| VOLVER Volver bajo cualquier pretexto, por el obsceno placer de desandar el camino andado, para aparecer de nuevo en el escenario, para ajustar cuentas con los fantasmas y reparar destrozos y limpiar polvo y telarañas. No hay camino peor que el de la vuelta. El pasado es un lugar en el que siempre es invierno y hace frío. Volver, volver con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas, tambaleante y derrotado, con los bolsillos vacíos y los mismos sueños; los que teníamos antes de partir. De nada sirve huir, cambiar de disfraz, quemar los recuerdos o tomar el primer tren a cualquier parte cuando la nostalgia hace de las suyas. Volver es atravesar la bruma de la noche, entrar en el cementerio, depositar flores y dejar caer lágrimas en la tumba del niño que fuimos. Hay recuerdos dulces y recuerdos amargos, pero ambos son brasas de la misma hoguera, de esa hoguera inextinguible que es la memoria. Volver, sí, pero ¿para qué? Volver cuando nada importe, para desenterrar a la luz de la luna el triste tesoro de nuestra infancia y descubrir que el cofre está vacío, que todo ha desaparecido: el libro de cuentos, la madera perfumada, la flor seca, el regalo del abuelo... Volver, volver, volver, como si jamás nos hubiéramos ido. |