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efemérides
en la granja
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Aniversario de la centésima
tertulia (junio de 2006)
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El 13 de mayo de 2006
celebramos una
rueda
de prensa en el café la Granja para presentar el número 0
de nuestra
revista Barataria. Queríamos festejar la tertulia número
cien que tuvo
lugar el mes de junio siguiente.
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Rueda de prensa en la Granja |
Nuestra revista
nació
aprovechando la efémeride y en ella dabamos
cuenta de las cien obras tratadas a lo largo de nueve años
(nuestra pequeña gran historia comenzó en mayo de 1997).
La
propuesta número cien la hizo nuestro egregio Profesor y fue
"Las
inquietudes de Shanti Andia" de Pío Baroja.
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"Las inquietudes de
Shanti Andia" (Edición de 1920) |
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La tertulia
centésima tuvo lugar el sábado 17 de junio de 2006 : ese
día
comenzó con una presentación matutina de nuestro
número
0 de Barataria. Se acercó, a lo largo de la mañana,
bastante gente a pedir ejemplares de nuestra
revista. El café La Granja nos obsequió con una comida de
celebración regada por buen vino y coronada por una deliciosa
tarta y el preceptivo cava para brindar.
Nuestros
más sinceros agradecimientos al café La Granja,
a Marino Montero, sus relaciones públicas, y todos sus empleados
que nos atienden mes tras mes, año tras año.
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Imagen de la
centésima tertulia, dedicada a don Pío Baroja y su
inefable
Shanti Andia.
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Décimo Aniversario de la
Tertulia de la Granja (mayo de 2007)
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En este
año 2007 cumplimos una década
ininterrrumpida de tertulias en el café de La Granja. Lo
celebramos
leyendo fragmentos al azar fragmentos de las diez obras que hemos
venido elegiendo
como mejores de cada curso tertuliano. La celebración
marcó el comienzo de la tertulia del 19 de mayo de 2007; se
abrió la reunión con la lectura en recuerdo de la primera
obra distinguida en nuestra tertulia : "Hernán Cortés" de
Salvador Madariaga. En su defecto, nuestro Sr. Presidente leyó
un
párrafo de "Historia verdadera de
la conquista de la Nueva España" de Bernal Díaz del
Castillo que se detalla en las siguientes líneas :
"Pues ya
que estábamos
retraídos cerca de nuestros aposentos, pasada ya una grande obra
donde había mucha agua y no nos podían alcanzar las
flechas y vara y piedra, y estando el Sandoval y el Francisco de Lugo y
Andrés de Tapia con Pedro de Alvarado contando a cada uno lo que
le había acaescido y lo que Cortés mandaba, tornó
a sonar el atambor de Huichilobos y otros muchos atabalejos, y
caracoles y cornetas y otras como trompas, y todo el sonido dellas
espantable y triste; y miramos arriba al alto cu donde los
tañían, y vimos que llevaban por fuerza las gradas arriba
a rempujones y bofetadas y palos a nuestros compañeros que
habían tomado en la derrota que le dieron a Cortés, que
los llevaban a sacrificar; y desque ya los tenían arriba en una
placeta que se hacía en el adoratorio, donde estaban sus
malditos ídolos, vimos que a muchos dellos les ponían
plumajes en las cabezas, y con unos como aventadores les hacían
bailar delante del Huichilobos, y desque habían bailado, luego
les ponían de espaldas encima de unas piedras, algo delgadas,
que tenían hechas para sacrificar, y con unos navajones de
pedernal les aserraban por los pechos y les sacaban los corazones
bullendo, y se los ofrecían a sus ídolos que allí
presentes tenían, y a los cuerpos dábanles con los pies
por las gradas abajo; y estaban aguardando otros indios carniceros que
les cortaban brazos y pies, y las caras desollaban y las adobaban como
cueros de guantes, y con sus barbas las guardaban para hacer fiestas
con ellas cuando hacían borracheras, y se comían las
carnes con chilmole y desta forma sacrificaron a todos los
demás, y les comieron las piernas y brazos, y los corazones y
sangre ofrecían a sus ídolos, como dicho tengo, y los
cuerpos, que eran las barrigas y pies echaban a los tigres e leones que
tenían en la casa de las alimañas, como dicho tengo en el
capítulo atrás dello platicado. Pues desque aquellas
crueldades vimos todos los de nuestro real y Pedro de Alvarado y
Gonzalo de Sandoval y todos los demás capitanes, miren los
curiosos que esto leyeren qué lástimas teníamos
dellos, y decíamos entre nosotros : "¡oh, gracias a Dios
que no me llevaron a mí hoy a sacrificar!", y también
tengan atención que no estábamos lejos dellos y no les
podíamos remediar, y antes rogabamos a Dios que nos guardare de
tan crudelísima muerte."
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Después
le toco el turno al
libro seleccionado del curso 1997-1998, "El hombre en busca de sentido"
de
Viktor E. Frankl :
"Lo que de verdad necesitamos
es un cambio radical
en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros
mismos y, después, enseñar a los desesperados que en
realidad no
importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo
de nosotros. tenemos que dejar de hacernos preguntas sobre el
significado de la vida y, en vez de ello, pensar en nosotros como en
seres a quienes la vida les inquiriera continua e incesantemente.
Nuestra contestación tiene que estar hecha no de palabras ni
tampoco de
mediatación, sino de una conducta y una actuación rectas.
En última
instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la
respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las
tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo..." |

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También nos
visitó esa tarde Edgar Allan Poe y por boca de nuestro
Secretario revivió su obra "Aventuras de Arthur Gordon Pym :
"Tardamos
aproximadamente tres horas en llegar al pueblo, que se encontraba a
más de tres millas al interior. Durante la marcha, el
destacamento de Too-wit se reforzaba por instantes con pequeños
grupos de seis a siete individuos que, desembocando por diferentes
recodos del camino, se reunían a nosotros como por azar.
Había en esto algo sistemático, y yo no pude menos que
sentir cierta desconfianza que comuniqué al capitán Guy.
Pero ya era demasiado tarde para volver sobre nuestros pasos, y
convinimos en que la mejor manera de prevenir peligros era mostrar la
mayor confianza en la lealtad de Too-wit. Continuamos, pues, sin quitar
ojo de los salvajes, no permitiéndoles que se separasen de
nosotros.
Después de cruzar un barranco escarpado, llegamos a un grupo de
habitaciones que nos dijeron ser el único existente en la isla.
Al llegar a la vista del pueblo, el jefe lanzó un grito,
repitiendo varias veces Klock-Klock, que supusimos era el nombre de la
población, o tal vez un nombre genérico aplicado a todas
las poblaciones."
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El Profesor
siguió el camino con ritmo firme y voz emocionada pues se
trataba de su propuesta del año 2001-2002, la vencedora
de ese curso fue "La taberna" de Emile Zola :
"Cadet-Cassis, con su labia
parisina, decía que Gueule-d'Or era un bobalicón. Estaba
bien que no empinara el codo ni hablara a las pelanduscas por las
esquinas; pero un hombre tenía que ser un hombre, de lo
contrario más valía llevar enaguas. Se burlaba de
él delante de Gervaise, acuśandole de echar miradas a todas las
mujeres del barrio; y el grandullón de Goujet se defendía
violentamente. Pero, de todos modos, los dos obreros eran amigos. Se
llamaban por la mañana, salían juntos y bebían a
veces un vaso de cerveza antes de volver al trabajo. Desde la cena del
bautizo se tuteaban, porque decir siempre "usted" alarga las frases."
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Y llegó el
turno del curso 2002-2003 y su obra ganadora "Parte de una historia" de
Ignacio Aldecoa. Nuestro más joven contertulio leyó para
todos una fragmento aúreo de esta obra :
"Racimos de arañas
febriles, de cuerpo pequeño y largas patas tiritantes, manchan
como la humedad los ángulos de la habitación enjabelgada.
Estoy echado sobre la cama, son las tres de la tarde y se han acabado
los cohetes.
Por las rendijas de las
contraventanas penetra una luz agria, pero la alcoba está
iluminada por otra luz, licorosa y perlina, en la que mis ojos, como
lentos peces de acuario, se mueven sin curiosidad. Esta hora de la
siesta - no dormida - ha apagado el deseo de unirme a los
náufragos y su séquito, y estoy lejos de aquí y de
mí, en otra parte - aunque no podría precisar qué
lugar - y en aquel que fui entonces.
Acumulos extraños datos
- sorprendiéndome al cabo de que la mayoría sean
nímios y pertenecientes a distintas épocas de mi vida -,
instauro objetos significativos, que me abruman con su permanencia en
el tiempo, y logro armonizar esta desmayada realidad con el emanante
recuerdo que, turbio y cálido, me anega."
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El inmortal
"Alfanhuí" de Rafael Sánchez Ferlosio también tuvo
su homenaje por haber salido vencedor en el curso 2004:
"Por la tierra de secano hacia
la montaña, canta la pájara antigua. Sobre las tapias de
pizarra, junto a la blanca carretera, grazna, mece su cola. Al
carretero le roba el pan y le despinta el carro. Grita a los cereales
cuando les llega el madurar. Con su voz, seca los campos para la siega.
Las otras aves se van, pero las urracas se quedan siempre, antiguas
pájaras de la meseta. Ellas delatan crímenes nefastos y
piden venganza para las violadas. Reconocen a los hombres y saben mucho
de Geografía. Saben cuanto pasa en los pueblos y los caminos.
Dicen los nombres de los muertos y los recuerdan sin pena. Unas a otras
se narran las historias de los muertos. Camino del camposanto los ven
pasar y se quedan sobre una piedra, narrándose cuanto vieron.
Viven los hombres y envejecen; las urracas hablan y miran. Las urracas
sin pena no creen en las esperanza; ellas narran tan sólo, y
repiten los nombres de los muertos. Los muertos van a lo largo del
camino de la montaña. Van, como nublados sin lluvia, a trasponer
las oscuras cimas. En la voz de las pájaras sus nombres quedan."
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Le tocó el
turno a la "Hoja roja" de Miguel Delibes, mejor libro del curso
2004-2005 y el fragmento que se escuchó en el café de La
Granja fue éste :
"Durante medio año, el
Picaza ahorró en el pueblo para dilapidar en la ciudad. A la
Desi la tenía deslumbrada. Cuando no era un anillo de acero
inoxidable, era una fotografía al minuto o seis reales de pipas.
El Picaza no miraba la peseta. Los domingos salía en
rebaño del cuartel con sus colegas y si pasaba una
señorita de buen ver rebuznaban todos a coro. De dos a tres,
para hacer tiempo, se iban todos en manada a ver las piernas y los
pechos del escaparate de Leo Conde. Las piernas eran de madera, pero
tenían ligas y todo y estaban bien conformadas, al igual que los
pechos que se ocultaban pudorosamente tras un sujetador de seda que
transparentaba. Si iba con la Desi y con la Marce y el cabo Argimiro,
se reprimía, limitándose a darle a éste con el
codo y a reír por lo bajo, pero si iba con sus colegas
decía, después de suspirar teatralmente:
-¡A... ay, madre! De uan
tía así no em separaba en todo el tiempo de la mili.
Decía Demetrio, el de
Villacabrales, con la mirada empañada :
-Está buena, ¿eh?
-V... vaya si está."
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En el curso 2005-2006
mereció el premio a la propuesta del año "La perla" de
John Steinbeck y la homenajeamos con este fragmento :
"Mucho después de que
Juan Tomás se hubiese marchado, Kino seguía meditabundo.
Le invadía el letargo gris de la desesperanza. Veía todos
los caminos cerrados y en su cabeza sonaba la música enemiga..
Sus sentidos hervían, pero su cerebro se hacía
copartícipe de la vida externa a él, don particular de su
raza. Así, oía todos los rumores de la noche, las quejas
soñolientas de los pájaros, la agonía pasional de
los gatos, el avance y retroceso de las olas sobre la playa y el
susurro del viento. A su olfato llegaba el punzante olor de los
residuos vegetales abandonados por la marea. Ante sus ojos tenía
incesantemente el dibujo del colchón recogiendo la luz de un
leño que chisporroteaba.
Juana lo miraba preocupada,
pero sabiendo que le ayudaría más guardando slencio y
permaneciendo cerca de él. Y aunque ella también
oía la Canción del Mal, luchaba contra ella canturreando
la melodía familiar, tranqullizadora, cálida y
poética. Tenía a Coyotito en los brazos y a él le
cantaba para ahuyentar el mal, y su voz casi derrotada del negro
espíritu."
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El último
párrafo leído correspondió a la obra sobre la que
versó la centésima tertulia y que fue laureada con la
distinción de mejor libro del curso 2006-2007. Ahí va el
fragmento :
"Ya no pensaba en islas
desiertas ni en hacer de Robinsón; mis ideales eran otros.
Quería transformarme en un andaluz flamenco, en un andaluz
agitanado. entrar en una de esas tiendas de montañés a
tomar pescado frito y a beber vino blanco, ver cómo patea sobre
una mesa una muchachita pálida y expresiva, con ojera moradas y
piel de color de lagarto; tener el gran placer de estar palmoteando una
noche entera, mientras un galafate del muelle canta una canción
de la "maresita" muerta y el "simerterio"; oír a un chatillo,
con los tufos sobre las orejas y el calañés hacia la
nariz, rasgueando la guitarra; ver a un hombre gordo
contoneándose marcando el trasero y moviendo las nalguitas, y
hacer el coro a la gente que grita :"¡Olé!" y "¡Ay
tu mare!" y "¡Ezo é!"; ésas eran mis aspiraciones.
Hoy no puedo soportar a la
gente que juega con las caderas y con el vocablo; me parece que una
persona que ve en las palabras no su significado sino su sonido,
está más cerca de ser un idiota; pero entonces no lo
creía así. Cada edad tiene sus preocupaciones.
Entonces hubiera querido ser
tan discreto, tan conceptuoso y tan alambicado como todos mis
conocimientos."
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