poemanía

 




Algunos aprendices de ruiseñor nos han maravillado con sus trinos. Y su eco reverbera en nuestros corazones, hasta el punto de confundirse con el ritmo de sus latidos. Si tú quieres compartir con los demás el pálpito íntimo de un corazón irrigado con el melódico canto de un aprendiz de ruiseñor, puedes hacerlo en este espacio de encuentro poético.

Envía ese poema o poemas que por cualquier razón han calado hondo en ti, indicando el nombre de su autor y, si es posible, el título del poemario al que pertenecen. Además, sería deseable que expusieras los motivos por los que nos haces partícipes de tus sentimientos a través del poema o poemas en cuestión (si se lo dedicas a alguien, si te recuerdan algún momento o alguna circunstancia especial, si te sugieren algo, o si simplemente te gustan porque te parecen bellos, por ejemplo), y también que relataras algunos pormenores referidos a los mismos (dónde los leíste por primera vez, qué sentiste, por qué te afectan, etc...)".

Todos los poemas recomendados, así como tus comentarios al respecto se expondrán en este enlace, en Poemanía, la revista de trinos y gorgeos de nuestro aula.






Poemas enviados por el propio autor el 13 de febrero de 2007 :




        ORACIÓN TRISTE

Dejarme navegar y navegarte,
altas las velas, el timón seguro,
amanecer tu luz, ya nunca oscuro
el rumbo de mi mar para arribarte

será tal vez soñar, tal vez soñarte,
tropezar y romperme contra un muro
sin rendijas su piedra, siempre duro,
escuchar tu silencio y no escucharte.

¿Dónde entonces se oculta la alegría?
¿Qué tristeza destruye la esperanza?
¡Tan solo al caminar sin caminarte!...

El tiempo se me muere y se diría
que busca sólo lo que no se alcanza:
dejarme navegar y navegarte.

                              Julio Manegat (28 mayo de 2000)


UN TODO  CUALQUIERA
                     A Blas de Otero , in memoriam

Un domingo cualquiera,
un yo cualquiera,
también pido la paz
y la palabra pido,
y digo sin querer
lo que tan queriendo digo.
De nuevo con tus versos
has venido de pronto
con los brazos abiertos
de gritos y silencios.
Has venido de pronto, Blas,
en tanta compañía de ti,
de tu pueblo y tus poemas
caídos como el agua
que verdea tus campos,
tu eterno en paz descanse
en la plena liturgia del amor
a todo lo que late
o ni siquiera existe,
tan lejos de nosotros
con nosotros mismos.
¿Qué pueden ya importarte
los versos que te envío
un domingo cualquiera
que no  me pertenece
ni en fecha ni en caminos?
Pero te los escribo ardiente
como fueron tus palabras
tan llenas de ti mismo
que pronto te vaciaron
y a la calle salieron
en busca de otras voces
convertidas en besos
de hambres y justicias.
¡Ay, Blas, cuánto desierto
anduviste tú solo
adivinando soles y azules
bajo las nubes grises!
Y hoy me reclama tu nombre,
un domingo cualquiera,
un yo cualquiera,
también pido la paz
y la palabra pido.


                                   Julio Manegat (Febrero de 2004)






Poemas inéditos del verano 2007 publicados por El Cultural (26-07-2007) :

TIEMPO DE LOS ANTIDOTOS

La edad me ha ido dejando
sin venenos, malgasté poco a poco
esa fortuna,
¿qué más puedo perder?

Es el tiempo ruin de los antídotos.
Materia devaluada, la aventura
disiente de ella misma y se aminora.
Ya sólo quedan rastros de peligros,
una zona prohibida apenas frecuentada,
la pauta exigua de lo inconfesable,
cierto amago fugaz de furia y desacato.

La osadía de bordes delictivos,
los deseos gastados
en los turbios dispendios de la infidelidad,
la virtud y su inercia depravada,
el amor desangrándose
como un licor impuro, la excitante
trastienda de la noche,
¿qué se hicieron?

Los años, ay de mí, me han desmentido.

José Manuel Caballero Bonald



                VIAJE

Una estación de andenes cansados.
De difícil crepúsculo.
Imagino que soy un pasajero
de los que bajan aquí. Imagino
que me estás esperando en otra casa.
Cuando el tiempo se acaba, soñar es desolado.
Estoy pensando en ti dentro de un tren
parado en la estación
de una ciudad en la que nunca he estado.

El tren arranca y pasa ante unas casas.
Detrás de una ventana iluminada
distingo un interior: es un instante
con la vaga sospecha de unas vidas.
Tampoco es mucho más lo que yo sé
de lo que hemos llamado nuestro amor.

Joan Margarit






Poemas enviados por Jon Rosáenz en el otoño de 2006 :





            ARTE POÉTICA

Dibujar nuevas islas en los mapas,
saber quedarse solo, y saber ir
junto con los demás, y preguntarse
qué debemos hacer con nuestras manos.

Escuchar al que es bueno y habla bien,
vivir la libertad con los amigos
y poder, para siempre, ser un hombre
que lleva un libro abierto entre las manos.

Buscar con mis palabras la palabra,
cansarme, levantarme y merecer
el pan, la sal y el agua de cada día,
y un justo bienestar para otras manos.

Ganar el buen amor y conversar,
tener silencios pulcros y leales,
y ser libres amando y presintiendo
que los hijos nos cogen de la mano.

Saber que no estoy solo en mi tristeza,
que tampoco estoy solo en la alegría
y que también a mí puede alcanzarme
la mala soledad sobre las manos.

Pensar prudentemente todo aquello
que ya no tendré tiempo de escribir,
tomar un libro nuevo y esperar
y envejecer con Dios entre las manos.

Enrique Badosa





                 ESTOY

La escalera del viento hacia Tu altura,
se deshace en mis pies, y yo no puedo
subir, oh Dios, y sin subir, me quedo
flotando como pluma a la ventura.

¿En dónde estoy, oh Dios, o en qué postura
pondré mi vida, o cómo desenredo
los hilos de mi ansia, y me hallo, y cedo
- a quién, mi Dios - mi peso de amargura?

Así impaciente, por llegar, me estiro,
y me rompo la vida, y más me afano,
y arriba voy volando en un suspiro...

Mas Tu cielo es un velo tan lejano...
¿En dónde estoy, mi Dios, en dónde? Y miro,
y estoy sobre la palma de Tu  mano.


Javier de Bengoechea




Y TODAVÍA OBRERO DE SENCILLAS PALABRAS...

Y todavía obrero de sencillas palabras,
muy claras, compañeras, con las que ser yo mismo
y también los demás, estas de cada día,
en las cuales de pronto puede resplandecer
la perfecta y solemne que me proteja siempre,
mientras persista el siempre en mi reloj.


Enrique Badosa




Poemas enviados por cierto profesor a la muerte de Angel González :

NUNCA

¿Hemos de sacrificar a la doncella en el altar de un dios que
reclama su sangre
para confirmar su poder sobre nosotros,
y comprobar que su grandeza
no sufre menoscabo con el paso del tiempo?
Rómpase la grandeza del dios en mil pedazos,
que la lepra corroa la púrpura que cubre
su soberbia figura,
y que su eternidad se reduzca a ceniza.
Y prevalezca la sencilla gracia
de la doncella viva, fugaz, irrepetible,
su sonrisa tan clara,
su alegría
que ella no sabe efímera, y por tanto
es en su ser presente inmortal un instante.


CAIDA

Y me vuelvo a caer desde mí mismo
al vacío,
a la nada.
¡Qué pirueta!
¿Desciendo o vuelo?
No lo sé.
Recibo
el golpe de rigor, y me incorporo.
Me toco para ver si hubo gran daño,
mas no me encuentro.
Mi cuerpo ¿dónde está?
Me duele sólo el alma.
Nada grave.


NO HAY PRISA

Deja que pasen estos días,
deja que pasen estos años,
y entretanto
agradece el regalo de la luz
del cielo de diciembre,
tan discreta
que es casi sólo transparencia,
no ofende y es muy bella.
Deja que pasen estos años,
son pocos ya,
sé paciente y espera
con la seguridad de que con ellos
habrá pasado
definitivamente todo.


Angel González


Poemas inéditos publicados por El Cultural 14-02-2008) :

ASÍ FUE

La vida hizo sus cuentas.
Desde entonces
el secreto que más he perseguido
es tu respiración.

Dos y dos son los labios en los labios,
la suma de los cuerpos y la queja.

Amada claridad.
Aunque perdí el sentido,
yo no podía equivocarme.

La vida hizo sus cuentas con los dedos,
y la piel un paisaje de multiplicaciones
al hundirse en la piel.

DEMOCRACIA DOS

Hay curvas en la vida de cualquiera
que son horas de angustia deshojada
y pétalos que caen desde el puente.
Yo me recuerdo así,
más amargo y más solo, más ajeno,
al ver pasar el agua.

El agua se llevó la dictadura.
La tinta del censor perdió sus ojos
y no pudo entender lo que estaba pasando.
Las esperanzas turbias
de los sacrificados y los fieles
olvidaron de pronto
el amarillo seco de las comisarías.
Ni miradas secretas, ni un papel
con horarios de misas
y nombres de malditos.

El agua se llevó, con los primeros viajes,
la luz de mis banderas comunistas.
También los sueños deben
poner los pies en tierra,
y los labios que dicen libertad,
justicia, socialismo,
no pueden llevar botas
para pisar silencios y cadáveres.

El agua moja hoy
los pies de los que viven con los ojos cerrados,
las tarjetas de crédito que miran a otra parte,
la mercancía sórdida de la felicidad,
la desesperación de Pasolini,
el cuerpo hipotecado de las noches sin alma,
la paz del que prefiere no saber,
ni preguntar, ni preguntarse.

Yo me recuerdo así,
más amargo y más frío.
Una vitalidad desesperada.

No son todos felices,
van a perder su rostro.
Pero nadie se para en la curva del puente
a ver pasar el agua.

COMPROMISO

He derramado el vino tantas veces
sobre el mantel. Los dedos de la aurora
saben por mí que el rojo
no es el color de una bandera,
sino el cielo que rompe
en el amanecer de la ciudad.

He llegado a la noche tantas veces
sin salir de mi noche. Los extraños
saben por mí que el negro
no es el color de una bandera,
sino lluvia y paredes quemadas por la lluvia,
la herida del carbón en la memoria.

Nunca estuvo en mi mano ser feliz.
Pero conozco la alegría. Muchos
saben por mí que el blanco
no es el color de una bandera,
sino el jazmín sereno de la mortalidad,
sus pétalos blindados por el sol de la tarde.

LOS HIJOS

Por favor, no hagan ruido
en la tranquilidad de este poema
escrito con la mano
del que cierra la puerta al apagar la luz.
Mis tres hijos acaban de dormirse.
Necesito el silencio para pensar
en ellos.

Colores indelebles en un lápiz
de trazado infantil,
vuelven a dibujar
–pero esta vez en serio–
un árbol, una casa, la memoria
de una luz encendida
con sabor a diciembre,
los cristales del miedo
y la ilusión del porvenir
bajo el sol de los días laborables.

Un hijo es el segundo país donde nacemos.
Con su falta de edad nos hace cumplir años
y nos devuelve
al mundo del reloj,
a las llamadas telefónicas
que son una raíz
en la orilla del tiempo.
Un hijo nos enseña a preguntar
con voz de agua
la verdad decisiva de la tierra.
Ser como juncos, y en amor flexibles,
no asegura respuestas
ni confirma el reposo.

Elisa, Irene, Mauro,
cada cual con su puerto y con su
lluvia,
luces cambiantes en el mismo río.
Nadie comente, por favor,
que acabo de escribirles un poema.
Los hijos crecen con espinas.
Nunca sé imaginar
lo que pueden decir de lo que digo,
lo que pueden pensar de lo que pienso,
lo que pueden hacer con lo que hago.

Luis García Montero





 
A menú anterior