El Monte Olimpo
(también transliterado como Olýmpos, que significa "el
luminoso") es la montaña más alta de Grecia y los
Balcanes junto al Musala de Bulgaria.
La mitología griega situaba en el Olimpo el hogar de los dioses
olímpicos, los principales dioses del panteón griego. Los
griegos creían que en él había construidas
mansiones de cristal en la que moraban los dioses. Es el análogo
espiritual del mundo superior en la cosmología chamánica.
Nosotros los mortales nos reunimos en el café La Granja pero
alrededor de este epicentro lúdico y literario existe un Olimpo
de silenciosas presencias que desde las alturas nos observan. Es
nuestro particular Olimpo ...
"El Broncineo Caballero"
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Diego López V
de Haro, falleció en 1310. Apodado el Intruso, hijo de
Diego
López III de Haro y Constanza de Bearne y hermano de Lope
Díaz III de Haro. Fue señor de Vizcaya entre los
años 1295 y 1310.
Monumento en Bilbao
Monumento en Bilbao
En 25 de abril de 1295, muere don Sancho el Bravo y
aprovechándose don Diego López de Haro V de los
disturbios de la Corte en la minoría de Fernando IV,
entró en Vizcaya y la tomó sin resistencia sin que se le
pudiera oponer la legítima señora de Vizcaya doña
María Díaz I de Haro, porque su marido el infante don
Juan se hallaba todavía en prisión desde la
catástrofe de Alfaro (donde muriese Lope Díaz III de
Haro).
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Al quedar libre el infante don Juan, intentó conseguir que le
devolvieran el Señorío y al no conseguirlo, se
unió a otros descontentos, para luchar contra la reina regente
María de Molina, que fue defendida por Diego López de
Haro V.
Don Diego López de Haro V convirtió la aldea
marítima de Bilbao en villa el 15 de junio de 1300.
En marzo de 1307, Diego López llega a un acuerdo con
María Díaz de Haro para que esta fuese su sucesora a su
muerte.
Como continuaba la guerra contra los moros, Diego López de Haro
V estaba acompañando al rey Fernando IV, durante el sitio de
Algeciras, donde Diego murió en los primeros días de
enero de 1310.
Como descendencia tuvo a Lópe Díaz, que tras la muerte de
su padre intentaría acceder al Señorío.
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En la mitología griega, Atenea
o Atena es la diosa de la
sabiduría, la estrategia y la guerra justa. Fue asociada por los
etruscos con su diosa Menrva, y posteriormente por los romanos con
Minerva. Atenea es atendida por una lechuza, lleva una coraza de piel
de cabra llamada égida que le dio su padre Zeus y es
acompañada por la diosa de la victoria, Niké. Atenea es
también considerada una mentora de héroes. Es una diosa
guerrera armada, nunca una niña, y siempre virgen (parthenos);
se decía de ella que había propiciado los progresos de
los hombres para dejar de ser infantiles. El Partenón de Atenas,
en Grecia, es su templo más famoso.
Nunca tuvo consortes ni amantes, aunque una vez Hefesto lo
intentó sin éxito. Heródoto y Platón la
identificaban erróneamente con la antigua diosa de los libios
(actuales bereberes) Neith, siendo quizás la deidad libia en su
origen mitológico próxima a la Nuth de los antiguos
egipcios. Según Platón, Atenea derivaba de A-θεο-νόα
(A-theo-noa) o H-θεο-νόα (E-theo-noa), que significa ‘la mente de Dios’.
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Foto por gentileza
de El Corte Inglés
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Foto por gentileza
de El Corte Inglés
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Atenea es retratada
clásicamente vistiendo una armadura completa con casco, llevando
una lanza y un escudo con la cabeza de la gorgona Medusa, el
Gorgoneion, engastada en él. Es en esta postura como estaba
representada en la famosa estatua de oro y marfil de Fidias,
actualmente perdida, en el Partenón de la Acrópolis
ateniense. Atenea es también representada frecuentemente con una
lechuza (símbolo de sabiduría) posada en uno de sus
hombros. La Atenea pensativa es un relieve fechado sobre el 460 adC que
representa a una Atenea cansada y emocionada.
En anteriores retratos arcaicos de Atenea en vasijas pintadas, la diosa
conserva grandes alas de pájaro.
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"De la protección del dios Mercurio pasó, sin apenas
mirar hacia arriba a su altar aéreo, bajo la égida de
Minerva, diosa de la sagacidad y de la sabiduría, también
atenta al nocturno paseo de este hombre que concitaba la mirada de las
féminas de la casta divina. Como Mercurio, esta diosa sustentaba
sus pies sobre el tejado de una central bancaria que tras diversas
fusiones habría de acabar llamándose Central Hispano.
Sobre su mano derecha sostenía a otra diosa minúscula en
representación pero de nombre grandilocuente, la diosa Victoria,
largamente emparentada con los humanos y su eterna sed de triunfos. El
olivo, sinónimo de paz, es el símbolo vegetal de Minerva
y la lechuza, ave de la noche, su estandarte animal."
Fragmento de "Calles de lluvia",
relato multiautor de LTLG |

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En la mitología romana Mercurio
(en latín Mercurius)
era un importante dios del comercio, hijo de Júpiter y de Maia
Maiestas. Su nombre está relacionado con la palabra latina merx
(‘mercancía’). En sus formas más primitivas parece haber
estado relacionado con la deidad etrusca Turms, pero la mayoría
de sus características y mitología fue tomada prestada
del dios griego análogo Hermes.
Mercurio ha inspirado el nombre de varias cosas en cierto número
de campos científicos, como el planeta Mercurio, el elemento
mercurio y la planta mercurial. La palabra «mercurial» se
usa comúnmente para aludir a algo o alguien errático,
volátil o inestable, y deriva de los rápidos vuelos de
Mercurio de un lugar a otro.
Mercurio
no aparecía entre los numena
di indigetes de la primitiva religión
romana. Más bien subsumió a los antiguos Dei Lucrii
cuando la religión
romana fue sincretizada con la griega durante la época de la
república
romana, sobre principios del siglo III adC. Desde el principio,
Mercurio tuvo esencialmente los mismos aspectos que Hermes, vistiendo
las talarias y el pétaso alados y llevando el caduceo, una vara
de
heraldo con dos serpientes entrelazadas que fue Apolo regaló a
Hermes.
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"Mientras caminaba
hacia la Gran Vía, y quizá implorando ayuda,
protección, José Félix dirigió su mirada
hacia el dios alado Mercurio, siempre allá arriba en un escorzo
infatigable vigilando el desaforado tránsito diurno de la gran
arteria de Bilbao; el ir y venir de las gentes que compraban en los
grandes almacenes y frecuentaban las sedes bancarias. Las columnas
robustas sostenían, el edificio hoy del viejo Banco Bilbao, el
tejado cuya esquina daba morada al grácil Mercurio, dios que
ahora también había fijado su vista en el hombre trajeado
que fumaba pensativo abandonado a su deambular dromómano en
busca de un alivio, una pequeña distracción."
Fragmento de "Calles
de lluvia", relato multiautor de LTLG
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Foto por
gentileza
de El Corte Inglés
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A menudo iba
acompañado de un gallo, el heraldo del nuevo día, una
cabra o cordero simbolizando la fertilidad y una tortuga en
alusión a la legendaria invención de Mercurio de la lira
a partir de un caparazón.
Como Hermes, era también un mensajero de los dioses y un dios
del comercio, particularmente del comercio del de cereal. Mercurio
también era considerado un dios de la abundancia y del
éxito comercial, particularmente en la Galia. También
fue, como Hermes, el psicopompo de los romanos, llevando las armas de
los recién fallecidos al más allá. Además,
Ovidio escribió que Mercurio llevaba los sueños de Morfeo
desde el valle de Somnus a los humanos que dormían.[1]
El templo de Mercurio en el Circo Máximo, entre el Aventino y el
Palatino, se construyó en 495 adC. Este era un lugar adecuado
para adorarle como un veloz dios del comercio y el viaje debido a que
era un importante centro de comercio además de una pista de
carreras. Debido a que se erigía entre el baluarte plebeyo del
Aventino y el centro patricio del Palatino, enfatizaba también
el papel de Mercurio como mediador.
Debido a que Mercurio no fue una de las deidades primitivas que
sobrevivieron a la monarquía romana, no tenía asignado un
flamen (sacerdote), pero sí tenía una importante fiesta
el 15 de mayo, la Mercuralia. Durante la misma, los mercaderes rociaban
agua de su pozo sagrado cerca de la Porta Capena sobre sus cabezas.
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"Atenea, en su hornacina de piedra, lanzó sus buenos
deseos al hombre en efigie que la miraba parado al pie del palacio; no
podía sino velarlo pues sus poderes, de otro tiempo y de otra
magnitud, habían quedado muertos como pregonó aquel
filósofo alemán llamado Friedich. Por ser diosa y por ser
mujer, no le pasó desapercibida la sombra que se agitaba en la
adoquinada calle trasera del edificio foral. Una auténtica
sombra de enigmática intuición. La efigie del caballero,
traje príncipe de gales y camisa corbatera ambos gris
confederado bajo flamante gabardina forrada por dentro, comenzó
a caminar por la calle desierta hacia Atenea y la diosa
agradecía los ecos de las pisadas en el enorme silencio y la
soledad de la noche. Se sentía acompañada en su atalaya."
Fragmento de "Calles de lluvia"
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"Pasos y
golpes de la punta del paraguas en el pavimento. Al llegar frente a la
hornacina, José Félix miró a la mujer armada que
había turbado de algún
modo sus sueños infantiles, sus timoratos sueños
infantiles. Llenos los
ojos de agradecimiento por su presencia tan antigua, viró hacia
la
calle Gardoqui, penumbrosa de día y de noche tranquila,
sólo avivada
por los sonidos de algún bar frecuentado por oficinistas,
ejecutivos y
gente de paso que busca descubrir la ciudad y sus calles, entre
pequeños recados y compras más serias."
Fragmento de "Calles de lluvia"
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El Ave Fénix o Phoenicoperus
como lo conocían los griegos, es un ave
mitológica del tamaño de un águila, de plumaje
rojo, anaranjado y amarillo incandescente, de fuerte pico y garras. Su
hipotética distribución, según algunos mitos,
comprendía la zona del Oriente Medio y la India, llegando hasta
el norte de África.
Cuenta la leyenda que el Fénix vivía en el Jardín
del Paraíso, y estaba anidando en el rosal. Cuando Adán y
Eva fueron expulsados, de la espada del ángel que los
desterró saltó una chispa y prendió el nido del
Fénix, haciendo que ardieran éste y su inquilino. Por ser
la única bestia que se había negado a probar la fruta del
paraíso, se le concedieron varios dones, siendo el más
destacado la inmortalidad a través de la capacidad de renacer de
sus cenizas. Cuando le llegaba la hora de morir, hacía un nido
de especias y hierbas aromáticas, ponía un único
huevo, que empollaba durante tres días, y al tercer día
ardía, no se sabe si por el fuego que él mismo provocaba
o por causa accidental. El Fénix se quemaba por completo y, al
reducirse a cenizas, resurgía del huevo el mismo ave
Fénix, siempre única y eterna. Esto ocurría cada
500 años. Según el mito, se le añaden otros dones,
como el de la virtud de que sus lágrimas fueran curativas.
Según la mitología china, el fénix es una criatura
con cuello de serpiente, el cuerpo de un pez y la parte trasera de
tortuga.
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En la
iconografía cristiana, el Ave
Fénix, como símbolo de la resurrección
representa a Jesucristo.
Ya se cree que los Fénix están representando el fuego y
que los labradores le pedían en épocas de frío que
hiciera brillar el sol, para que así sus cosechas nacieran.
Para el hombre, el Fénix ha sido un símbolo del
renacimiento físico y espiritual, del poder del fuego, de la
purificación, el principio femenino chino o yin y la
inmortalidad. Este animal renace de sus cenizas demostrando su fuerza
interior. Para los griegos y egipcios, era considerado un
semidiós (en Egipto, concretamente simbolizaba al astro Sol, que
muere por la noche y renace por la mañana).
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