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ESPUMA,SAL Y LIMO
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Parecía
un Viernes normal, quizá algo mas soleado de lo que el final de
un frío invierno podría prometer. Sin embargo el aire
barruntaba algo entre los pliegues de las pocas nubes que se atisbaban.
"No es un Viernes normal" se oyó decir a un caminante. "Entonces
si no es un Viernes normal por qué no buscamos algo de sosiego"
se preguntaron.
El camino de Urdaibai aquella mañana de un Viernes lejos de ser
normal gozaba bajo un sol sin complejos tras días de nieves
simbólicas. Los tres caminantes pertrechados de
prismáticos y ansiedad cruzaron la vía que separa el
destino del carácter, la necesidad de la voluntad, en este caso
una vía férrea pequeña y solitaria, aquel Viernes
diferente.
Se cruzaron cuando la sal se arrebolaba en las comisuras de los labios
con un avistador de pájaros que les explicó dónde
y cuándo e incluso cuánto.
Pisaron el limo fecundador y ya barruntaban porque este Viernes
nació así. Y quisieron ver lo que del limo brotaba y
vieron. Vieron garzas copetudas, garcetas blancas
¿tímidas?, tráfagos de gaviotas reidoras como
hienas o argentias como lunas, ánades, gansos con su
hígado aún intacto, avefrías y ostreros y un
puñado de cormoranes grandes, imperiales, ave fénix del
principio de la espuma.
Mundaka forma una ría coqueta y frágil. Allí un
pequeño jardín botánico despejó las mentes
de los tres caminantes del aire salado de Urdaibai y les ayudó a
entender que las encinas también crecen al norte por que
así lo desean. Además laureles aromáticos,
madroños y cornejos daban cobijo a pinzones y petirrojos.
En la orilla de la ría un corro de andarrios se apoltronaba
entre los percebes, cangrejos, lapas y rocas. La espuma del mar al
batir cubría la belleza basta de su pelaje.
Cuando la mañana de aquel Viernes especial tocaba a su fin, los
tres caminantes comieron, bebieron, conversaron con un regusto
tranquilo a espuma, sal y limo.
Joseba Molinero
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