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TUS TALENTOS
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Amanece y
todavía hay gris. Descuelgan las luces al mundo, se desastran
las ilusiones y amanece la vida; pronto, aún es pronto. Hay una
ingente voluntad de recibir al porvenir. Eres tú con toda esa
melancolía en estado puro. Deja de dormir y vigila tus talentos.
Hay gris y tú mismo provienes de lo oscuro. Se agita el lecho
que expulsa tu alma al mundo. De una estatura ínfima,
vacía y quizá ciertas veces pueril. El salto al piso es
frío y duro pues el calor, desaparecido ahora del lar, ha de
recomenzar su reconquista hasta del rincón aquel. Se repiten
otra vez las tareas de la civilización, el régimen
superior de la limpieza y el buen hacer, que no piensen que te
abandonas.
Contra el tráfago mañanero ese volátil
tentempié del café y el ilusionante pan tostado rebosante
de confitura. Abrigo, paragüas y sombrero encajado como anillo.
Este año el frío glacial nos visita con persistencia; una
escala de grises tapona la vista de la bóveda azul del cielo.
Sales a mezclar tu minúscula identidad en ese mar de la vida,
con la sempiterna prevención de un vencido.
Las caravanas de rostros sombríos se ponen en marcha y salen a
tu paso como si hiciera tiempo que te estuviesen esperando, realmente
no te esperan pero salen a tu paso; la petición de auxilio
desapareció dejando esos rastros de ojos, haces de rostros. Un
silencio y un son secreto que podríase auscultar aproximando el
oído a cada pecho. Esas poderosas e interminables caravanas
miran y remiran como buscando, ocupando los huecos en las casas bajo
innúmeros techos. La beligerancia, una rencor de guerra, flota
en cada esquina de cada calle del mundo con infinidad de enemigos
entremezclados, su fuerza ha conquistado incluso la ciudadela de las
miradas. ¿Qué habrá sido de aquel porvenir de
hermandad?.
La lluvia participa a su manera y no obstante hay sed de eternidad. El
La lluvia participa a su manera y no obstante hay sed de eternidad. El
alma, con pesar, se demora en la revisión de los diarios,
parecería ausente sin este gesto de la mano en la página
que descorre las negras e inútiles imágenes y los aires
de orfandad. Inútilmente, sí, inútilmente, pero
los talentos andan por ahí enterrados y has de tomarlos en
cuenta, no vaya a ser que desaparezcan ante tus mismas narices.
Un hombre de mediana estatura - sin quererlo y de forma misteriosa
crece lenta, sutilmente - acaba de entrar en el pasadizo de tiendas
buscando no se sabe qué. Tras la rutina del teléfono, el
computador y los papeles vencidos siempre conviene buscar algo : una
lámina, un libro, algo que llevarse a los ojos. Mediodía
en las calles de la urbe y rebuye el ajetreo de la comida y la bebida.
Una diversidad de alimentos que nos son ofrecidos sobre el mantel, en
ofrenda y en recuerdo de tanta hambre que se padece. Además
distribuyes sobre la mesa láminas y poesías como quien no
teme la hora postrera. Las vituallas en su punto de esplendor,
cocinadas sin pesadez, con tacto aderezadas. Después, el dulce
sopor de los licores y el humo placentero, abren paso al atardecer, ese
centauro cansado que agita el tiempo. Invencible cae la tarde y los
párpados pesan como metal, la pipa humeante descansa sobre el
mantel,las manos la vuelven a tomar por el cuello y con placer los
labios la reciben. En pos de más horas de fatiga, izas tu cuerpo
y surcas entonces el viento vespertino, que hace aletear las solapas y
sombreros de los transeúntes. Los brazos, pesados, y los torsos,
combados, enfrentan las columnas de aire con rigidez.Ciertas horas
cansadas tejen la tarde y van amortigüando la luz, cada vez
más tenue. Terminado el laborar de los papeles vencidos exudoras
las ansias de huída y de nuevo ante ti las calles. Un gran
crepúsculo toma la urbe y caes en la cuenta de que poco a nada
has hecho en favor de ese azogue que llamas sombra de la
elevación. Buscas el norte y el sur y quizá los
demás puntos cardinales y también un aire de hermandad, y
sobre todo luz que respirar; pero para ello se te hace necesario otro
tiempo y otra vida, estos que soportan tu drama apenas podrían a
esta hora salvar algún trazo de la eternidad. Mientras rumias,
ese corazón perdido late y late hasta la desesperación.
Pasos huecos sobre la acera, una llave en la cerradura, un girar y un
lejano gemido de tierra y de cielo, tus talentos, no has hecho ni
siquiera el recuento.
La fatiga te hace postrarte entre láminas de muertos, entre un
plato y un poema garabateado en tu cuerpo y la mirada, parada en un
color, deslumbra por su brillo certero. Confías aún en tu
parte eterna, que no reposa, que persigue y de un momento a otro
hallarás. El alma , más despierta en esa oscuridad
iluminada por farolas de arrabales, no ceja y ha entreagigantado tu
cuerpo. Repites en murmullo, casi en oración infinita, "la
sombra de la elevación", sin ser medium de ningún valor
duradero ni nada que aguante este envite del tiempo. Resuelves entrar
en el tiempo de deshora, bajar a esas catacumbas del alma, tu cuerpo
inmenso ha de reposar del camino. En la frenética llamada al
lecho te interrumpen la sombra y los talentos y ante la vista
atónita del cielo nace un murmullo...
¿Oyes bien o es solamente la lluvia? Finas horas tejen la tela
sobre tus ojos y de qué mar lejano sacarás tus fuerzas
para mañana. ¿ Aullido o murmullo ... ?
¿Eres tú, capellán de los iluminados..., o es
sólo el murmullo de Dios?
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