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DOS LIBRAS DE CENIZA
GRIS
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- Madre,
siempre le pasa lo mismo. Cada vez que vamos al pueblo se pone usted
mohína y se amustia como los geranios de la Chola. ¡Deje
de pensar en las cosas del pasado! Ya le he dicho muchas veces que la
mente humana es como un reloj viejo, solo anda en los malos momentos y
durante los felices, que los hay madre, los hay, se para y es como si
no hubieran ocurrido nunca, el tiempo no ha transcurrido en la risa, en
la dicha, en el gozo. Acuérdese usted de la boda del primo
Tomas, el de Belorado, como disfrutó y se rió y
cantó y hasta bailó con el tunante del hijo de los
Zapatitos, aquel novio que tuvo que se fue a Barcelona de ferroviario.
Y como nos reímos cuando quisieron cortar la liga a la novia,
que estaba ya muy preñada y rodó y quedo patas arriba con
aquellas bragas rojas, ¿se acuerda, madre?... Sí claro
que estaba la tía Sabina, su hermana,... claro que estaba.
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- Hola, hermana.
- Hola, Pilar.
- ¿Ya vino el Lorenzo, el taxista, con el recado que le di?
- Si vino ya.
- Entonces ya sabes que me han cogido en la Chimis, la fábrica
de pilas de la Ribera junto al edificio ese alto del león en
Deusto, seguro que lo conoces. Voy a trabajar ahí de embaladora.
Pagan bien y el trabajo no es difícil y como me dijiste que
podía venir aquí contigo y con Zaqui, que como no
tenéis hijos, que ya los tendréis, pues bueno mientras
ahorro algo de dinero y puedo encontrar algún sitio para vivir
pues si no te importa, me vengo con vosotros. Yo os pagaré
claro, no podré mucho porque tengo que mandarle a madre un poco
pero...
- Mira Pilar, en esta casa no sobra ni espacio ni dinero, pero
tú... eres mi
hermana y te haremos un sitio. Arriba en la azotea hay un sobrado
pequeño pero suficiente para una persona. Está lleno de
trastos. Límpialo y te podrás quedar algún tiempo.
Pero ya te advierto que tendrás que colaborar en las tareas de
la casa. Zaqui llega muy cansado del ayuntamiento y por las tardes
tiene que reposar y yo ya tengo bastante con la administración
de la casa.
- Gracias hermana no seré ninguna molestia ni para Zaqui...
- Zacarías
- ...ni para Zacarias ni para ti. Solo te quiero pedir un favor
más. Ha venido conmigo mi novio, Antonio, ya te acuerdas de
él. Sus padres viven en la casa antigua del Maestre, en el
camino de las eras. Bueno pues ha venido y si no es molestia y hasta
que se sitúe, podría vivir arriba conmigo, nos vamos a
casar y en cuan...
- Pero, Pilar ¡tu me quieres buscar la ruina! ¡Dónde
crees que vivo! Esta es una escalera decente. ¡Qué
quieres, que esté en boca de toda Somera!. Ese... muchacho no
entra en mi casa para encamarse contigo. Ya le puedes decir que
aquí no admitimos frescales del tres al cuarto. Ah, y espero que
no te haya dejado preñada porque te juro que no voy a tener
compasión. Así que cuidadito con lo que hacéis.
¡Habrase visto tamaña desvergüenza!
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La carretera discurría entre paramos yermos, resquebrajados por
las heladas. Era aquel un Diciembre gris y denso, sin compasión
para los escasos rebaños de ovejas escurridas que se atisbaban
allí donde una braza de pasto había aguantado las
primeras nevadas. Los pueblos encaramados en oteros sobre meandros y
ribazos encarnaban ensoñaciones de un pasado que retornaba tras
la siguiente curva, tras el chozo de los pastores, tras la cantera
abandonada.
- Pero, madre y ahora se pone a llorar. Ya dije yo que no quería
volver al pueblo. Además ya no queda nadie, o se han muerto se
han marchado. Hasta la iglesia se cayó y han construido una de
esas modernas con un campanario de vigas metálicas. Ya se
acuerda que después de la guerra y
las tres bombas que le cayeron se hicieron apaños. Pero hace
unos cuantos años dijo basta y cuando Matías el de la
Botica empezó a excavar en su casa para hacerse una bodega, se
cayó el campanario y parte del altar. Se ve que la Botica y la
iglesia compartían cimientos. Se acusó al boticario de
ser el causante de que el pueblo se quedara sin iglesia. Matías
que siempre fue un descreído, contestaba aquello de: "Mejor para
vosotros, así no tendréis que aguantar las mentiras de
los curas y trabajareis un poco mas, que falta os hace". Menos mal que
ya no había en el pueblo cura permanente que sino seguro que lo
excomulga. Que bien pensado a Matías le hubiera traído al
pairo. Pero deje de llorar ya madre, por favor....Pues claro que me
acuerdo del tío Horten. Claro que era un buen hombre...
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- Hermana, han metido a Horten en la cárcel. Le acusan de
nacionalista o de la Eta. Dicen que llevaba un cinturón verde,
rojo y blanco y que se lo vio uno de la secreta y que lo han metido en
el calabozo. Dicen que lo van a llevar a Madrid a no sé que
cárcel especial para presos peligrosos. Yo voy a verle ahora y
le llevo ropa y algo de comida...
- Mira Pilar, Hortensio fue siempre un descamisado, un vago. Siempre
anduvo con politiqueos absurdos. Acuérdate en el pueblo cuando
se enfrentó a Don Ramón el contratista porque
decía que abusaba. ¡Abusar! ¡Que no quería
trabajar, que le gustaba mucho la taberna y la partida y la escopeta de
padre! Un vago, Pilar, Hortensio era un vago redomado. Por mí
que le parta un rayo, se lo tiene merecido. Tu puedes hacer lo que te
de la gana pero a mi me dejas al margen, que no quiero que me mezclen
con ese andrajoso que va y se casa con aquella estirada de La Chola.
Pues gracias al dinero de ella. ¡Qué digo de ella!, de la
ferretería de su padre, sino Hortensio no tendría donde
caerse muerto. Por aquí también vino a pedir limosna,
como tu, pero en cuanto le cante las verdades, se puso chulo y lo tuve
que largar ¡Habrase visto!
...
- Hermana, han matado a Horten. Dicen que se encaró con un
guardia y le descerrajo cuatro tiros que lo mató. ¡Lo
mató, hermana, lo mató! ¡Qué
nos lo han matado, hermana, qué nos lo han matado como a un
perro, sin nadie a su lado!
- Mejor para todos, Pilar. ¡Y, deja ya de llorar, coño!
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El aire, frío y gris, pesaba dentro y ahogaba. Una lluvia fina e
intermitente interrumpía el pensamiento y lo humedecía
hasta pudrirse. No era fácil desbrozar los recuerdos y hacerlos
ajenos, extranjeros. El paisaje forajido los cosía al alma con
puntadas de paja seca y vino agrio. La carretera húmeda no
parecía tener fin.
- Madre, mire aquello de allí a la izquierda es Belorado.
Recuerdo que me contaba que usted de mocita trabajaba en la fabrica de
pieles por la mañana y por las tardes planchaba para la mujer
del patrón, Doña Asunción y que los dos eran muy
buenos con usted que le trataban como a una hija. Recuerdo que me
contó que allí conoció a padre que curtía
el cuero en la misma fabrica que usted, la de Don Luis, el asturiano...
Sí claro que fue una lástima que se muriera doña
Asunción, que el asturiano cerrara la fábrica y se
volviera a Luarca con sus hermanos. Claro que fue una lástima...
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- Antonio, hijo. Ven que te tengo que contar algo. Ven ahora que tu
tía esta en misa. Tu padre se ha ido de madrugada hacia Suiza.
La embajada le ha proporcionado un trabajo allí en una fabrica
de chocolates y se ha ido. Ya sabes que aquí no podíamos
seguir así. Tu padre sin trabajo y con lo que saco yo de fregar
portales no nos llega para pagar a tu tía y para comer. Y tu
tienes que seguir estudiando. Allí en Suiza se gana muy bien y
tu padre nos mandará enseguida dinero y nos podremos mudar de
aquí y vendrá en verano y en Navidades y nos
escribirá todas las semanas.
- Pero madre. Me prometió que iríamos a nadar a la poza
de La Peña y luego a tomar gaseosa al txakoli y que
compraríamos unas olivas para ti y...
- Hijo, ya veras como todo va ir muy bien...
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El sol se empeñaba en asomar entre las brumas malvas y grises
con una luz turbia y húmeda. Bruñían aquí y
allá roquedales sin conciencia, sin sentido. Allí a la
derecha tras una quebrada quizá esperaba el muro gris contra el
que aplastar la esperanza o quizá no.
- Madre, mire allí tras aquella curva está el pueblo.
Alégrese usted. Séquese los ojos y arréglese el
cuello de la chaqueta. Se le ha salido un mechón de pelo del
moño. No, en el otro lado. Así esta usted más
guapa. Mucho más guapa...
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- Madre, ¿cuándo llega padre? Ya se acerca la Navidad y
le habrán dado vacaciones. El verano pasado no pudo venir por lo
del traslado a la nueva fabrica y ya tengo ganas de verle.
¿Qué, llega el sábado? Iré a buscarle a la
estación..
- Hijo, tu padre no va a venir...
- Pero ¿por qué? ¡Le tienen que dejar que venga!
- No hijo, no se trata del trabajo. He recibido una carta. Tu padre no
va a venir más. Parece que ha encontrado allí otra...
familia que le necesita más.
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- Madre, que ya estamos en el pueblo detrás del muro gris de la
iglesia. Parece que no ha salido nadie a recibirla. Madre que ya se ha
terminado
el viaje, que ya se ha terminado...todo.
Tras el gris muro de la iglesia y bajo las vigas del campanario, un
viento del noroeste, frío y roto esparció por el cauce
del río -sordo y sin Dios- dos libras de ceniza gris, sin que
nadie las viera.
Joseba Molinero
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