de contar que nunca traía nada apuntado en papel y, mucho menos, en un dispositivo electrónico; nunca imprimió nada de Internet y, tal vez, se limitó, eso sí, a leer algún pasaje de la obra propuesta. En conclusión, rara vez sacó un papel como recordatorio de algo que iba a decir sobre la obra u autor propuestos. Así que estos pecios, son en gran parte naves naufragadas extraídas del gran mar del olvido : representan lo más bello que oímos a lo largo de muchos años y somos partícipes de todo ello de una forma casi familiar.

Pero, todavía no hemos dado al STOP, Sr Presidente, pues nos queda un pecio de gran eslora y gran sabiduría que es difícil que se hunda con estas mareas macdonalizadoras; es fenomenal y no podía acabar estos sus recuerdos sin traerlo a colación; fue por usted redactado y enviado en previsión de su falta de asistencia a la tertulia dedicada a Las novelas ejemplares pues estaba de viaje como era usual en los últimos tiempos. Es un remate perfecto para acabar esta tanda de sus intervenciones didácticas, sencillas y comprensibles, fuera de los análisis sesudos y los tecnicismos de toda laya :

Querido Profesor:

Mañana no podré acudir a la tertulia de las Novelas Ejemplares ya que me encontraré camino de Bielorrusia, como un alma en pena de la Santa Compaña de trabajadores siderúrgicos, viejos que como al abuelo no saben en qué habitación meterle, viejos como los coches egipcios que están mal de chapa, de motor, de suspensión y de lubricación, pero que no se detienen.

Después de estas lágrimas de cocodrilo, deseo agradecerte la elección de este libro ya que, como hace cuarenta años, me ha impresionado por la maravillosa ejecución de los personajes y el amor que don Miguel ha puesto en su creación. Las novelas elegidas se encuentran entre mis preferidas, como ya adelanté, sobre todo "Rinconete y Cortadillo" con todos sus compañeros del Hampa; un crimen organizado muy español, muy de Gila, que da cuchilladas a criados por que sus amos no tienen carnes suficientes que acuchillar, que teme a los alguaciles, pero los compra y los respeta, que ama a sus mujeres pero las mata a hostias... en fin este país nuestro en bruto.

Le sigue en mis preferencias "El licenciado Vidriera", quizás porque compartimos apellido, quizás porque como don Quijote es un loco muy cuerdo (que debe pagar sus cuentas y llevar mudas de ropa) que se convierte en la conciencia de la sociedad y que al recuperar la razón no puede dedicarse a su oficio: ¿por qué los llamados cuerdos son realmente los locos? Sus viajes por toda Europa agitaron mi conciencia juvenil, pero ahora , ya en el otoño de mi vida que diría Frank Sinatra, me parecen recuerdos de una juventud perdida, no sé si la de don Miguel o la mía.

A continuación viene "La Gitanilla" cuya lectura en mi niñez me llenó de alegría: ¡qué forma de desfacer entuertos! ¡ojalá la vida fuera así! ¡qué fuerza la del amor! ¡qué suerte la de los enamorados! Puede que la novela deba ser leída con pensamiento inverso... no lo sé, en cualquier caso, los personajes están igual de vivos que hace cuatrocientos años.

Finalmente, "El celoso extremeño" me ha hecho reír con la simplicidad del negro Luis y su afición a la música y con las manías de otro loco al que todos toman por cuerdo debido a su dinero. Don Miguel hace volatines para satisfacer al Santo Oficio pero no importa, ya sabemos por Marlene que "a cuaquier mujer le gustaría ser fiel, lo difícil es encontrar al hombre a quién serlo".

Gracias otra vez Profesor: es el libro del año.

El maestresala

El Relato Multiautor

El Relato Multiautor maestresala Lun, 22/04/2019 - 11:33

 

​

 


 

Nuestro Presidente era fértil en ideas que animaran nuestro pequeño círculo literario : en alguna epístola las tildaba de iniciativas presidenciales, y realmente lo eran, pues demostraban su desvelo por nuestras actividades literarias en común. Como miembro fundador nunca desmayaba en su esfuerzo y siempre tenía una nueva idea presentada con entusiasmo y afán didáctico. Debo reconocer que sus epístolas no dejaban lugar a la duda ni a la inacción pues nos guió multitud de veces en empresas un tanto arriesgadas que supimos poner en marcha aunque luego quizá quedaran en el olvido; pero lo hicimos todos juntos guiados por su fe. Sin ir más lejos ésta es una epístola del año 2008 (“XI año triunfal LTLG”) que nos animaba impulsando nuestro revista BARATARIA :

 

Queridos Contertulios:

Comienza un nuevo año para LTLG con grandes éxitos:

- El nº 3 de BARATARIA ha llegado a los quioscos. Un número con muchas colaboraciones y con mayor cantidad de material inédito.

- La página güé muestra una nueva sección. La biblioteca de La Granja, en la que pueden consultarse algunas obras muy interesantes.

Nuestra organización goza de buena salud aunque muestra algún cansancio en las actividades internas. Como todos los años, os emplazo a participar en el Epistolario y os recuerdo que se acerca el X CRLTLG.

Por otra parte, pude disfrutar de la compañía del Maestresala en nuestro templo la semana pasada y me informó de que había recuperado un número importante de ejemplares de BARATARIA 2. Respecto a ellos me presento voluntario para buzonear 24 ejemplares en las bibliotecas de las principales ciudades españolas, por lo que os ruego que me los hagáis llegar por lo cauces habituales.

Con afecto.

Miguel S.

 

Esta era la introducción al asunto que me traigo entre manos y que se puede apreciar en nuestra página güe y es que allá por el año 2003 comenzamos un juego literario que consistía en escribir un relato entre varios autores – nosotros mismos por turnos – y lo denominamos, como no podía ser de otra manera, relato multiautor. Hicimos dos intentos de los cuales el primero quizá se desmadejó un tanto a última hora y consistía en unas aventuras marcianas que llevaban el rimbombante título de Ocaso en Barnaul. La siguiente epístola fue el origen de la propuesta presidencial que nos puso en marcha y fraguó este juego literario endogámico y divertidísimo que dio para mucho :

 

Queridos Contertulios:

Conocidas son las tensiones en el seno del Comité Central. Antaño devinieron en encarnizados combates literarios, llenando de congoja los corazones tertulianos. Ahora una nueva Helena aparece en el panorama granjesco, amenazando la concordia de nuestros, deformados por el espejo convexo, Paris y Agamenón. Haya paz y considérenla los tertulianos como alma literaria y no cuerpo físico , pues si así no fuere, no podríamos mirarnos los unos a los otros de tan grande repulsión estética que nos producimos (véase el estremecedor documento gráfico que ¿adorna? nuestra portada).

Por consiguiente, y tratando de desviar vuestra atención de lujuriosos pensamientos, os propongo lo siguiente:

La redacción de un texto multiautor, de tema a convenir, en el que cada semana un contertulio continuaría la acción o reflexión redactada por el anterior tertulio. El texto semanal no debe ser extenso (una hoja con el formato habitual Bookman Old Style etc). Tampoco debe ser algo obligatorio, con lo que según las circunstancias el escritor semanal puede pedir paso al siguiente. No sé si me explico debidamente y estoy seguro que la idea se puede mejorar. Espero vuestras sugerencias junto con dos aspectos básicos:

1 - Tema del texto – relato o novelita – .

2 - Disposición de cada uno a participar.

Con afecto

Miguel S.
 

Conseguimos acabar sin no poca polémica dos relatos cuya redacción dio lugar a un sinfín de discusiones en nuestro epistolario que culminó en varias tertulias llenas de sana discusión y disensión profunda en nuestro lugar de reunión (café La Granja). Pero sobre todo hay que recordar lo que nos divertimos durante mucho tiempo. Después de algunos años en el cajón de los olvidados, os presentamos el comienzo presidencial de Calles de lluvia basado en una idea muy original de nuestro Presidente. El nuevo personaje se llamaba José Félix Astoreka y aparecía flamante en el primer capítulo escrito con puño y letra presidenciales:

 

―¡Ave María Purísima!

―¡Sin pecado concebida!

―Hace treinta y cuatro años que no me confieso.

―¿De qué te acusas, hijo mío?

―He quebrantado todos los Mandamientos, salvo el quinto, aunque de esto último no estoy muy seguro.

―…

El silencio del párroco me confunde, hubiera preferido una explosión de justa indignación por su parte, algo que diera pie a comenzar mi defensa, que permitiera el desahogo de mi alma torturada, sin embargo sólo hay silencio. ¿Se habrá muerto de la impresión? Desde luego no parecía tan viejo cuando, saliendo de los sótanos más profundos de mi memoria, le vi entrar en la Iglesia de…

…¡Sí, joder! Esa de ladrilllo rojo con esquinas de sillería blanca que está en Alameda de Urquijo, encajonada entre el Corte Inglés y la Casa del Libro…

…Y debe ser casi un anciano, pero al verle con la sotana de invierno y el alzacuellos; los puños de la camisa doblados hacia atrás y sujetos con gemelos de laca negra; la calva reluciente, con el pelo remanente cortado a cepillo; la nariz enorme, soportando unas gafitas doradas, muy poco masculinas, y la barbilla levantada, como si aún tirara de ella, hacia arriba, el barboquejo legionario; pensé que era el mismo don Teodosio de mi infancia, que era una señal para resolver el entuerto en el que estaba metido.

Le seguí al interior de la iglesia, sorprendiéndome por las pinturas tan alegres de las columnas y paredes, que le dan al edificio neogótico un aspecto más acogedor. A pesar de ello, no había gente dentro y él había desaparecido por detrás del altar, o eso me pareció. Me acerqué a los confesionarios de roble, observando que indicaban el nombre de los confesores y el horario en el que atendían a los feligreses y, sí, en uno de ellos encontré:
 

P. Rementería, T.

Lunes a viernes de 18.00 a 18.30
 

Sí, era él. Sólo tenía que esperar unos minutos y podría hablar. Hubiera preferido un horario más amplio pues no estaba seguro de que mi historia pudiera ceñirse a un tiempo tan ajustado, pero mejor era eso que nada.

Me distraje mirando las agujas labradas que coronaban el confesionario, así como los cartelitos de aluminio que informaban al fiel sobre cómo podía elegir el reclinatorio o una sillita. Buena idea.

De pronto, apareció con un Kempis, de tapas negras y sobadas, y con una expresión de extrañeza por el cliente que le tocaba esa tarde, que, previsiblemente, le impediría realizar la meditación vespertina.

Seguro que ahora estará buscando la forma de desembarazarse de mí.

―Hijo mío, ¿por qué has vuelto a confesar después de tantos años?¿No crees que necesitas otro tipo de ayuda, distinta a la que pueda darte un sacerdote?

Lo que yo te decía.

―¿A qué se refiere don Teodosio? ¿Sicólogos, abogados, periodistas? ¿Alguna ONG? Todos buscan lo mismo, ganarse la vida con la desgracia ajena y dormirse pensando que han ayudado al prójimo.

Su expresión muestra un cambio de actitud, no sé si ha sido porque he utilizado su nombre o porque está de acuerdo conmigo en la macdonalización de la caridad.

―Te escucho, ¿cuáles son tus pecados?

―¿Pecados?, ¡bueno!, deje que le cuente mi historia y usted puede hacer una distribución de ellos.

Hace unos tres años, yo era una persona normal: rondando los cuarenta, casado, con dos hijos, con un buen cargo en una gran empresa, con segunda vivienda, coche, viajes a lugares exóticos. Tenía todo aquello que la mayoría de la gente desea conseguir, sin embargo sentía una desazón que no podía llenar con nada: comidas, juego, putas, drogas, iban llevándome hacia el borde del acantilado, hasta que en una cena con mis amigos más íntimos alguien propuso un acertijo: ¿Cuál es tu deseo secreto?.

Tuvimos que escribir nuestro caso en una cuartilla. Yo anoté cuatro patochadas, falsas obviamente, avergonzado por mis defectos y… ¡cual no fué mi sorpresa!… cuando mis amigos hablaron de homosexualidad, violación, fetichismo, sadomasoquismo, … Buf, ¡qué gozada!

Aquello me hizo reflexionar y, poco a poco, llegué a la conclusión de que me gustaría formar un club particular, en el que pudiéramos disponer de todas las mujeres que quisiéramos, montando las sucias orgías que habíamos destilado de los vapores del vino. Es cierto que el asunto era delicado. Una cosa es lo que piensas y otra lo que haces; además no sería fácil conseguir mujeres, no profesionales, que se plegasen a todas las perversiones que volaban entre nuestras cabezas. Porque lo que necesitábamos era una yeguada de hembras sumisas, a poder ser casadas, pues una vez que te las follas se marchan a casa a discutir con el marido.

Así que comencé a utilizar mi tiempo libre en el reclutamiento tanto de los miembros de la sociedad ― ¡ja! y ¡menudos miembros! ― como de las odaliscas de nuestro harén.

Los hombres nos organizamos bien. En poco tiempo teníamos una serie de normas no escritas de comportamiento: discreción extrema, nada de sexo fuera de la comunidad, (hhh, el de casa no estaba prohibido, como es tan raro), una cuota mensual, una casa de citas y un alcahuete, (yo obviamente), quien era el único que conocía las identidades de los componentes de la sociedad. Como ya habrá imaginado, acudíamos a las bacanales enmascarados. Sí, es un estereotipo pero admitirá usted, donn Teodosio, que es efectivo y muy, muy discreto.

Con las mujeres sólo tuve quebraderos de cabeza, al principio, pero en cuanto me dí cuenta de que tenía que tratarlas como a ganado, todo fue bien. Y no tuve escrúpulo en aplicar cualquier medio para corromperlas: promesas, amenazas, chantaje, secuestro… Fue un trabajo ímprobo, pero al cabo de un año contábamos con un rebaño de más de dos docenas de respetables señoras y señoritas, de todas las edades y condiciones sociales, que cuando recibían mi llamada se transformaban en las más viciosas feladoras, sodomitas, tortilleras, amas y esclavas, que usted pueda imaginar.

Y hemos pasado los dos últimos años, viviendo una maravillosa doble vida, que ha hecho mejorar nuestro comportamiento y trayectoria en la sociedad, puesto que todos, incluidas las pedorras que se decían obligadas a limpiar los orinales, nos encontramos más relajados después de nuestras sesiones comunitarias y podemos soportar con mayor entereza los desaires del jefe o del cliente pejiguero.

―No alcanzo a ver…

―José Félix, José Félix Astoreka.

―… José Félix, ¿qué te ha traído hasta aquí? No veo en tu relato, que, a propósito, no me parece demasiado estimulante… si yo te contara lo que he oído en cuarenta y cinco años de confesionario…Vamos, que no estás arrepentido en absoluto de pensar en esa retahíla de cochinadas, que debes haber leído en una versión ilustrada de “Las peripecias de la virtud” y que te han secado el celebro, como al Hidalgo. ¡Reza, cinco padrenuestros y siete avemarías! Y…

―Don Teodosio, que no he acabado. Ya me imaginaba que no me iba a creer, así que le he traído unas pocas fotos para que se caliente un poco; espero que no esté ninguna de sus feligresas entre ellas…

Los ojos de don Teodosio se agrandan detrás de las gafitas. Y, seguramente, otras cosas debajo de la sotana, porque la sucesión de polvos, mamadas, dobles anales, azotes y lavativas se la pondría dura hasta al presidente del gobierno.

―…y, en efecto, no estoy arrepentido. Mi problema es este otro.

Don Teodosio, algo aturullado, me devuelve las fotos y coge los recortes de periódico que le tiendo.

―Espera a que me ponga las gafas de cerca…que resultan ser la misma mariconada que las de lejos, pero con distinta graduación.

…la joven P.T.F, de 29 años, muere en accidente de tráfico en Apatamonasterio… violencia doméstica en Bilbao: I.M.C fue asesinada por su marido, mientras compraba puerros en el Mercado de la Ribera…una mujer es atropellada por el tranvía, a la altura del Guggenheim …vecina de Galdácano es atacada y semidevorada por sus propios perros…

―¡José Félix, no me enciendas! ¡Qué cojones es esto!

―Ese puede ser mi pecado, don Teodosio.

―Pero, ¡qué pecado ni que ocho cuartos!, hijo mío ¡estás de atar!. ¿Qué relación hay entre estos accidentes?¡Por Dios!

―La hay. Todas formaban parte de mi cuadra, y como le he dicho antes, yo soy el único que conocía sus “actividades”. Admitirá que es extraño; en el último mes ha habido una mujer muerta, en accidente, por semana, en el Gran Bilbao, y todas ellas tenían algo en común: a mí.

Fin del Capítulo I

Poemas satíricos

Poemas satíricos maestresala Mar, 23/04/2019 - 12:11

 

​

 


 

CUADERNA VÍA ESTIMULADORA
 

Aquellos literatos, simples aficionados,
formaban dos conjuntos del todo separados.
Unos mucho escribían de temas delicados
mientras otros callaban virtudes y pecados.

Cuentos con mucho ingenio de sus mentes salían
rápidos como dardos que a nadie zaherían
y todos los tertulios mucho se divertían
comparando las mofas que aquellos contenían.

Los contertulios mudos nunca participaban
de juegos literarios, pues solo organizaban
suculentas comidas que mucho les gustaban
disecando novelas al tiempo que tragaban.

Al ser tan criticados, de cosas de porteras
empezaron a charlar, afectando las maneras
por falta de costumbre, y salvajes como fieras
decidieron atacar con sus obras primeras.

Un concurso de textos quisieron organizar
pero sus mentes blancas rehusaron matizar
relatos o noticias sobre las que teorizar.
La musa literaria su fuego debe atizar.

Quizás este verano algo puedan escribir
si sus bajos instintos se esfuerzan por inhibir,
si olvidan las pitanzas que no quiero describir,
pues solo de talento los genios deben vivir.

 

oOo

 

Murakami, Murakami
nipón de la niponería.
El día que me leiste
grandes señales había.
Gran Sol era editado,
una historia era leida.
Nipón que en tal signo nace
no debe decir mentira.
No te la diré señor,
aunque me cueste la vida.
¿Que novelas son aquellas?
altas son y relucían.
Son "El fulgor y la sangre",
aquélla que más quería,
"Con el viento solano",
de bella marinería,
"Gran Sol" austera y parda,
grandes tristezas decía
y "Parte de una historia",
completa y siempre viva.
Murakami, Murakami
nipón de la niponería.
¿Por qué conoces, profundo,
obras de mi corta vida?
En la noche de mi mente
son estrellas que me guían.

 

oOo

 

ROMANCE ANTROPOSÓFICO

Filosofaba la tropa
con dura antropología,
en el libro de Aranguren,
cuando sonó la fajina.

Aquel silencio cartujo
se tornó en algarabía,
carcajada de cacharros,
cucharones y escudillas.

Nadie contestó a Roberto,
a su afilada misiva.
—¿Por qué están tan circunspectos?—
se preguntó con malicia.

Se respondió, pensativo:
— La cruel antroposofía
aturulla los sentidos
y el encéfalo lastima—.

Sin embargo, caballeros,
al mandar Jon su cartita
los contertulios sin alma
recuperaron la vida.

Todos dijeron a coro:
¡Qué suculenta comida!.—
Sólo el firme don Roberto
se preocupó por García.

Inquirió con desparpajo,
incluso envió una letrilla.

Los tertulianos distantes
aborrecieron las rimas,
chapoteando gozosos
en la pitanza ofrecida.

Al fin, concluyó Roberto:
—Curar la antroposofía
es labor de cocineros,
senescales y dietistas.-

( Manolo Nacamura. Romancero tertuliano)

Muchas cosas nos deja, Sr. Presidente

Muchas cosas nos deja, Sr. Presidente maestresala Mar, 23/04/2019 - 12:28

 

​

Café La Granja septiembre 2010

 


 

Una porción de las masas se ha dado cuenta de su condición, y quiere dejar de serlo. Desde 1996, todos los terceros sábados de mes, en el café La Granja de Bilbao, desarrolla una lucha sorda contra los poderes macdonalizadores y baserritarrizadores de la sociedad, con las más poderosas armas del ser humano: el pensamiento y la palabra. Con paisaje literario, la tertulia de La Granja es un viaje hacia la libertad.

 

La tertulia de la Granja es como Venecia, bella y decadente.

 

En los viejos tiempos, la gente sencilla, después del trabajo, se cambiaba la ropa de ordeñar por la de paseo y salía a la calle a pasear o a ver cómo crecían las habas en la huerta del vecino, produciéndose de continuo la oportunidad de hablar con familiares y vecinos sobre las cosas acontecidas o por venir. Hombres y mujeres se miraban a la cara y escuchaban la voz de sus semejantes, hablando del tiempo, del ganado o de las hazañas de los héroes de otros tiempos y, cuando volvían a casa, llamaban con dos silbidos a su perro que acudía dando ladridos de alegría.

 

En estos tiempos nuevos, la gente sencilla antes, durante o después del trabajo, sin salir de casa o saliendo de esta, envía mensajes cortos a familiares, amigos, conocidos y desconocidos por medio de un dispositivo llamado esmorfon que funciona con una aplicación informática llamada guasa, concentrando toda su mirada y atención en los escasos seis centímetros cuadrados de la pantalla del aparato. Es posible ver a parejas de hombres y mujeres que, sentados uno junto a otro, se hablan sin mirarse ni escucharse merced a sus esmórfones... Cuando suenan los dos silbidos de llamada del aparato, nadie puede abstenerse de consultar su chirimbolo para optar a la suerte de estar comunicado con el mundo en tiempo real pero solo hay un afortunado, que es fácilmente reconocible por los mohines de alegría que le hace a su pantalluca.

 


Desde Rusia con amor 2014

 

PARA JUAN

 

SOLEDAD DE LATÓN Y TERCIOPELO

 

EL LEON DE TONETTI

 

CARNAVALES DE RESINA Y LINO

 

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Día del libro 2013

 

SUS PROPUESTAS EN LA HISTORIA DE LA TERTULIA

 

Año

Mes

 Título

Autor

2017 Abril Asesinatos S.L. Jack London
2016 Julio El castillo de los Cárpatos Julio Verne
2015 Septiembre Los tres mosqueteros Alexandre Dumas
2014 Noviembre Matadero cinco Kurt Vonnegut
  Enero El largo adiós Raymond Chandler
2013 Marzo Animales y más que animales Saki
2012 Mayo El viento en los sauces Kenneth Grahame
2011 Septiembre Vida y destino Vassili Grossman
  Enero Fiesta Ernest Hemingway
2010 Junio Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin Vladimir Voinóvich
2009 Diciembre Los mejores relatos Road Dahl
  Abril Kim Rudyard Kipling
2008 Octubre El hombre que sabía demasiado G.K. Chesterton
  Enero La sombra sobre Innsmouth H.P. Lovecraft
2007 Junio El hombre delgado Dashiell Hammett
2006 Noviembre Nuestro hombre en La Habana Graham Greene
  Marzo Naufragios Álvar Núñez (Cabeza de Vaca)
2005 Julio La vida de don Quiijote y Sancho Miguel de Unamuno
2004 Diciembre Cómo me marché de casa una mañana de verano Laurie Lee
  Marzo Correspondencia con su hermano Quinto Marco Tulio Cicerón
2003 Septiembre Los subterráneos Jack Kerouac
  Febrero El proceso Franz Kafka
2002 Junio La isla del doctor Moreau H.G Wells
2001 Diciembre La rebelión de las masas José Ortega y Gasset
  Mayo Los sueños Francisco Quevedo
2000 Noviembre Utopía Tomás Moro
  Mayo Desayuno en Tiffanys Truman Capote
1999 Diciembre 1984 George Orwell
  Julio Una chica cualquiera Arthur Miller
  Marzo El diablo en la botella R.L. Stevenson
1998 Noviembre La verdad sobre el caso Savolta Eduardo Mendoza
  Mayo Diario de un jubilado Miguel Delibes
  Enero La historia de Eliseo y la sunamita Robert Graves
 1997 Septiembre Adiós a las armas Ernest Hemingway
  Mayo Hernán Cortés Salvador Madariaga

 

 

​

Tertulia con Pablo Zapata 2014

 

oOo

O Captain my Captain! our fearful trip is done;
The ship has weather’d every rack, the prize we sought is won;
The port is near, the bells I hear, the people all exulting,
While follow eyes the steady keel, the vessel grim and daring:

But O heart! heart! heart!

O the bleeding drops of red,

Where on the deck my Captain lies,

Fallen cold and dead.
 

O Captain! my Captain! rise up and hear the bells;
Rise up—for you the flag is flung—for you the bugle trills;
For you bouquets and ribbon’d wreaths—for you the shores a-crowding;
For you they call, the swaying mass, their eager faces turning;

Here Captain! dear father!

This arm beneath your head;

It is some dream that on the deck,

You’ve fallen cold and dead.
 

My Captain does not answer, his lips are pale and still;
My father does not feel my arm, he has no pulse nor will;
The ship is anchor’d safe and sound, its voyage closed and done;
From fearful trip, the victor ship, comes in with object won;

Exult, O shores, and ring, O bells!

But I, with mournful tread,

Walk the deck my Captain lies,

Fallen cold and dead.

Walt Whitman

 

oOo

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso, llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.

San Juan 20, 3-9

 

Homenaje a nuestro Presidente

Homenaje a nuestro Presidente maestresala Mar, 23/04/2019 - 12:30

Torrelavega​

Torrelavega

 

Pueblo de las Chimeneas 28, 29 y 30 septiembre 2018

 

VIERNES :

Encuentro con Maribel, hermana de nuestro Presidente

Visita Museo Eduardo Pisano

Cena sabrosa en Restaurante Sauga (Puente San Miguel)

Alojamiento en La Villa de Piedra (Cartes)

 

SABADO:

Visita a la Calle Manuel Carrera

Recuerdos de nuestro Presidente

Lo que significo la bicicleta (Jesús Gutierrez Llano)

Comida exquisita en Villa de Santillana

Tertulia en café Central : lectura de relatos del Presidente

 

Con Mero en plaza Pequeñeces

 

DOMINGO:

Recorrido por el valle de Nansa

Visita de la Casona de José María Cossío

Cocido montañés en El Puente (Carmona)

Inolvidable visita a la cueva de El soplao

 

La Casona de Tudanca

 

Aperitivo en Tablanca

 

Nos acompañaron de forma cercana con pinturas, poemas y textos:

 

Eduardo Pisano

(Museo Torrelavega)

 

José Luis Hidalgo

(Exposición Torrelavega)

 

Rafael Barrett

 

Epistolario

Epistolario maestresala Dom, 29/12/2019 - 16:32

 

Pte​

 


 

Miguel gustaba de escribir cartas a los contertulios, o tertulios como más tarde nos denominaba, cartas en su mayor parte exhortativas que nos instaban a regresar a la ortodoxia tertuliana, que nos conminaban a incrementar nuestros esfuerzos lúdico-literarios o que explicaban sus limitaciones estilísticas o su falta de talento y originalidad. Pero si uno lee dentro y rasca la coyuntura se encuentra con un sentido del humor único y con una ternura conmovedora. Os animo a que lo hagáis en esta pequeña muestra de las cartas de Miguel, nuestro Presidente.

 

Queridos Contertulios:

Pasada ya la fiebre del X ERLTLG volvemos a la vida normal. El sábado acontecerá LTLG ordinaria de Septiembre y tendremos un invitado excepcional: el Sr. Stiller. Espero que dé bastante juego tertuliano, pero ¿quién sabe?

Digo esto porque en los viejos tiempos llegaba una catarata de correos electrónicos con sutiles opiniones sobre el libro del mes durante la semana previa a LTLG. Ahora es difícil encontrar más de tres correos LTLG por semana.

Es cierto que resulta complicado articular una carta interesante, sobre todo teniendo en cuenta que debemos atender otras labores de LTLG (los relatos y BARATARIA, principalmente). También debemos considerar que nuestra asociación ha cumplido los diez primeros años de matrimonio con lo que, a estas alturas, la pasión se ha reducido bastante y nos hemos dicho muchas
cosas.

Sí, el problema principal de la literatura es la originalidad. Sea originalidad en lo cotidiano o en lo fantástico, cuando leemos un texto deseamos encontrar algo nuevo. Así, ciñéndonos a nuestra pequeña sociedad literaria, el índice de aciertos en el concursito a lo GAT es razonablemente alto, lo que implica que nuestra capacidad de sorprender al lector es limitada.

Lo digo sin acritud, ya que soy el primero que me agarro a los apliques de latón de nuestro templo. Según esto, os desafío, queridos contertulios, a que en el próximo ERLTLG, presentéis dos relatos: uno de latón y terciopelo, como vosotros sois, el otro que sea tal que produzca confusión de manera que el concursito a lo GAT tenga un triunfador: el relato que haya recogido
menor número de aciertos entre los contertulios.

Podría ser una nueva sección: el Relato Fantasma.

Espero vuestros comentarios.

Con afecto

Miguel S.

 


Queridos Contertulios:

Leo con preocupación vuestros correos sobre las celebraciones del X aniversario de LTLG, puesto que ya conocéis mis dificultades para acudir a los actos extratertulianos. Entiendo vuestro deseo de ampliar el ámbito tertuliano a todos los aspectos de la vida y admito que la propuesta de Roberto tiene un toque de romanticismo muy interesante, sin embargo, yo no podré acudir a dichos eventos y, como no quiero ser un aguafiestas, os haré llegar los libros correspondientes a la propuesta de Mayo, que creo que me corresponde presentar.

Dicho todo esto, creo, sinceramente, que el éxito de nuestra LTLG ha sido su formato: la tertulia mensual, en un viejo café, sobre un libro concreto, con un horario no demasiado flexible, con un calendario algo más manejable, pero no mucho más. Todo ello ha servido de aglomerante para
nuestra amistad y celebrar el X aniversario de dicho formato renunciando a él, me parece una traición a los ideales con los que comenzamos las tertulias y un comportamiento herético en la liturgia de nuestra diosa Granja.

Con afecto

Miguel S.

 


 

Queridos Contertulios:

Me llena de alegría comprobar que estáis vivos y en buena forma literaria.

En primer lugar, quiero felicitar al Profesor Molinero por su perspicacia en la definición del extraño opúsculo de Julio Verne. Entre en la buhardilla el siguiente tertulio.

En segundo lugar, quiero exhortaros a que mantengáis vuestro ideal tertuliano para el próximo año. Yo trataré de reservar un par de horas semanales para las actividades LTLG, con disciplina, con devoción... con dos cojones, ¡vaya!, pues reconozco que en los últimos meses no le he dedicado la atención necesaria y como en la letrilla de Quevedo:

...sépase pues, libertad
ha engendrado en mi pereza
la pobreza.

En efecto, si no trabajamos en nuestra Cruzada (¡qué bonita palabra!), si ningún tufo fascistoide, por supuesto. Repito, si no trabajamos en nuestra Cruzada literaria, nuestra asociación se irá al carajo. Debemos reorganizarnos con un detallado programa anual de actividades, con algunas nuevas que fomenten la participación de los menos abnegados:

La Microtertulia de la Granja (tertulias extra de corta duración)
Los Guerrilleros de la Literatura (la Literatura de lo muy corto)
Sirimiri de palabras (palabras bellas sutiles finamente distribuidas) y otras reestructuradas, que recuperen su esplendor perdido.

El Epistolario.
El Multiautor.
La Buhardilla.
El Certamen de Relatos.
Desde luego, es imprescindible el compromiso y la participación seria. Pensad en ello, por favor.

Con afecto

Miguel S.

P.D. Yo y mis circunstancias acudiremos a los postres.

 


 

Queridos Contertulios:

Es una discusión estéril aquella que se centra en los gustos de las personas sobre cualquier ámbito de la vida, desde la literatura al fútbol pasando por el corte de las americanas y la suspensión de los vehículos todoterreno.

Por ello no quiero entrar en gustos pero sí en costumbres que pueden aportar algo de luz sobre los asuntos que comentáis, tomando como referencia las cocinas y fogones.

Desde mi más tierna infancia he sido alimentado, me alimento y me alimentará, si Dios quiere, según las costumbres de mis abuelos y padres, es decir: “una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos”. Algunos podrán decir que hay poca variedad en esta dieta y que puede fomentar la aparición de colesterol y yo no lo niego, pero con ella he hecho tres cuartas partes de mi vida sin demasiadas dificultades.

Por otra parte, inducido por la curiosidad, he asistido a banquetes como el de Trimalción donde si bien no salían pajarillos de las tripas de un cochinillo si servían gazpacho de trilobites con reducción de positrones de nitrógeno. Tengo que confesar que esta comida me resultó sorprendente pero no he conseguido acostumbrarme a ella, me parece demasiado sofisticada para consumirla a diario.

Y finalmente, obligado por las circunstancias, he consumido autentica bazofia en cuatro continentes. En todos los casos, los guisos no fueron mortales, lo que obviamente prueba esta carta que os escribo, pero me produjeron efectos secundarios variados: venganza de Moctezuma, disentería, nauseas, rojez en la orina y muchos más.

Según esto, opino que más que el gusto, es importante la preparación de la comida de manera que aquella que está hecha con buenos ingredientes y la dedicación del cocinero nunca es rechazada por los comensales.

Pero, ¿qué ocurre cuando estás invitado a una casa y te sirven un bodrio que estás obligado a comer por tu condición de caballero?

Ni más ni menos que, después de acabar con el plato, y movido por la supuesta confianza que tienes con el anfitrión le dices: “Querido amigo, te agradezco la invitación pero la comida era mala. Por favor, la próxima vez que me invites, esfuérzate en presentarme un plato sabroso”.

Claro que también puedes decir que todo estaba exquisito y no volver a acercarte a aquella mesa, pero este no es mi estilo.

A propósito, el plato que estoy degustando en estos momentos es ligero, de ingredientes sencillos, pero tan graciosamente aliñados que solo puedo pensar en la ambrosía de los dioses paganos.

Con afecto

Miguel S.

 
 

 

Queridos contertulios:

Hace mucho tiempo visité, con mi hermano y su novia, a los padres de ésta. Pasaban las vacaciones de verano en su pueblo natal, sito en uno de los valles montañeses del viejo reino de Castilla. El pueblo no ofrecía muchas distracciones a un adolescente; podéis imaginar casas de canto con fachadas enfoscadas y balaustradas de roble agrisadas por fríos y nevadas centenarias, sin agua corriente y con luz de baja tensión, calles de tierra y lastras rotas, poca población, en fin la España medieval con pantalones de tergal.

Aburrido y fuera de lugar, mi única distracción consistía en realizar todo tipo de preguntas estúpidas a mis mayores, que me respondían con la paciencia del que cree que la ignorancia no es una mala cualidad, si es deseo de su propietario reducir su tamaño. En una de estas sesiones, creyendo acabado mi arsenal de cuestiones, levanté la vista hacia el cielo donde una bandada de pájaros negros volaba cambiando continuamente de dirección y piando monosílabos. Aproveché la ocasión y pregunté a Ángeles, la suegra de mi hermano:

- ¿Qué pájaros son esos?

- Aviones - respondió. Y siguió con sus quehaceres, quizás pensando que la educación franquista dejaba en los jóvenes grandes lagunas.

Yo pensé que me había tomado el pelo con aquella respuesta tan cachazuda, pués ¡no sabía yo bien como eran los aviones!

Pero la duda anidó en mi interior y decidí reducir mi falta de conocimiento ornitológico. Para ello adquirí unos prismáticos soviéticos y una guía de aves con los que aprecié como buena la escueta respuesta que Ángeles me había dado algunos años antes.

Sirva este resumen para conocer a uno de los más antiguos inmigrantes africanos en la península ibérica: el avión común.

De la familia de las golondrinas, el avión común («Delichon Urbica» ¿la delicia de la ciudad?) es un ave negra azulada, con el pecho y el obispillo, zona donde el cuerpo se une a la cola, blancos y con las alas caudales con una abertura en forma de flecha, menos acusada que en el caso de las golondrinas. Vive en áreas con salientes rocosos o urbanas donde cuelga de los aleros su nido, hecho con bolitas de barro que el mismo mastica y va pegando una a una hasta conseguir un cuarto de esfera, cerrado por la pared y el voladizo del alero, dejando un agujerito por donde entra y sale para alimentar a sus polluelos con todo tipo de insectos voladores.

Sí, el avión es un vecino alegre pero no molesta a nadie, quizás por eso no haya atraído la atención de algunos contertulios. Esperemos que a partir de ahora su piar forme parte de nuestros trinos en el corcho.

Con afecto
MSR

Carta a Miguel

Carta a Miguel maestresala Dom, 29/12/2019 - 16:59

Hace años, una antigua novia, psicóloga ella, y yo, diseñamos un modelo de negocio (sin que nos lo tomáramos demasiado en serio, he de reconocerlo) centrado en todo lo que gira alrededor de la muerte de un ser amado ―ella misma había perdido a su madre poco antes en un accidente de automóvil―. Se trataba de ayudar a los parientes más próximos del difunto a volcar sus recuerdos, sus anécdotas, sus afectos, sus inquinas también, por qué no, y que todo ello quedara en forma de texto compuesto con amor y un cierto estilo. De alguna manera, ese uso tan anglosajón (al menos es lo que nos muestran en las películas) de glosar la vida del ausente, donde los amigos y familiares exponen ante los demás lo que representó para ellos, es lo que subyacía en nuestra idea. Por un lado el apoyo psicológico que permitía sacar a la luz lo bello y hermoso, por otro el arte literario para que esa luz no se apagara; esa era nuestra intención. Todo se quedó en el limbo, sumergido en la memoria nebulosa de lo que pudo ser. A pesar de ello, en dos ocasiones he recuperado esa idea y he escrito algo en torno a personas que fueron importantes en mi vida. El papel y la pluma ayudan a superar el pudor natural a hacer algo así.

La primera vez fue solo un breve párrafo; la timidez, la discreción, no lo sé, me obligaron a no citar directamente al fallecido, a dejar mis palabras en una de esas redes sociales donde pudiera ser encontrado por sus allegados. Ellos sabrían a quién me refería. Estas líneas que siguen las tecleé casi a vuelapluma, dejando manar lo que mi pecho me dictó entonces:

«Hay días de lágrimas, pena y dolor. Como este, un día en que la muerte y su amargura vienen de la mano. Es lo que uno se encuentra en los bolsillos del corazón cuando un ser querido se va. Sin embargo, es cierto que puede haber algo hermoso en estos momentos. No recuerdo quién dijo que hay que morirse inspirando amor, si se puede. Si se puede..., supongo que esa es laclave. Dentro de poco es el funeral de alguien que sí pudo, que se fue ayer pero ha dejado para nosotros ese sentimiento tan maravilloso. Tengo lágrimas dentro de mí, pero no todas son de tristeza.»

Unos pocos años más tarde falleció de manera inesperada la pareja de una buena amiga. Ni en este momento, ni de esta manera, recuerdo que me dijo, inconsolable, cuando fue capaz de hablar acerca de la ausente, una mujer entrañable, seductora y con su memoria repleta de historias y anécdotas. Una argentina de origen judío (¡le encantaba el jamón!), de ascendientes rusos que había emigrado a Israel, vivido la utopía en un kibutz y sufrido en un sótano de Jerusalén las Guerra de los Seis Días. Una socialista convencida que huyó de la irracionalidad de la guerra y se plantó en Cuba para comprobar que el comunismo era ya una doctrina pervertida por la mezquindad humana. Una mujer que acabó llegando a una España recién salida de la Dictadura, donde se ganó la vida dando clases de literatura en la Universidad y de cerámica en su taller. Y donde conoció el amor. Una mujer ―ni ella ni mi amiga― que no perteneció jamás a una organización LGBT (de esas que tanto cariño te inspiraban, Miguel), no por ningún tipo de rechazo moral sino solamente porque no le hizo falta para sentirse y ser como en realidad era. Esta vez el texto tuvo forma de carta, de las antiguas, escrita en unas cuartillas, introducida en un sobre y depositada en un buzón de Correos.

Y así llego al momento actual. Tengo delante la pantalla del ordenador, levanto los ojos hacia el techo del estudio, paseo la mirada por los lomos de las lecturas de la Tertulia de La Granja, regreso a estas líneas parpadeantes y pienso que ya no estás con nosotros. Y me cuesta aceptarlo.
 

A lo largo de la vida he conocido a mucha gente, como todos. Hay quien continúa ahí, otros llegaron y se fueron. Algunos más han de venir, es posible. Sin embargo, y supongo que esto es lo habitual, soy incapaz de rememorar aquella primera vez que me encontré con la mayoría de ellos. Bajo los párpados, acaricio la superficie del escritorio, en algún lugar del edificio oigo unas risas y el murmullo de unas voces. Permanezco así unos minutos. Nunca me había planteado quiénes han dejado esculpida en mi alma esa primera huella y acabo algo confuso porque solo consigo evocar tres personas. Pienso en aquella novia psicóloga, y la recuerdo durante una cena
en El Escorial, sentados a la misma mesa, ella en la otra banda un tanto lejos de mí. Recuerdo su sonrisa, sus pestañas vacilantes de rímel y las miradas que nos cruzamos cuando aún no sabíamos el uno del otro. He olvidado tanto de lo que vivimos en común que no dejo de sorprenderme de la nitidez de esta imagen.

Recuerdo un bebé de nueve meses en brazos de su padre; un bebé de ojos grandes y curiosos que no extrañaban a ese niño que era yo, un niño también curioso y sorprendido por aquel ser minúsculo que rebullía entre ropas blancas. Su padre, aquel a quien dediqué el párrafo de más arriba; ella, la mujer con quien siempre quise estar y que ha conseguido que el desasosiego y la angustia desaparezcan de mi vida.

Y tú eres esa tercera persona, Miguel. También recuerdo el día que te conocí. Es curioso, ahora que reflexiono sobre ello. Dos mujeres, una a quien una vez quise y otra a quien quiero hoy y para siempre. Y tú. Entorno los ojos, miro hacia adentro y busco a alguien más, pero no lo consigo. Solo vosotros tres.

Algunos seres humanos marcan nuestra vida, para bien o para mal, y estoy seguro de que tú fuiste uno de ellos. No sé si puedo decir que eres una de las tres más importantes pero como decía, mi memoria ha guardado pocas imágenes de primeros encuentros y una es la que tuvo lugar aquel 1 de marzo del año 1989, mi estreno laboral en lo que entonces se llamaba Acenor I+D. Esa mañana me presentaron a la mayor parte de los miembros de la plantilla, una amalgama de nombres y rostros indiferenciados, apretones de manos más o menos intensos, todo ello sazonado por la vergüenza y ansiedad de un recién titulado que se iniciaba en el mundo profesional. Con algunos de ellos he mantenido la relación desde entonces, intensa y tertuliana en ocasiones, sin embargo es tu imagen la que ha perseverado en mi recuerdo de aquella jornada. Te acercaste a mí, extendiste tu mano acompañada de una sonrisa, esa sonrisa tan tuya, sincera precisamente porque tratabas de reprimirla, porque al querer mostrar lo que no era, en realidad ofrecía tu auténtico ser, el de alguien amable y educado dispuesto a ayudarte en todo lo que estuviese en su mano, esa mano que ahora me tendías. La estreché y te presentaste con tu nombre y asegurando que eras el más guapo de la oficina. Una introducción más bien extraña, pero con la que reflejabas esa forma de ser que apuntaba antes, te reías de ti mismo con un comentario que reflejaba muy bien que te conocías a la perfección. Y que anunciaba una forma de ser complicada, a alguien no fácil de tratar. Porque no siempre estaba claro cuándo te burlabas y cuándo hablabas en serio. ¿Cómo te describió el sacerdote durante el funeral? Particular, un hombre particular. Sí, sí que lo eras. Acaso, en alguna isla, lo sigas siendo.

No me acuerdo de mucho más de aquella jornada, solo esa sonrisa en labios y ojos, esa mano con olor a nicotina, un jersey verde de cuello vuelto y unos pantalones de mezclilla marrones.

El vestuario, las descripciones de atuendos y prendas varias... Eras hijo de sastre y eso se notaba cuando nos describías las indumentarias de tus creaciones, que siempre eran tú mismo. Y tú mismo, a su vez, eras tu principal personaje. Un hombre particular... Tu propio personaje... Pienso en ello... Era necesario haberte tratado en la cercanía, en la confidencia para darse cuenta de que te esforzabas en recrear un papel, el de tipo adusto (poco tratable, huraño, malhumorado, seco, severo, desabrido, estas son las acepciones de la RAE para el término), misógino, fatuo, engreído. Y lo conseguías muy bien, tanto que muchos nunca supieron diferenciar al autor del narrador y a este del actor que deambulaba por esa vida que no es más que una obra de teatro llena ruido y furia.

Te conocí en diferentes facetas durante nuestros años de relación. Fuiste compañero de oficina, no en vano nos sentábamos uno al lado del otro, separados por una mampara verde que más que separarnos establecía una cierta complicidad entre nosotros. Te bastaba con inclinar la silla hacia atrás, balancearla sobre sus patas traseras y asomarte para invitarme a un café o charlar sobre cualquier tema, entre ellos, por supuesto, alguna de nuestras lecturas (nunca olvidaré la primera de tus recomendaciones, una serie de novelas de Julian May, el Ciclo de la Tierra Multicolor, y los ratos inolvidables que me hicieron pasar).

En aquel tiempo de inseguridad e inexperiencia, me sentía protegido cuando veía la nubecilla de humo de uno de tus cigarrillos marca Habanos revoloteando por encima de la mampara. Recuerdo dos de tus consejos de entonces, quizá de los más útiles que nunca me dieron. Cuando salgas de la oficina para ir a la fábrica, me decías, lleva siempre cuaderno y bolígrafo.

Así siempre parecerá que vas a hacer algo, y no de paseo. Sabia reflexión que siempre he seguido, una reflexión que me ha servido para proyectar una imagen, no necesariamente ajustada a la realidad pero, ¿qué más da? La primera lección en el teatro del mundo profesional, donde la apariencia es básica. Y la segunda: te veo delante de mí, echándome una de tus miradas socarronas un día en que apareciste con chaqueta y corbata. Voy con el jefe a una reunión, me aclaraste, y no quiero que se note quién lleva el botijo. De nuevo, imagen. Actuación. Personaje. Sabiduría.

También te conocí como jefe. Lo fuiste durante un periodo que puedo considerar como el más enriquecedor, creativo, motivador e ilusionante de mi mediocre vida profesional. Y lo de mediocre no lo digo como lamento.  Nunca he tenido ese afán por ascender en el escalafón tan propio de los profesionales adictos a la empresa y al trabajo. Quizá si los hubiese tenido habría sido igual de mediocre. ¿Qué más da? Esa es otra historia. Ahora que ya no estás puede parecer un clásico decir que fuiste el mejor jefe que he tenido, pero es cierto, lo fuiste, o casi, evitemos las afirmaciones absolutas, y lamenté el momento en que nuestros caminos se separaron. Toda esa pose de tipo adusto se transformaba cuando estábamos juntos en amabilidad, colaboración, ayuda, compañía. Trabajé con agrado a tu lado durante esos años, incluso cuando te empeñabas en visitar las «catacumbas», en «jugar a Los Miserables». A pesar del calor, la humedad, la oscuridad, a pesar de todo ello, recuerdo con cariño nuestras excursiones por las galerías y sótanos del tren de laminación.

Fue durante esa época cuando tu carácter se volvió irascible de verdad, no como afectación, o al menos cuando llegué a percibirlo. Pero como siempre, volviste a crear tu propio héroe, ahora al revés, mostrando un rostro amable y educado en tu trato diario con los que éramos tu equipo y perdiendo batallas sin sentido con tus superiores. ¿De dónde venía esa ira contenida? Un tarde, charlando en tu despacho, me confesaste que te ibas a divorciar. Soy amable con todo el mundo menos con ella, me contaste con voz triste y mirada perdida.

Creo que tu situación privada te acabó pasando factura, algunos no tuvieron paciencia o no supieron ver más allá de la máscara. Primero te humillaron privándote de tu criatura, porque el tren era como un hijo tuyo, amado y mimado, y también cruel en su indiferencia ante tus atenciones, como un adolescente ignorante de todo lo que no sea él mismo. Eras feliz vestido de romano, como solías decir, paseando por la planchada, encaramándote por aquí y por allá, charlando relajado con tus desbastadores. Estoy seguro de que no me equivoco si digo que no volviste a serlo en ninguno de sus puestos de trabajo posteriores. Después del menoscabo que te supuso el apartamiento del área donde habíamos compartido tareas, apenas dos años más tarde te echaron de la empresa, colofón lógico de unos odios estúpidos generados en gente poderosa y mezquina. Un mes después ya estabas trabajando en otra compañía, apadrinado por un hombrecillo de cigarro habano en ristre, que te trataba como a un hijo desde mucho antes y que supo, él sí, apreciar al auténtico Miguel tras la máscara. Seguimos vivos, que no es poco, me contestabas invariablemente cuando te preguntaba qué tal le iba en su nuevo puesto. Una frase hecha, tal vez, pero que reflejaba la amargura que anidaba en tu sentir más íntimo.

Fue poco antes de que dieran comienzo nuestras excursiones por las galerías cuando nació La Tertulia de La Granja con Gonzalo como Padre Fundador y nosotros como novicios. Esa fue la tercera componente de nuestra relación, la de contertulios, miembros de ese extraño grupo que de manera increíble ha superado ya los veinte años de existencia y más de doscientas lecturas y tertulias, el periodo más largo de todos y el que en mayor medida me permitió valorar tus virtudes y también tus defectos, por qué no decirlo. Todos tenemos facetas que se iluminan y oscurecen dependiendo del movimiento del sol y las nubes en torno a nuestro mundo interior, y no siempre es la más brillante la que asoma entre los pliegues  de nuestra vida. Y uso el adjetivo brillante a propósito porque fue en la Tertulia donde nos mostraste esa cualidad en toda la amplitud del término.

Cada tercer sábado de mes, a las 16,15h, tú, nuestro Presidente, te revestías de tu nueva máscara, ahora de misógino displicente, de viejo gruñón un tanto carca y retrógrado, de guardián de las esencias tertulianas que tú mismo no tenías inconveniente en subvertir cuando te parecía. Ya no volveremos a oír tus diatribas contra el género femenino, a ti, que tenías dos hijas y eras un devoto de tu Carmen. No regresarán tus quejas impenitentes, y también impertinentes, así eras, Miguel, sobre este o aquel tema, daba igual cual fuese, el caso era mostrarte desafiante hasta el punto de alabar a un Franco que encarceló y condenó a trabajos forzados a ese sastre que te enseñó a alabar la buena hechura de un abrigo. No revolotearán a nuestro alrededor tus palabras pontificiales proclamando las bondades y la necesidad de proponer valores seguros mientras nos encasquetabas obras tan anfractuosas como Los sueños de Quevedo. Contradictorio y provocador en apariencia, no tenías inconveniente en reconocer tus errores y excesos con una sonrisa y ese latiguillo del que me enamoré e hice mío, «lo que yo decía». Y por si no estaba clara tu disculpa, un atardecer, cuando el azar llevaba a cruzarnos paseando por la Gran Vía, te acercabas, me estrechabas la mano, te inclinabas un poco, como si fueses a hacer una confidencia y decías en voz baja, «amigo».

Pero ante todo eras brillante, estuviese uno de acuerdo o no con tu comentario sobre la obra de turno, incendiario y excesivo en ocasiones, jamás era anodino ni carente de esa chispa que nos tenía a todos pendientes de tu dictamen, de un punto de vista que siempre era original y novedoso, un poquito más allá de lo que uno mismo había conseguido avanzar. Sí, también esa estrella se ha apagado. Echaré en falta su luz. Y su oscuridad. Tus vetos, tus negativa a participar en esas otras actividades paralelas de la tertulia, tan denostadas por ti, y que sin embargo tanto hubieran ganado contigo. Echaré de menos tus ausencias.

Voy acabando, es hora de pasar la última página de este libro y devolverlo a su estante. Lo hago con la tristeza de haber llegado a un final infeliz, brusco, poco amable. En la literatura las historias no suelen terminar así, en medio de una trama, una reflexión, un diálogo. En la vida, sin embargo, no siempre tenemos tiempo de poner el punto y final a nuestra narración. La innombrable te sorprende al volver una esquina y ya no estás. Ya no eres. Pero a la amargura de un final abrupto e inesperado se une la satisfacción que nos deja en el espíritu el recuerdo de una buena lectura, de esa buena lectura que fuiste en mi vida.

Por eso siempre estarás en mi memoria.

Adiós, amigo.

 

Uno de los nuestros

Uno de los nuestros maestresala Dom, 29/12/2019 - 17:05

“Muerte. Muerte. Más muerte”. Estos eran los comentarios que ibas haciendo a los relatos que presentamos en una edición, hace ya de esto algunos años. Tenías razón. En todas -o casi- las obras estaba presente la muerte. En las tuyas no, o eso pensabas. Hablabas de la infancia, de un
Hércules cántabro o de las peripecias de un tal don Miguel que se te parecía demasiado, pero en todos y cada uno asomaba un deje de nostalgia. ¿No es eso otra forma de hablar de lo muerto? Dicen los estudiosos que han pasado por el Mundo ciento siete mil millones de personas, de los que apenas seguimos respirando el pico que le sobra al cien. Y ni toda esa experiencia acumulada ha sido capaz de hacernos convivir con ella.

Lo supe apenas seis horas antes de que hubiéramos debido vernos. Puedes imaginar la conmoción. Esa tarde llegamos todos puntuales, creo que necesitábamos estar juntos. Aún había quien no daba crédito. Nadie se atrevió a ocupar tu silla en la cabecera de la mesa, y ese vacío era más denso de lo que hubiera sido tu presencia. Aunque con retraso (acaso con culpa) celebramos la tertulia ordinaria; tú, tan atento a la formalidad y los reglamentos, no hubieras permitido otra cosa. No pudimos conocer tu opinión del libro de Sergio Ramírez, ya nunca la sabremos como tantas otras cosas. Nunca, eterno, infinito, conceptos inabarcables para nuestra limitada capacidad de entendimiento.

No volví a verte desde nuestra tertulia anterior, el tercer sábado de octubre. Entonces comentamos la boda de Ángela, y tu juicio fue demoledor. Otros fuimos más benévolos calificándola incluso -como hice yo mismo- de pequeña obra de arte. El último comentario que hiciste fue algo así: “tal vez no sea el libro el que está fuera de lugar en la tertulia, sino yo.” No he podido olvidar tu gesto, algo dolido, tus disculpas al ponente y esas palabras que ahora suenan premonitorias.

Ya sabes que casi todas las citas ingeniosas se le atribuyen a Churchill, entre ellas aquella de que Rusia era un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma. A mi me hubiese gustado que fuese de Shakespeare, y se hubiese referido a la vida, a lo que somos, lo que vemos, lo que ignoramos, los millones de galaxias, los años-luz de distancia, la materia, la antimateria, los sentimientos, quienes somos, de dónde venimos, a dónde vamos... un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma.

Si fuese cierto que aquella tarde de noviembre, veintiún gramos de masa salieron de tu cuerpo, eso que unos llaman alma, otros conciencia, qué se yo... Si fuese cierto que en ese instante se rasga un velo y simplemente te reúnes con los que nos precedieron, tal vez ya sepas cuál es el sentido de todo esto y, estoy seguro, estarás bebiendo una copa con Hernán Cortés o Julio César.

Con afecto.

El caballero del Valle

El caballero del Valle maestresala Dom, 29/12/2019 - 17:32

Desayunaba en mi escaño del templo un gran tazón de café con galletas rotas que me había servido Elías, el fiel camarero. Me había traído, también, un vaso de cítrico por aquello de la salud y, crédulo, no lo había podido rechazar.  Leía en el diario las mentiras emparedadas del poder tontalizador pero me detenía en alguna carnaza cultural que era más de mi gusto; sí, esa debilidad de la mariposa en la frente que era nuestro distintivo y nos mantenía vivos. En nuestra esquina, debajo del cuadro del Gargantúa, me asaltó repentinamente el artista de la pajarita conminándome a coger el teléfono de la trastienda: me acerqué el auricular y era Casimiro que me llamaba desde el Valle –intuía– con alguna embajada...

Mientras el café se enfriaba, desde el otro lado de la línea, la voz tenue del Hércules de Cos, hacía rezumar la tristeza a mi interior. Habían visto a don Miguel en el Montuco y no había vuelto a saber de él; no había noticia pues ni siquiera había regresado a los naipes de rutina que tenía de tarde en tarde con don Quirón, Jacinto y el cabo Merino.

Densos nubarrones se colocaron, entonces, en el horizonte y el día nacía estragado, como patas arriba y sin sentido; las obligaciones pasaban a un segundo plano, lo cual significaba que tenía que llamar al apoderado de la oficina comercial en la que trabajaba. Solicité, a mi cuenta, línea a Elías pero infructuosamente pues aquél no había llegado todavía; el ujier, amablemente campechano, aceptó mi excusa y se la trasladaría al amo de mis horas diurnas. Un problema menos entonces. Abandoné medio desayuno sin soltar un penique, y corrí a la estación de la Concordia a tomar el primer tren para la capital cántabra. El broncíneo caballero vigilaba la entrada del café y todos los movimientos de nuestra compañía.

Y la Providencia construyó un tren en quince minutos y le colocó en la vía listo para martillear el trazado hasta tierras cántabras. En un quiosco compré un periódico – absurdamente pienso – aunque nuestro caballero desaparecido no podía haber dejado ningún indicio allí...

El tren repitió su chiflido metálico varias veces antes de desentumecerse y poner en marcha las ruedas latonadas que me conducirían al Valle, paisaje que don Miguel había mamado en su infancia y que había hecho de él lo que soberanamente era: el dulzor en la mirada, nobleza en el corazón y sagacidad en el decir.

Mientras el tiempo corría al ritmo de la intranquilidad, el tren pulverizaba millas y millas que con su tran-tran se acompasaban con mis latidos, los pensamientos pacían en tiempos pasados y también en el bien presente que había durado hasta hoy. Hubiera sido su escudero en otro tiempo, en otro lugar, quién lo sabe, no obstante sólo había conseguido repuntar como rendido admirador; ahora me tocaba salvarlo allá donde estuviera y temía lo peor; la tristeza de su marcha me amargaría el pasar de la vida y lo vivido en nuestros encuentros literarios o las simples apariciones repentinas en las calles de la capital y su sonrisa franca, siempre contemplativa y beatífica.

Casimiro estaría maltrecho en su alma, creación suya como era y sin voluntad para aceptar los malos tragos de la vida todavía. Pues era un mozo recio pero sin inquina. Ya había descrito su padre quién era y quién llegaría a ser y bien que recordaba ahora su comienzo en la gran piedra redonda del mundo:

Nació en Cos; no en la isla que fue patria de Hipócrates, sino en un valle verde y lluvioso, al pie de los montes que indican a los marineros el fin de la Mar Océana, donde sus gestas comienzan desde el mismo momento del parto, cuando, después de recibir el azote que abriría sus pulmones, golpeó a la matrona y la tumbó inconsciente en el suelo.
Fue bautizado con el nombre de Casimiro y su llanto, al recibir el agua bendita, agrietó la imagen del señor Santiago en el retablo de la humilde iglesia de la aldea.

Me recordaba a aquellos héroes que siempre vivían en aquella aldea gallega disfrazada con tantos otros nombres, pero siempre con una puente y una selva; todo galaico y mítico con una sencillez esencial de inspiración clásica que sigue fundando las mil primaveras prometidas por su autor.
Las nubes algodonosas que dejábamos atrás eran bellamente blancas. Las paradas se sucedían pero eran demasiadas para mi cansancio y caí embaucado por el vaivén. El sueño acortó el paisaje de una manera eficaz – su contenido es mejor no revelarlo todavía, no fuera premonitorio – y comprimió el tiempo. La vida con su aliento se detuvo en la estación de la capital cántabra donde me esperaban Casimiro y don Quirón con su sotana negra y su papada de párroco disfrutón. Jacinto conducía el SEAT 1500 gris que les habría dejado don Euristeo, siempre atento a los trabajos de su hijo predilecto. Traían caras tristes y no tenían noticia de su paradero ni traza de dónde buscarlo. Este trabajo de Casimiro no era una prueba, lo significaba todo en el reducido y cerrado mundo del Valle recreado por don Miguel. Un error dejaría nuestra existencia sin fuste y sin fundación.

Ambos me abrazaron, a Jacinto no le conocía y me estrechó la mano como un orgenomesco, juntando el antebrazo. El de Cos era un mozo imponente con la sonrisa del Valle, idéntica a la de su creador.

– Casimiro: ¿les has contado lo de la cueva del collado Carmona? – habló don Quirón.

–La verdad es que creemos que andará por allá. Vine en mi primer trabajo y él lo debe conocer bien –confesó Casimiro.

–No se hable más. En marcha –apostilló don Quirón con un gesto de su mano.

El cochazo nos llevaba hacia el Valle por la carretera general, la única que había en aquel tiempo. Jacinto conducía sin sobresaltos y a una velocidad moderada aunque la prisa pinzaba mi interior requiriendo más celeridad. Pasamos unas cuantas localidades hasta que divisamos el Pueblo de las Chimeneas, lugar de acceso al Valle donde había nacido don Miguel décadas atrás.

Abandonamos la carretera para enfilar una pista que nos llevaría al collado;  la contaminación fabril dotaba de una chapela gris a la población; pasamos, entonces, por al lado de la SAM, imperio de la leche de bovino y primer puntal febril del desarrollo del Valle y sus aledaños, lugar donde Casimiro había atrapado al león del circo Atlas.

–Aquí a la derecha empieza el sendero que debemos tomar –alertó Casimiro con unas dotes orientativas innatas.

No tardamos en toparnos con una cuevecilla que se insinuaba tras unos frondosos escajos. Entre Jacinto y Casimiro los apartaron y pudimos internarnos agachados. Dentro, a la luz de la tea que había encendido Casimiro, se presentó un espectáculo prehistórico en plena era del motor: los
bisontes paleolíticos pintados en el techo gritando UHP (1) tal como don Miguel había escrito en los trabajos de Hércules. Aquí habían aparecido el mauser 98 y la limonka que permitieron apresar a la fiera. La humedad se me metía en la garganta y el olor salobre obturaba la nariz. Casimiro abría el paso con la tea encendida amortiguando el miedo a lo inexplicable que engendra la oscuridad mientras la esperanza de encontrar a don Miguel se convertía también en una fortaleza que nos hacía continuar fuera como fuera.
Tras un buen rato aprecié que la cueva se ensanchaba y ganaba en pendiente. El paso de Casimiro era de legión romana y le pedí un descanso que don Quirón agradeció, aunque parecía que tenía aguante todavía. Jacinto sacó el picado y liamos unos cigarrillos que encendimos con el ZIPPO de Casimiro en mitad de la corriente de aire misterioso del gran pasadizo. La lumbre de
los pitillos iluminaba nuestros rostros.

–No hay ningún indicio que nos hable de don Miguel... –apuntaba don Quirón –por si acaso, he rezado un rosario mientras caminábamos, es lo menos que puedo hacer.

–Tenemos que seguir –nos conminó Casimiro mientras apagaba el pitillo.

Estos territorios imponen, aunque hay cada vez más luz en esta chimenea natural. No sé dónde pararemos pero hay que continuar aprovechando que no hay día ni noche aquí abajo.

Efectivamente tras varias horas de recorrido, la luz tenue y espectral había ido creciendo. Ni que decir que la pendiente se había empinado y debíamos agarrarnos a las rocas, a lo que fuera para no resbalar en las humedades y musgos que alfombraban cada vez más numerosamente el trayecto.  Llegamos a una gran bóveda maravillosa y abandonamos la estrechez de la chimenea rocosa. Y también su oscuridad que ahora se había convertido en una luz azul que evocaba la paz y la tranquilidad. Mi corazón palpitó entonces al ritmo de una intuición a la que Casimiro puso voz.

–No quería intranquilizaros pero me huelo que estamos en el Hades – habló poniendo cara de susto. En la formación en mitología griega que recibimos de don Quirón nunca entendía cómo podía ser el Hades o el Tártaro pero aquí lo tenemos. Aquella corriente subterránea puede ser el río Aqueronte.  Vayamos a preguntar aquel hombre si ha visto a nuestro Miguel.

Caminamos aproximándonos al sonido del cauce fluvial y con la convicción de que por fin sabríamos el paradero de nuestro amigo, el caballero del Valle. Había allí un anciano raquítico y barbudo vestido con pieles de cabra mal curtidas. Sin duda, era Caronte porque daba la imagen que presentaban todos los libros de Mitología Griega. De cualquier forma, no se explica nadie cómo un personaje tan importante que guardaba las mismísimas puertas del Hades podía ir tan mal vestido; si, por lo menos, llevara un sombrero vistoso que engalanase su imagen, otra cosa sería - un sombrero de ala quizá, con una franja de color pardo o verde. En este último paso para llegar al País de los Muertos, podría haber alguien con más carisma, aunque tal vez era un juicio
aventurado.

– Buenas, ¿qué se les ofrece? –nos interrogó con media sonrisa. ¿No saben que los vivos no pueden acercarse a estos parajes?

–Tenemos una buena razón –tomé la iniciativa inexplicablemente. Buscamos a un caballero trajeado de forma elegante, con verbo fácil y honradez probada. Ha desaparecido y no sabemos nada de él.

–Puede que tenga algo que contarles: hace tres días me abordó un caballero intrigante de voz engolada y no he podido descansar más que a ratos. Ha tratado por todos los medios de pasar el río con un único pretexto: encontrarse con las Musas (2) –nos sorprendió Caronte con aquella revelación.

–¡Eureka! –gritó Casimiro como buen mozo que era.

– Llevo mucho tiempo aquí y creo que sé hacer mi trabajo. Orfeo vino hace una eternidad en busca de su Eurídice y me engañó con la música de su arpa –sensible y sentimental que es uno; finalmente salió mal librado, pobre chaval, mira que desconfiar; además por aquello recibí un rapapolvos de cuidado, directamente del Olimpo, que es como la casa matriz en esto de la
divinidades. De todas formas, creo que actué con misericordia...

–Pero usted no ha dejado pasar a nuestro caballero ¿no? –volvió al ataque Casimiro con ansiedad.

–¡Ni soñarlo! Su último argumento para pasar el río fue que poseía un kopec del año 1853, que le habían dado unos rusos como que querían visitar la Biscay Bay. Supongo que detrás de aquel montículo debe andar descansando. Habrá caído rendido.

–Vaya usted Maestre, le corresponde el placer de descubrirlo –habló don Quirón.

Fui con el corazón en un puño, hipnotizado, claro está, por la luz espectral del Hades.
Efectivamente, sobre una manta de cuadros estaba durmiendo el caballero del Valle cubierto por una amplia capa negra y con su zurrón a su lado. Tumbado a su sabor dormía plácidamente, y por su sonrisa –intuía yo– que las Musas ya estaban haciendo su trabajo.

Chisté al resto confirmando que era bienhallado don Miguel. Todos se acercaron y contemplaron la maravilla tal como los enanos fueron sorprendidos en su morada y pudieron contemplar con placer la juventud y belleza juntas en Blancanieves. Era don Miguel cansado pero a salvo de cualquier peligro. Su sonrisa nos pareció una bendición y teníamos tanto miedo de turbar su sueño que esperamos hasta que despertara pues uno no se despierta todos los días en el Hades delante de la misma choza de Caronte y es capaz de contarlo.

Esperamos un tiempo y nuestro don Miguel comenzó a entrar en la vigilia. Cuando abrió los ojos se emocionó como si le hubiéramos salvado de los mismos tentáculos de Medusa. Nos abrazamos y lo celebramos con una ronda de liados a expensas del almacén de don Miguel que fumó aliviado viéndose reconfortado por nuestra presencia. Tenía todavía una caruca cenicienta.

Nos llevó varias horas salir a la superficie y tomar el SEAT helado por la escarcha nocturna del Valle. A lo lejos, brillaban las luces de las fábricas que nunca descansaban, la civilización que produce noche y día. Para nosotros aquel momento constituía un amanecer sin luz después de haber probado bajo la superficie aquella luz azulada y misteriosa.

Pasamos por el pueblo de su infancia con las ventanillas abiertas mientras él nos indicaba los nombres de todos los lugares que guardaban recuerdos de su infancia. Nos detuvimos en su casa natal: sus padres fallecidos vinieron a su recuerdo y eso le emocionó.

Cuando llegamos a la estación de la capital, el sol ya había mostrado su cara fueguina y alumbraba a todos los hombres sobre la faz de la tierra.

–Don Miguel: espero que me encomiende más trabajos, que estoy muy aburrido aquí en el Valle –comentó Casimiro a su autor.

–Lo intentaré, Casimiro, pero los doce me quedaron redondos sin mucho esfuerzo. Quizá lo intente ahora que me han visitado algunas señoritas envueltas en tul.

–Un abrazo don Miguel y no nos tenga olvidados. A ver cuando jugamos al naipe –manifestó don Quirón con bonhomía de cristiano en alzacuellos. Nos debe una partida con licores y todo...

Subimos al tren tras una larga tanda de abrazos: dejábamos a nuestros amigos  del Valle felices de haber recuperado a su creador y amigo. El esfuerzo nos había costado una larga caminata y bastantes angustias que al fin se habían visto recompensadas. Ahora, frente a frente en el vagón de económica, sentía su presencia enorme y la mía como la de un alfeñique sin importancia, exultante de admiración por él. Y allí estaba conversando conmigo con sus enseñanzas de la vida y su voz grave y siempre tranquila.

El metal chirrió y se puso en movimiento mientras lo miraba todo entero frente a mí. Entonces saqué el pañuelo para enjugar unas lágrimas de una forma discreta, pues no sé qué hubiera pensado de mí siendo como era un caballero.

–Ande, Maestre, no se ponga usted tontuco, si ya sabe que mi reino no es de este mundo –sonrió don Miguel, magnánimo y sabio.

El trayecto de vuelta lo pasamos reconfortados por las vituallas que guardaba don Miguel en el zurrón, a saber, un buen trozo de queso picón, una hogaza redonda de pan de pueblo y una bota de vino tinto. Alargamos el deleite hasta que divisamos el Abra a lo lejos, cuando ya estábamos cerca de nuestro destino.

En la estación, paró bruscamente el tren y, tras recoger nuestro exiguo equipaje, salimos al andén y cual no fue nuestra sorpresa cuando vimos un anciano con anteojos y alzacuellos con cara emocionada: era el padre Rementeria que nos esperaba para darnos la bienvenida, sobre todo a don Miguel, pues seguro que don Quirón le había informado de nuestra aventura en el Valle y quería darle su bendición.

– Me alegro de verle con bien, don Miguel, bienvenido –y se abrazaron con calor y emoción largo rato.

También abracé al venerable anciano, que seguía vivo tras aquel relato escabroso ambientado en el mismo Bilbao. Estaba confundido, pero apenas importaba porque habíamos salido del Hades y estábamos de vuelta en el mundo, nuestro mundo.

- Querido don Miguel quizá sea tiempo de que me cuente su último viaje, sentados en su escaño favorito... ¿hace un copilla de anís? – mirando y sonriéndome cómplice don Teodosio.

–¡Cómo no, don Teodosio!

Era el día de San Cosme y San Damián y el milagro se había obrado. El sol centelleaba sobre las vestiduras del broncíneo caballero que sonreía mientras enfilábamos hacia el templo. Don Miguel giró su cabeza y le guiñó un ojo. Entonces, juro que aquél levantó el brazo que sujeta el acta de la Villa, a modo de saludo, mientras inclinaba la cabeza en señal de aquiescencia, como era usual entre caballeros.

 
__________________
(1) UHP : Uníos Hermanos Proletarios
(2) Musas : eran divinidades que inspiraban a los poetas, los músicos y los pintores, entre otros artistas. Eran nueve, y vivían con Apolo, el dios de la poesía y la música.

 

Cartas a Miguel

Cartas a Miguel maestresala Dom, 29/12/2019 - 21:51

 

 

Querido Amigo,

Hoy es un día feliz, me atrevería decir que uno de los más felices de mi vida. Te preguntaras por qué, mi buen amigo. Pues bien hoy he conseguido ver la luz de un deseo escondido tiempo atrás en los pliegues de mis entretelas, organizar una tertulia literaria con un grupo de magníficos amigos. De momento no es gran cosa, solo somos tres, tres enamorados de las historias y con inmensas ganas de compartirlo. No les conoces pero no te desmerecen, te lo aseguro. Roberto, mi buen compañero entre los laminadores esforzados y comprometidos, es un lector de vocación y profesión, lee vorazmente y con sentido, habla despacio y escucha hasta un límite pero escucha, a veces se desparrama por caminos floridos frecuentados por colegialas dulces y acarminadas; Gonzalo, la chispa de esta explosión de ilusión, de estirpe noble y lejana, lee fácil y comenta con cordura, tolera y comprende y ama la literatura blanca. Me dicen estos dos buenos amigos que están detrás de un achispado compañero de oficio que aseguran lee sin prejuicios. Yo le conozco y recuerdo la botella de coñac que le hice traer para poder compartir esquina en la mesa del comedor. Trajo una de una cesta que un tío abuelo navarro recibió una Navidad en el ayuntamiento en que ejercía como secretario del concejo, un Terry 1900 algo mohoso pero aceptable, se aprobó su admisión y entendí su socarronería mientras bebía corajudos carajillos tras la colación. Nos reunimos una vez por mes en un café de aquellos de latón y terciopelo que festoneaban las páginas de Don Benito, La Granja se llama y así hemos decidido llamar a nuestras modestas reuniones. Café, licores y literatura, que más se puede pedir. Por cierto que me han concedido el honor de inaugurar la lista de propuestas (que estoy seguro va a ser larga) y les he endilgado Hernán Cortés de Madariaga, sí, no me lo digas, ya sé que me excedido pero tienen que ir olvidando las novelitas sin enjundia y los bestsellers macdonalizados.

Mi buen amigo si quieres te tendré al corriente de lo que entre este grupo de interesados vaya ocurriendo de enjundia.

Con afecto,
Miguel

 


 

 
 
 
Querido Miguel,

Cómo me gusta recibir estas cartitas tuyas que no menudean tanto como desearía. (...) Es fantástico que hayas podido encontrar un grupo de buena gente con la que compartir lectura, es tan hermoso como inusual, me alegro y te envidio, mi buen Miguel. Buena empresa la tuya que es capaz de cultivar lectores entre barras de acero y facturas.
Necesito que me mantengas al corriente.

 
Tuyo,
 

 
 
Querido Amigo

Y ahora escribimos cuentos, siete años después, amigo y nos hemos puesto a escribir cuentos, nuestros cuentos que regalamos a los demás dos veces por año. Con esa magnífica excusa nos juntamos más veces y hablamos de literatura más íntima, un lujazo. Joseba dijo sentir vergüenza porque no somos escritores, tan solo ingenieros, químicos o lo que sea y que zapatero a tus zapatos pero no le hemos hecho caso, como siempre y ya estamos en ello.

Te voy a copiar debajo un fragmento de uno de mis relatos donde doy vida a dos indeseables (estoy seguro que te acuerdas, ya te lo escribí así que me ahorro el mal rato):

Visten igual: Abrigo de trinchera pardo, borsalino añil, traje azul marino, cruzado, de raya diplomática, zapatos de dos colores y un bulto sobre el corazón. Sin embargo son opuestos en su hechura: pelo blanco, largo, liso y peinado con raya el uno; negro, corto, rizado y hacia atrás el otro. Ojos grandes, azules y saltones contra pequeños, oscuros y hundidos. Tez fina y colorada contra curtida y latonada. Nariz de milano y nariz de cuervo. Labios prominentes y labios delgados. Nada tienen en común, salvo su sonrisa piorréica, fruto de las muchas palabrotas que habrán salido de sus bocas.

- My name’s “Whitecloud” Slope and he’s “Apothecary” Bald. Nice to meet you.

- How do you do. Let me introduce Joshemari Ilargiamendi, he’s Al Capone’s amigo con el que contactaron. Yo soy Don Miguel y seré su traductor.

- O.K. ¿Podemos tomar unas copas mientras charlamos?
 

Sí ya sé que es un poco malévolo pero déjame que deguste el frescor de la venganza.

Con afecto,
Miguel

 
 

 
 
Querido Miguel,

(...) Siempre fuiste un clásico, aquello que decían las abuelas de un hombre que se viste por los pies y tu estilo escribiendo es también así, con esa socarronería atrevida y dignificante. A poco que te esfuerces te haces los trabajos de Hércules, seguro. Y que les den morcilla a esos dos personajillos.

Tuyo,
 
 

 

 
Querido Amigo,

Ya somos muchedumbre. Este mes se ha incorporado un recomendado de Joseba, Carlos se hace llamar, que tiene aspecto de austrohúngaro y lo que es peor, es de izquierdas, del ala más estridente. Engrosará la facción sanchezina y molineresca, casi nada. Se mueren los plutarquistas y Murakami mientras corriendo maratones y espiando lesbianas, ya ves. No me creas, es buena gente y además serio, de esos que cumplen, responden y pagan. No como el pizpireto de Emilio, que multiplica sus bodas y bautizos para no enrojecer en sus disculpas tartajeadas. Y mira tú que fui yo el que le apoderé. En todo caso siempre me alegra las lecturas y me encanta mazmorrearle y más ahora que mi compadre Gonzalo se ha tomado un año (acaso lustro, quien sabe) sabático, o mejor dicho conociendo su condición, dominical.

Con afecto,
Miguel

 
 

 
 
 
Querido Miguel,

Si no fuera por mis múltiples achaques, ocupaciones y mi escaso bagaje literario te pediría una plaza entre esos tus “prosélitos”. He brujuleado por la página web de la Tertulia y lo primero que me ha sorprendido es lo bonita que es, ese Jon que me cuentas que es el dueño y señor de la informática mundial ha hecho un buen trabajo. Me gusta mucho el local y eso que no lo conozco pero leí tu descripción y confieso que me sorprendió, no pensé que fueras capaz de describir con tanto brillo. Me gusta en especial esto que te copio:

Los asientos, desparramados por toda la pared izquierda son cómodos escaños forrados de terciopelo bermejo y sillas con asiento de cuero marrón, remachado con tachuelas doradas. Las mesas, la mayoría tullidas, son de dos tamaños, los dos pequeños, rectangulares y redondeadas, para cuatro o dos personas respectivamente, soportan una placa de mármol blanco y barato, sobre la que se camufla un platillo, que quiere ser cenicero. Algunos espejos alargados compiten con los percheros de latón por el territorio irredento de los carteles taurinos. En las baldas superiores, quiero ver los sombreros de los negociantes de Unamuno, pero aún es pronto.
 

Qué bonito.

Con afecto,

Miguel
 
 

 
 
Querido Amigo,

(...) Y ahora también revista, se llama Barataria. Insistí mucho en ello y Nicolas lo ha conseguido. Nicolas siempre te escucha y su esposa nos va a ayudar. Ya sabes que ayudar es un eufemismo de hacerlo todo. Pero está bien, muy bien. Y en una de sus secciones nos tenemos que presentar, contar nuestra vida, Roberto siempre tan atento le llama la Gola. Te voy a enviar una separata de las galeradas de la mía adjunta a esta, no quiero saber si te gusta o no, solo quiero que la tengas.

 
 
Con afecto,
Miguel
 
 

 
Querido Miguel,
He comprado en la tiendita que me nutre de libros y revistas la última entrega de Barataria y he de confesarte que me ha gustado aunque he entendido más bien poco. Leí la Venta de Doña Sol, la dedicabas a Winston Churchill. Mira que eres de derechas, más que Franco. No comulgo mucho con lo que allí dices pero me agradó el estilo, interpelando al lector. Pero muy de derechas, Miguel amigo. Le he pasado el ejemplar a algunos amigos y a mi portera encomiando tu artículo. Así son los afectos,

Tuyo,

 

 

 
Querido Amigo,

Volvió Gonzalo, se cansó de gandulear. Nicolas nos regaló a Jose Ramon un banquero elegante, discreto, amable y de derechas. Todo sigue bien, todo transcurre por donde debe. Emilio ya no nos visita, ya no escribía, ni construía disculpas, es normal, es joven. Por donde debe.

Debo confesarte que me encuentro un poco cansado, la Danielli me obliga a viajar a sitios impronunciable para dar unos cursos de “cómo llegar a ser un buen laminador”, con frio y calor, hambre y sed.

Gracias a Dios, Carmen me recompensa cada día, exige pero es generosa. Viajamos mucho, sabes, y es muy agradable. Estuvimos recientemente en Fuerteventura y me compré un sombrero canario, me gustan mucho los sombreros, ya lo sabes. No sé por qué pero quiero vivir allí cuando me jubile. Sentir los desiertos, el vacío, la ausencia. Ver pájaros, que siempre están por encima de nosotros, arriba.

La buhardilla, los relatos, Barataria, se acabó, bueno no del todo, yo acabé. También el multiautor, mi preferido, sobre todo aquel que comencé yo, con el padre Rementería, decía así:

―¡Ave María Purísima!

―¡Sin pecado concebida!

―Hace treinta y cuatro años que no me confieso.

―¿De qué te acusas, hijo mío?

―He quebrantado todos los Mandamientos, salvo el quinto,
aunque de esto último no estoy muy seguro.

―...

El silencio del párroco me confunde, hubiera preferido una explosión de justa indignación por su parte, algo que diera pie a comenzar mi defensa, que permitiera el desahogo de mi alma torturada, sin embargo sólo hay silencio. ¿Se habrá muerto de la impresión? Desde luego no parecía tan viejo cuando, saliendo de los sótanos más profundos de mi memoria, le vi entrar en la Iglesia de...

...¡Sí, joder! Esa de ladrillo rojo con esquinas de sillería blanca que está en Alameda de Urquijo, encajonada entre el Corte Inglés y la Casa del Libro...

...Y debe ser casi un anciano, pero al verle con la sotana de invierno y el alzacuellos; los puños de la camisa doblados hacia atrás y sujetos con gemelos de laca negra; la calva reluciente, con el pelo remanente cortado a cepillo; la nariz enorme, soportando unas gafitas doradas, muy poco masculinas, y la barbilla levantada, como si aún tirara de ella, hacia arriba, el barboquejo legionario; pensé que era el mismo D. Teodosio de mi infancia, que era una señal para resolver el entuerto en el que estaba metido.

Le seguí al interior de la iglesia, sorprendiéndome por las pinturas tan alegres de las columnas y paredes, que le dan al edificio neogótico un aspecto más acogedor. A pesar de ello, no había gente dentro y él había desaparecido por detrás del altar, o eso me pareció. Me acerqué a los
confesionarios de roble, observando que indicaban el nombre de los confesores y el horario en el que atendían a los feligreses y, sí, en uno de ellos encontré:

P. Rementería, T.
Lunes a viernes de 18.00 a 18.30
 
Y han cerrado la Granja, no aguantó la búsqueda infinita de beneficio. Nos vamos a una pastelería cercana que Carlos ha encontrado, New York. Quizá sea por eso el tono azul de esta carta.

Con afecto,
Miguel

 
 

 

 
Querido Miguel,

El tiempo todo lo seca, incluso la literatura. Una pastelería es un gran sitio, La Granja murió, viva el New York. El padre Rementería es como tu alter ego, tú mismo.

Tuyo,

 
 
 

 

 
Querido Amigo,

Siempre lo he sido pero ahora me reafirmo en mi intransigencia y no me gusta, es necesario, pero no me gusta. Con los horarios, las fechas, lo correcto, lo consuetudinario. He creado conflictos innecesarios con mis amigos. No puedo evitarlo. Y lo siento.

Con afecto,
Miguel

 

 
Querido Miguel,

Te diría que no tienes la culpa, pero seguro que eso ya lo has leído en los tres mosqueteros. "Rema bien y vive, Cuarenta y uno".
Tuyo,

 

 
Querido Amigo,

Te agradezco mucho tu comprensión hacia mis pequeñas tendencias u obsesiones. Seguro que puedo cambiar algunas cosas con mis amigos, sin que lo parezca. Quizá.

Ahora tengo que irme a Pamplona, asuntos de la Danielli. Mañana viernes regreso a Arrigorriaga y quedaré con Carmen en Bilbao para hacer unas compras. No sé pero cada vez me cansan más estos viajes y estoy deseando que terminen y descansar...

Con afecto,
Miguel

 
 

 
Querido Miguel,

Te seguiré escribiendo................

 

16 de marzo de 2018

16 de marzo de 2018 maestresala Dom, 29/12/2019 - 22:10

Hoy es mi cumpleaños y en esta fecha recibía una llamada de Miguel en la que además de felicitarme, me recordaba que nos íbamos haciendo mayores y que ya teníamos cada vez más canas o algo por el estilo. En algunas ocasiones fijábamos una fecha para tomar un café y fumarnos un purito.

Estuvimos juntos en los comienzos del Departamento de I+D de la empresa cuando teníamos la oficina en el centro de Bilbao, en los años 1985-89. En algunas ocasiones coincidíamos a la salida por la tarde y en esa época me parece que vivía por Cruces; como le quedaba de camino me acercaba a mi casa en coche. Los siguientes recuerdos es de cuando ya estaba viviendo en Galdácano; en ocasiones quedábamos por allí para dar una vuelta con Merce y su hija mayor Marta. Poco después tuve que estar un par de semanas en casa por una enfermedad y recuerdo que también se acercó toda la familia a visitarme. Vinieron con Elena, la hija pequeña, que había nacido poco antes. Al final de agosto de 1993 me acerqué a verlos a San Miguel de Aras, donde
habían pasado el verano.

Disfrutaba mucho en la fiesta de Reyes, viendo la ilusión de los niños, y ese día preparaba chocolate con el roscón tradicional para el desayuno. Me invitó unas cuantas ocasiones a que acudiese a su casa para el evento. Sorprendía en Miguel, que aunque podía tener un aspecto exterior serio, era de gran corazón.

Le gustaban los paseos urbanos, y con frecuencia quedábamos para dar uno por Bilbao o Galdácano. En alguna ocasión yo mencionaba la posibilidad de una excursión al monte, al que soy muy aficionado, pero no le hacía ni pizca de gracia. Durante esos paseos hablábamos de los libros que leíamos y surgió la idea de leer el mismo libro y juntarnos para hablar del mismo. El resto de la historia es de todos conocida.

Los libros que leíamos suscitaban debates en los que se apreciaba que la manera de pensar sobre algunos temas era muy diferente. En algunas ocasiones también se trataban otros temas y se me han quedado grabados algunos comentarios que me hizo sobre pasajes de la Biblia en los que se narraba la conmiseración de Jesús ante el sufrimiento de los demás. Piensoque esto le caracterizaba a él también bastante: no era ajeno al sufrimiento de los demás y trataba de ayudar.

Después vinieron años borrascosos a nivel familiar y profesional. Voy a contar otro recuerdo relativamente reciente que quizá pueda ilustrar algún aspecto de su modo de ser. Los comentarios que hizo en una tertulia sobre un libro que yo había propuesto me resultaron bastante negativos y hasta cierto punto hirientes. Como me quedé un poco dolido, me pareció que el mejor modo de arreglar la situación era decirle lo que me parecía. Pasadas un par de semanas quedamos para tomar un café y tuvimos una conversación distendida y agradable en la que se mostró muy interesado por las cosa que en ese momento hacía. Cuando le comenté el motivo por el que quería hablar con él, me pidió disculpas y me hizo ver que no tenía que tomarme esas cosas tan en serio.

Cuando Jon me llamó dándome la noticia de su fallecimiento, me acerqué a rezar a una iglesia cercana y pedí para que Dios lo tenga en su gloria. Desde entonces rezo con frecuencia por él en la seguridad de que es lo mejor que puedo hacer por él, y de que un día nos volveremos a encontrar y podremos volver a hablar de libros: entonces podremos leer novelas largas, sin ningún problema por su extensión, y de que no tengamos tiempo para acabarlas. Esa seguridad es algo que me ayuda en la vida diaria.