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ABRO LOS OJOS...
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Abro los ojos,
y el cielo aún está obscuro.
Una sombra se levanta de mi cama. Pero no puede ser, porque he dormido
solo.
Se gira y veo su rostro, y soy yo. Pero no puede ser, porque aún
sigo acostado.
Se sienta en el alféizar de la ventana, me mira y se disuelve en
la noche.
Ya nunca veré amanecer.
Roberto Sánchez
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