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UNA HISTORIA DE VERDAD
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Como cada
semestre, el plazo expiraba el jueves de la segunda semana de
septiembre, lo que me daba un margen de cuatro días para
finalizar con la agonía que acongojaba mi capacidad creativa.
Así era siempre el último mes, me despertaba entre
delirios de miedo y frustración, por ver que me acercaba al
abismo, sin encontrar remedio alguno a lo que me habría de
enfrentar.
A pesar del tono de amargura que acompañan estas palabras, la
razón de tanta desesperación no tenía que ver con
deudas contraídas en oscuros asuntos con la Yakuza Japonesa. No,
ni mucho menos iba a tener esa suerte. La realidad, era con creces
superlativamente más turbadora.
Contaba con 96 nimias horas, para comenzar y finalizar un relato de
tres páginas en letra Bookman Old Style tamaño 12.
Sé que pensarán que debería temer más a un
miembro de la mafia japonesa cabreado, pero eso es porque no
conocéis a los seis iluminados, que con diferentes cargos
ejecutivos, conforman el consejo presidencial de la tertulia literaria
de la Granja y a la vez artífices de la guía del
contertulio perfecto.
Por falta de espacio y tiempo, obviaré el preámbulo,
exposición de motivos y finalmente el articulado del mencionado
manual, para pasar directamente al CAPÍTULO IV, título
II, donde se recoge el régimen sancionador. Origen y causa de
mis miedos.
Las infracciones que se detallan en este "útil inquisidor" de
tortura escrito, van desde la ausencia sin aviso certificado,
impuntualidad, exceso de
Mcdonalización, y por supuesto la más grave de todas,
incumplimiento de alguno de los eventos establecidos en el programa
anual de acontecimientos literarios, entre los que obviamente se
encuentra el asunto que nos ocupa, el certamen semestral de relatos
cortos.
Respecto a las sanciones..... sólo una, las mazmorras.
Llegado a este punto me siento orgulloso de poder ser el único
capacitado de explicar en que consisten, obviamente porque solo yo he
estado allí, y a propósito, con mucha frecuencia.
Pues bien, no se trata del clásico calabozo situado a derecha e
izquierda de un pasillo enrejado, con sus paredes de piedra desnudas y
el eterno alguacil de una sola mirada, que viene a decir algo
así como " tú de ahí no sales en tu puta vida".
El mío es encarcelamiento virtual, algo parecido a un thriller
psicológico, en el que se busca no el daño físico,
sino la autodestrucción del individuo mediante la
eliminación de la estima personal.
Pues bien, eso es lo que me hacen. Yo que soy el alma joven de la
tertulia, aproximadamente de una generación posterior a la de
ellos, la que se sitúa entre los niños de la segunda
remesa de la posguerra y los de la mcdonalización. Así
es, no paran de recordarme todas aquellas cosas que me hacen ser
simpáticamente impresentable, hasta lograr que las odie y me
sienta un miserable por faltar al respeto a un asunto tan elevado, como
es nuestra querida tertulia.
En definitiva, que hay estaba yo frente al ordenador hace ahora 96
horas. Portátil encendido, banda sonora de "El Bueno, El Feo y
El Malo", sin revolver pero duro como Clint Eastwood, dispuesto a ganar
este duelo.
Me encontraba pletórico........ vamos, vamos empieza a escribir
que eres el puto amo......... puto amo.... vamos .......
vamos.................... joder no se me ocurría nada. Cigarro,
otro cigarro, discurso de auto-reafirmación
delante del espejo, vuelta al portátil, de nuevo eres el puto
amo, eres el puto amo, ¿y si llamo a mi Madre para que me pase
el cuento de un escritor poco conocido?. No, mejor lo olvido que seguro
que me cazan. De nuevo sesión delante del espejo, a ver
dónde he puesto la caja de váliums, no, no, no,
noooooooooooooooooooo, que pesadilla.
Y justo, mientras decidía qué sería más
literario, si meter la cabeza en el horno, o cortarme las venas en un
baño de agua caliente, se me ocurrió que si no
podía inventar una historia, tal vez podría vivirla y
después copiarla.
¿Y qué hacer llegados a este punto?, lo que se hace
cualquier domingo después de desayunar:
Vestirse, coger un par de euros, bajar las escaleras hasta el portal,
dirigirse cuesta arriba hacia la plaza del Ayuntamiento, detenerse en
el quiosco de Joseba y comprar El PAÍS.
De vuelta deshacemos el camino, obviamos el buzón, subimos las
escaleras, abrimos la puerta de casa, nos sentamos en el sofá y
comenzamos a ojear el periódico.
Sólo que en esta ocasión comenzaríamos por la
sección de relax en vez de por la de las esquelas.
Y así comencé la búsqueda del anuncio más
sórdido, surrealista o sorprendente de entre los aspirantes a
participar en una historia de verdad.
Desde luego el panorama era bastante esperanzador, los había
desde el sugerente "TETONA ¡pajéate conmigo!", al
excitante "GUILLERMINA y Marisa disfruta del lésbico sin
prisas", en fin, que menos hermafroditas podías encontrar
cualquier cosa.
Sin embargo, por encima de todos, uno llamaba poderosamente mi
atención:
"AMO/ AMA especialista en adiestrar personajes de cuento para que hagan
disfrutar a sus creadores. Sólo por el placer de verte gozar,
discreto sin interés, sólo para escritores, no importa
edad ni físico, goza tú y haz gozar a tu personaje, te lo
agradecerá. Manda un sms al 665345689 con tu nombre y el de tu
acompañante"
No me lo podía creer, sabía que no debía mandar el
mensaje, que posiblemente sería una mafia Ucraniana metida en
algún tipo de timo telefónico.... pero ya era bastante
duro sobrevivir con la curiosidad de no saber quién mató
a Kennedy, como para añadir otra pregunta sin respuesta a mi
atormentada mente.
Cogí el móvil, y cuando fui a dar mi nombre sentí
un arrebato de intimidad que me llevó a mentir y escribir:
"Miguel San José Vs Harry Potter", luego marqué el
número del anuncio y envié el SMS.
La respuesta no se hizo esperar. Dos avisos acompañados de una
erótica vibración avisaban que tenía visita en la
bandeja de entrada del teléfono. Abrí impaciente el
mensaje en el que se leían tres lacónicas palabras:
"coñas, las mínimas"
Aún más intrigado, decidí insistir pero contando
parte de verdad, así que escribí mi nombre "Emilio", pero
por pudor inventé el del personaje "Beatriz".
De nuevo la vibración, y en esta ocasión, fue
todavía más sorpresiva
"tal vez ella vaya a ser la protagonista de tu próximo relato,
pero lo cierto es que todavía no esta escrito"
Joder, eso si que daba miedo, pero a estas alturas ya no iba a
renunciar, además como argumento para mi cuento tenía
buena pinta.
Último intento "Emilio Vs Esperanza".
Respuesta "General Concha 23, quinto derecha, a las 20:00h de hoy".
Las siguientes horas hasta coger el tren que me dejaría en la
parada de Zabalburu, las pasé luchando contra el ardor de
estómago a base de almax, y contra lo que me quedaba de ser
racional a puñados de váliums.
A las ocho de la tarde, un timbre abría la puerta del portal 23
de General Concha, un ascensor me subía a la quinta planta y una
puerta entreabierta me recordaba que me estaban esperando. Al cruzar el
umbral se cerró, y pude ver la espalda de una joven que se
alejaba por un pasillo situado a mi izquierda. Ante mí, un
despacho de unos 20 metros cuadrados de aspecto moderno, con las
paredes color café y techo pintado en blanco del que colgaba una
burbuja de cristal, que alumbraba un escritorio de madera color cerezo.
De mi lado dos butacas Barcelona en cuero Negro, y del otro un
sillón giratorio que me daba la espalda sobre el que se dibujaba
la silueta de un hombre.
Tras unos instantes de silencio, mi estado de nervios decidió
que era momento de soltar alguna estupidez.
-Hola, me llamo Emilio y venía por lo del anuncio del
periódico. Sé que esperaba que trajera a Esperanza, pero
verá, es que no había forma de sacarla de casa. Ya sabe
como son las mujeres, que si la colada, la plancha, en fin esas
cosillas.
Mucho más serena sonó la voz del individuo que me daba la
espalda - No será que ha preferido que te marches para
pegártela con Alberto, o tal vez es que se aburre solemnemente
de que los puntos de tus cuentos terminen siempre las mismas frases,
que los adjetivos describan a las mismas personas y que los lugares en
los que duerme, come y vive sean siempre iguales.
Entonces se levantó del sillón, se detuvo un instante
ante la ventana, suspiró y se giró hacia mí.
-No te molestes en describirme en tu relato para el próximo
Sábado. Soy
diferente para cada escritor que viene. Puedo aparentar fragilidad
cuando el paciente necesita sensibilidad, ser duro si adolece de
confianza, convertirme en el mismísimo Casanova si sus relatos
carecen de pasión.
- De acuerdo, eso el lo que eres; pero ¿qué es lo que
ofreces?- pregunté tratando de aparentar seguridad
- Lo que necesitas- contestó sin dejar de clavar su mirada en
mis ojos.
- y Supongo que ya habrás adivinado qué te voy a
preguntar ahora
- Lo que necesitas es salir de las mazmorras, recuperar la libertad.
Dejar de escribir desde la obligación y hacerlo por el placer
del ocio. La felicidad de tus personajes solo la alcanzarás si
los creas para ti y no para los demás.
- Ya, y suponiendo que puedas lograr semejante milagro Froidiano,
qué tendré que darte a cambio
.
- Sólo dos cosas, el placer de verte disfrutar y dejarme a tu
personaje. Nunca podrás volver a usar a Esperanza en ninguno de
tus relatos, permanecerá siempre aquí, a mi
disposición.
Traté de aparentar duda, y dejé pasar unos instantes para
hacerle ver lo que estaba sacrificando. Entonces contesté:
- De acuerdo, pero no puedo entender muy bien para qué la
necesitas
- Para la terapia de otros escritores
- No entiendo- Y por primera vez en toda la conversación no tuve
que inventarme una cara.
- No te preocupes, ahora lo comprenderás.
Acompáñame a la habitación del fondo.
Me tomó la delantera, y recorrió el pasillo que se
situaba a la izquierda de la entrada, hasta alcanzar la
habitación que había al fondo. Se detuvo y abrió
la puerta lentamente. Los ojos se me salieron literalmente de las
órbitas
-Emilio, lo que necesitas es Venganza, - esa fue la última frase
que le oí decir.
Ante mí, como un are, recostados sobre mullidos cojines
dispuestos sobre una alfombra roja, pude vislumbrar la cabeza de un
degollado en una pajarera, a Don Miguel con el traje de siempre, al
joven Cavendish, Vadik con esa carita de necesitar un buen polvo y
así hasta seis personajes, uno por cada iluminado.
Lo que pasó en la habitación es lo de menos, respeto
demasiado a mis compañeros como para hacerles partícipes
de las vejaciones que sufrieron sus creaciones. Lo importante ahora es
que me encuentro mucho más relajado.
Sin embargo ahora que termino esta "historia de verdad", me doy cuenta
que la razón que me llevó a marcar el teléfono del
anuncio, me ha dejado una curiosidad aún más
difícil de satisfacer que la del asesinato de Kennedy.
Si había un personaje por cada contertulio en aquella
habitación, eso significaba que todos habían respondido
en algún momento al anuncio del periódico.
¿Qué sería lo que buscaban?
Emilio Hidalgo
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